Por Mirel Alberto Feri Martínez

El tirón de la puerta da la orden de que puede levantarse del piso. Se sienta en el viejo sillón de la sala y es cuando planea todo. El cuchillo quedará afilado, él caminará dando tumbos como cada noche hasta el dormitorio en busca de sexo. Pero… ¡Hoy no! Ella le clavará la cortante arma en el pecho, en el cuello y el resto será opcional; entonces recuperará su vida.

Es de tarde, siente las llaves de su esposo, camina borracho hasta la cocina, la coge por el cuello y le dice al oído: “Deja lo que estás haciendo y ve al cuarto”.

Al otro día, el tirón de la puerta le indica que puede levantarse.

 

Por Iruan L. Cordero

Música de esperanza en Si bemol,
y las piernas de la continuidad, por la casa,
afuera una ciudad que desconozco,
adentro, una ventana que da a un patio
donde el sol se entretiene
en repartir sus trapos amarillos.
En lo alto de una repisa
una vela encendida debajo de una estampilla,
el humo del tabaco

 

Por Jorge L. Lanza

“Dante no estuvo en presidio. Si hubiera sentido desplomarse sobre su cerebro las bóvedas oscuras de aquel tormento de la vida, hubiera desistido de pintar su infierno”.

José Martí, El presidio político en Cuba

Por Lidia C. Hernández

El primer beso fue un leve roce. Labios que se reconocen, aliento primordial. Lía respira, absorbe, paladea, se detiene, apoya su boca entre la nariz y el comienzo de los labios.  Prevé el futuro deleite.

Él  era puerta de entrada o salida, galaxia, pleamar, entrega. Los labios de Lia se abren, toma para sí el labio superior, se deja llevar por aquella boca pequeña que se funde a la suya como si fuera parte de sí, parte de lo predestinado.

 

Por Osvaldo S. Reina Rodríguez

—He tenido un sueño malísimo —dijo Julia abriendo los ojos.
    —No me digas. ¿Qué soñaste?
 Julia quedó pensativa y extrañada, mirando detenidamente al hombre que tenía delante. Era primera vez que lo veía.
  —Por supuesto. Soñé que había muerto —respondió mientras se ponía de pie—. ¿Quién eres?
  —Ahora lo sabrás, pero lo que tuviste no fue un sueño —respondió el hombre mientras era envuelto por una llama deslumbradora.

 

Por Mailin García

Surqué un mar de soledades
en un barco de lujuria,
mas no conté con la furia
de las grandes tempestades.
Olas de dificultades
anunciaban la derrota.
Y en esa ciudad remota
donde mi esencia fue rea,
cuando bajó la marea
ya mi alma estaba rota.

 

Por Katia Chávez

El miedo viene a ser la condición del cerebro que enfunda experiencias cotidianas, promueve el acto de morir. Hace romper el equilibrio con la naturaleza…

Diariamente escalamos la montaña del dolor, donde no se admite la fatiga. El paso puede ser lento, pero nunca desistir. En el viaje transitamos por una dimensión oscura nombrada “fuerza”. La llamo oscura por la infinitud que se distiende en su umbral. Destella, se apaga, enciende al destino. Como una guirnalda en navidad para anunciar un nuevo año.

 

Por Joel Garnier

              …is a warm gun, mama.

                           John Lennon

Vivir será la manzana
sin cabeza, sin tu boca,
recordarte en cada roca
que la demencia desgrana.
Vivir cuando el cuerpo emana
de la tierra, vasta ofrenda,
será encontrar la leyenda
de “Happines —canción sabia—
“is a warm gun”, y es mi rabia
quien la busca en otra senda.

 

Por Alejo Carpentier

          Y caminaba, semejante a la noche.

                ILIADA. –Canto I

I
El mar empezaba a verdecer entre los promontorios todavía en sombras, cuando la caracola del vigía anunció las cincuenta naves negras que nos enviaba el Rey Agamenón. Al oír la señal, los que esperaban desde hacía tantos días

 

Por Olga L. Martínez

La triste soledad de tu mirada
ve caer una flor en tus arrugas,
y se me va el color y te me fugas
por la grieta del día, acorralada.   

Mas… se me vuelve la distancia espada
cuando no hay mariposas, solo orugas.
Entre tanto, tus lágrimas enjugas,
y esperas el milagro de algún hada. 

¿No escuchas, madre, cómo canta el río?
¿Cómo las aves trinan con más brío, 
y la orquídea del patio reverdece? 

A tus recuerdos, madre, ponles alas,
regálate la infancia. Pon bengalas
y verás que el dolor desaparece.