Por Federico García Lorca

Asesinado por el cielo.
Entre las formas que van hacia la sierpe
y las formas que buscan el cristal,
dejaré crecer mis cabellos.
Con el árbol de muñones que no canta
y el niño con el blanco rostro de huevo.
Con los animalitos de cabeza rota
y el agua harapienta de los pies secos.
Con todo lo que tiene cansancio sordomudo
y mariposa ahogada en el tintero.
Tropezando con mi rostro distinto de cada día.
¡Asesinado por el cielo!

 

Por Ana Leticia Frómeta Blanco

 ¿Te imaginas lo que imagino?
¿Qué imaginas tú?
Imágenes de un cielo azul.

Imágenes de mi poblado,
pueblo chiquito de sol.
Poblado, espacio pequeño:
Imágenes del corazón.

Bueno es mi pobladito,
niño lindo y juguetón
que siempre anda contento:
Imágenes del amor.

¿Te imaginas lo que imagino?
¿Qué imaginas tú?
Imágenes de un cielo azul.


Por Luisa Futoranski

Anacrónico
El sol
En las mariposas
Invernales
En el aroma
Inefable de las fresias

Humedad porteña
gris
A más no poder
casas bajas, rejas en las ventanas, plantas floridas
las comunardas, de toda la vida,
felicidad del hogar.

Por John Lennon

Las palabras vuelan como
lluvia interminable en un vaso de papel.
Se deslizan mientras pasan.
Se escabullen por el universo.

Charcos de tristeza, olas de alegría
están a la deriva a través de mi mente abierta
poseyéndome y acariciándome.

Jai guru deva om
Nada va a cambiar mi mundo.
Nada va a cambiar mi mundo.
Nada va a cambiar mi mundo.
Nada va a cambiar mi mundo.

 

Por Erika Estrada

Del poeta, libro abierto… 
soy cúmulo de palabras, 
que el versador así labra:  
soy un lapicero incierto; 
soy libro que al descubierto 
muestra sus abreviaturas, 
como nota en partituras, 
como del lápiz, la goma:
yo también soy punto y coma, 
yo también soy escritura.

Por Francesco Petrarca

VI

Tan descarriado está mi desvarío
detrás de la que en fuga se revela,
y de lazos de Amor ligera vuela,
delante del pausado correr mío;

que, cuanto más en adiestrar porfío,
menos presta oído y se cautela;
ni me valen con él brida y espuela,
que es natural de Amor tal terco brío.

Y así después que el freno a sí recoge,
yo quedo a su merced y en fiera culpa,
que mal que me pese, a muerte me transporta;

por ir solo al laurel, donde se coge
acerbo fruto, cual amarga pulpa
la herida aflige más que la conforta.

 

Por Antón Chéjov

La sala del consejero civil Scharamikin está envuelta en una grata media luz. Una gran lámpara de bronce, de pantalla verde, imprime un tinte verdoso, de un tono noche ucraniana, a las paredes, a los muebles, a los rostros. En la chimenea, de cuando en cuando, se enciende súbitamente un leño a medio consumir, inundando por un instante los rostros con reflejos de incendio. Esto no perjudica, sin embargo, al conjunto armónico de luces. Se mantiene lo que llaman los pintores, el tono general...

            Ante la chimenea, en la postura del hombre que acaba de comer, hállase sentado el propio Scharamikin, señor de edad, grises patillas de funcionario y tímidos ojos azules.

 

 Por Rolando Revagliatti

 José Muchnik nació el 2 de noviembre de 1945 en Buenos Aires, capital de la República Argentina, y reside en Épinay-sur-Orge, Francia. En 1973 obtiene su título de Ingeniero Químico, por la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires. En 1981 se gradúa de Doctor en Antropología, por l’Ecole d’Hautes Etudes en Sciences Sociales de París. Presentó fotografías suyas en las siguientes exposiciones (1990-2007): “Le pain des autres”, “Amazonia he visto”, “Mamáfrika” y “Amazonie, rêves et réalités”. Fue, entre otras actividades,

Por Gustavo A. Bécquer

Yo no sé si esto es una historia que parece cuento o un cuento que parece historia; lo que puedo decir es que en su fondo hay una verdad, una verdad muy triste, de la que acaso yo seré uno de los últimos en aprovecharme, dadas mis condiciones de imaginación.

Otro, con esta idea, tal vez hubiera hecho un tomo de filosofía lacrimosa; yo he escrito esta leyenda que, a los que nada vean en su fondo, al menos podrá entretenerles un rato.

 

Por Charles Baudelaire

La natura es un templo donde vivos pilares
dejan salir a veces sus confusas palabras;
por allí pasa el hombre entre bosques de símbolos
que lo observan atentos con familiar mirada.

Como muy largos ecos de lejos confundidos
en una tenebrosa y profunda unidad,
vasta como la noche, como la claridad,
perfumes y colores y sones se responden.