Por Ulices Trujillo


Tengo un soneto de un día, ya olvidado
Y este par de condones aburridos,
Un polvo de nariz sin alaridos
La cuchara, el sopón desesperado.

La libertad del preso encarcelado,
Un maratón de dioses desvalidos,
La oscuridad que alumbra mis latidos,
Pasos largos de avance a ningún lado.

Blancas noches que muerden mi retina
Entre la paz de sueños que desvelan.
La voz oscura de un alma cristalina,


El alto vuelo de aves que no vuelan.
Un sol esconde luz en la neblina
Falsos silencios que la voz rebelan.

Por Anabell Pi

            de una tarde cuando llueve…

                     Luis Gómez


De una tarde cuando llueve
digo huérfana y soy fruto
del instante disoluto
en que un pálpito remueve
la humedad, el parasceve
que me impongo por atea.
Nunca ungí con la marea,
soy el embrión de la lluvia.
(Padre no está)
¿Quién diluvia?
Y si es Dios que no me vea

Por José R. Calatayud

 

Con cuánto amor, cuánto brío
Tú amaneces, Damuji.
No sabes que para mí
Eres mucho más que un río.
En tus aguas yo confío
Porque a tu lado nací.
De tus aguas yo bebí
Desde que vine a este mundo,
Y siento un temblor profundo
Si me voy lejos de ti. 

 

 

Por Olivia de la Caridad Casanova

 

Vierto, desalojo el vaso de:
una gota carcomida
las noches con ofensivas de incertidumbres y espantos
ganas en sus desenfados imposibles
las madejas
crepúsculos que celebran donde juicios se encapuchan
necrópolis de preguntas y cancerosas respuestas
lanzo ardides
confesiones al homicida… ¡cobarde!
Pompeya —por el desastre—
cordel sin el papalote
arañas que me descosen los pavimentos remotos
sillón en post de abandonos (meciéndose)
furibundos extractores de peculios lloviznándome los ojos
destierro —para erigirme— un talud en el naciente
simulaciones

Por Olga Lidia Martínez

 

Necesito un mar para aplacar
mis olas
y hechizar
los arrecifes.

Una parte de mí destila sal junto
a la arena.

No seré más un torbellino.
Me convertiré en espuma
solo
para volver a ser gota.

¿Dónde quedó la brisa?
¿A dónde voló el pájaro chillón?

A lo lejos la línea inalcanzable
me recuerda el beso.

Por Orlando Pérez Torranzo

 

La lengua toca cielo en otra boca
confundiendo la vida en su desvelo
entre sueños se torna medio loca
palpa surcos de piel, palpa otro cielo

la lengua por debajo de un pañuelo
ceñido a una cintura que provoca.
Y vive de los sueños por el pelo
siente miedo ser polvo cuando es roca.

Así la vida bien parece poca
así se ve la vida con un velo.
En el cielo la lengua que convoca

ha llegado a pensar en otro duelo.
La lengua en otra boca llega al suelo
como polvo del beso que le toca.

 

 

Por Raiza K. Olivera


Ya no es importante saber
Distinguir entre la mentira y la audaz verdad,
No es importante.
Incluso es mejor no saber
Andar de espaldas es más saludable
Con una ceguera permanente.
Digamos que a nadie le interesa conocer
Los secretos más curiosos del vecindario
Ni los despegues más frecuentes.
No hay dignidad en el análisis
Si los resultados siguen siendo los mismos.

Ya no es importante saber
Si la luna influye
Si el amor existe
Si el quiebre será pronto,
A quién le interesa saber.
No hay humano que se vuelva a contestar
Que se detenga un instante en articular la idea
O sí?

Por Elvis García Rodríguez

           De una tarde cuando llueve

                    Luis Gómez


De una tarde cuando llueve
,
Tierra-milagro en sus mámas,
abrocha los pentagramas
de un dolor, y se conmueve:
Por la raíz, ya se mueve
más triste que un aria en vuelo:
y haciendo perlas del suelo;
menos destino y más nombre,
El Pichón se vuelve hombre,
y el ave una voz del cielo.

Leyenda: y luego señor
<Cu-todo-ma-: grande...> arrulla
al Gran hijo de Mabuya...
(la magia no tiene error).

Por Lucio Pérez                   

 

            vienes por fin a mí
            tal como eras
            con tu emoción antigua
            y tú rosa intacta.
 
            Dulce M. Loynaz


Marchaste con la última omisión pactada a la vuelta
y una lágrima mojada
en el pañuelo.
La luna me ha visto
tragar los azules,
pero no puedo detener el sol
cuando asoman las mañanas de diciembre
y atrapo la espuma con las manos,
sintiendo la escandalosa evocación de los deseos.
En tanto sigo con los ojos
clavados en la orilla,
la extraña sensación de una presencia
y la dentellada ruin de tu naufragio.

 

Por Lucina Bravo

 

Amo la vida, las flores, la música: te amo a ti... Amo los atardeceres, la lluvia, las estrellas. Amo el campo y su naturaleza; amo a los niños y su inocencia; amo su música infantil y sus juegos. Amo la tierra, con polvo o lodo; amo los libros y lo que ellos encierran; amo el cielo lo mismo azul que encapotado, y te amo a ti. Amo las palabras que no se han dicho, y los diálogos a veces sin sentido. Amo las rutinas. Amo el mar y las gaviotas: amo las imprecisiones y todo lo relativo, y te amo a ti. Amo mi caminar, mis pasos danzantes; amo un bolero, un danzón, amo la guitarra y el acordeón; amo la música y amo el silencio: lo amo todo y... te amo a ti.