Por Alexander Pushkin

Érase una vez un pescador anciano que vivía con su también anciana esposa en una triste y pobre cabaña junto al mar. Durante treinta y tres años el anciano se dedicó a pescar con una red y su mujer hilaba y tejía. Eran muy pero que muy pobres.

Un día, se fue a pescar y volvió con la red llena de barro y algas.

La siguiente vez, su red se llenó de hierbas del mar. Pero la tercera vez pescó un pequeño pececito.

Pero no era un pececito normal, era dorado. De repente, el pez le dijo con voz humana:

Por Elizabeth Álvarez

Sale el sol temprano en la mañana, se limpia los ojos y estira sus rayos. El Girasol es el primero en levantar la cara hacia él sin darle los buenos días.

En el jardín una rosa llenita de rocío se vuelve a un lado y al otro, esperando que algunos de sus rayos sequen la humedad de tanto rocío y le saluda. Las vicarias, sencillas y alegres le sonríen. El sol extiende sus rayos y las acaricia como un buen padre.

—Qué generoso es nuestro rey, no se da importancia y nos envía para todos por igual sus rayos vitales.

 Por Yulkie Sánchez

Una gata gamitróquima
gomitraba la gamusa
troquimaba la gomítera
con gomítero y trimáquero.
Con gomítero y trimáquero
troquimaba la gomítera
gomitraba la gamusa
una gata gamitróquima. 

Por Elizabeth Álvarez

Pues sí, el Cucharón y la Espumadera no vivieron siempre juntos en la cocina. Resulta que en muchos países acostumbraban a cocinar sus caldos, sopas o potajes, por eso inventaron el Cucharón; este vivió mucho tiempo sin casarse sumergiéndose constantemente como un buzo en ollas hirvientes en lujosos palacios o en chozas humildes. Trabajaba y trabajaba, se aburría. Tenía una vida de rutina.

Un día los hombres conocieron el arroz. Usaban el Cucharón para removerlo, este con su cabeza bola se atacaba y subía lleno de tortas.

Por Eduardo Benet

Moviendo los brazos
bogan los remeros,
mientras en la ropa
Guía el timonel.
Y surcan las olas
los botes ligeros,
jirones de espuma
dejando en tropel.

Así cuando suben,
y así cuando bajan,
los remos parecen
alas al volar
y es que los remeros
con ardor trabajan
por ver quién consigue
primero llegar.

Por Hilda Alicia Mas

Piripantú era un duende que vivía en una ceiba que estaba en una de las orillas del río Arimao. Siempre jugaba con los rayos del sol entre las flores silvestres y terminaba sacudiendo los gajos de la mariposa para que las gotas de rocío cayeran sobre él como una refrescante lluvia. Se alimentaba de huevos de codorniz, zunzunes, gorriones y lagartijas.

                   Perla gentil que te meces
                    en balcón de litoral.

                          María R. Guardado

Por Ana T. Guillemí

Por la ranura del día
se cuela el sol. En la tarde
el puerto de Jagua arde:
hay incendio en la bahía.

Le digo a la niña mía
que el sol es una medalla
y el amor una atarraya
para envolver la ilusión;
que el tiempo es un camarón
haciendo nido en mi playa.

Por Olga L. Martínez 

             A Diana

Es madrugada y el frío empieza a calarle los huesos. El descanso de una escalera en un edificio abandonado le sirve de refugio ante tanto miedo. «¿Por qué se marchó si lo quiero tanto?», piensa abatida, mientras se acomoda.

Se sienta en el primer peldaño, toma un poco de agua, y de su bolso saca a Trueno, su muñeco preferido: un perro de peluche, regalo de su madre antes de partir;

Por Elizabeth Álvarez

Las estrellas nacieron en el firmamento para adornar las oscuras noches, cabalgar por el espacio y desplegar sus cabellos de plata. Todos menos una, que nunca tuvo brillo y sufría al ver la burla de sus hermanas.

—¿Qué haces tú, estrella sin luz? A ti nadie te ve en la tierra ni en el mar.

Y Estrellita a escondidas lloraba su amarga desventura.

               Al teatro Tomás Terry

Por Geisy E. Rojas

Cuando un velo de silencio
engalana la ciudad,
si escuchas atentamente
el telón te contará:
historias de Venus Negra,
marilopes de verdad,
tropel de locos piratas,
furia de la soledad.
Por sus altos ventanales
mil personajes verás:
Jagua coronando peces