Get Adobe Flash player
Página de Inicio Alas de colibrí

Sección de literatura para niños y adolescentes

Ovillejo del trabajo

¿Dónde liba el colibrí?
En el alelí.
¿Dónde talla el carpintero?
En el agujero.
¿Dónde la abeja halla miel?
En su vergel.
Todos juntos con esmero
trabajan en armonía
para librar día a día
la faena del obrero.


Liliana González

Preciosa en su jardín de rosas

¡Preciosa, corre, Preciosa,
que te coge el viento verde...!

Federico García  Lorca


Un caballito de mar
entre las nubes saltaba,
y Preciosa lo miraba
y se ponía a cantar.

Buena niña, al caminar
luces desprende del cielo,
que le ruedan por el pelo
como gotas de rocío
mientras la orilla del río
va mojando su pañuelo.

Preciosa teje en la prisa
los pétalos de una rosa,
y es que al jardín de Preciosa
le faltan Lluvia y Sonrisa.

Un gigante con camisa
de acero toda forrada
le evaporó la mirada
a la abeja y al querube,
pero la chiquilla sube
con una flor por espada.

Desde el juego de las olas
salta el caballito, salta,
y la nube, aunque muy alta,
hace en el aire cabriolas.

Leer más...

La fábrica de truenos

A mi nieta, Lorena de la Caridad
Levántame, papá, para ver el cielo. ¿Y para qué quieres ver tú el cielo? No sé pero quiero verlo. Será porque aquí siempre está lleno de estrellas, dice el Hada Madrina, con chivitos que la niña quiere echarse en el bolsillo. O en la boca para comérselas y de noche alumbrar como un cocuyo, dice la mamá, porque en el cielo viven los ángeles, hija mía, y a lo mejor la niña quiere encontrarse con alguno de los que vinieron a verla el día que ella nació y casi se nos ahoga. ¡No, yo quiero ver el cielo, yo quiero ver el cielo!¡Anda, papá, anda, levántame! Dice la tía si no será que la niña quiere coger un retazo  azul o blanco o negro y que le hagan un vestido bien bonito para el día de su cumpleaños. Pero la abuela, que por ser la más vieja no era la menos sabia, pensó si no será que la nieta quiere conocer qué se hace en una fábrica.
¡Levántame, papá, chico, para ver el cielo!, insistió la niña. Y apuntó hacia la cerca del fondo, que separa el patio de la casa de una panadería. Y cuando la levantó hasta ponerle los ojitos por encima de la tapia, oye, cómo suena el cielo, y se le veía en el brillo del rostro la emoción por lo que había descubierto. Entonces el padre, al mirar hacia donde apuntaba la niña, vio unas enormes carretillas cargadas de sacos de harina, tiradas por hombres encorvados y sudorosos, que hacían retumbar el piso con tremendo ruido. Y como no se le ocurría nada mejor, le dijo: Mi cielo, también las carretillas suben al cielo. ¿Y allá se ponen a tronar, papá?

Orlando V. Pérez

Amigos

Ellos toman la limosna del mediodía,
alguna que otra vez atraviesan los tejados
con la nostalgia a cuestas.

Mis amigos le hacen locuras a la vida,
desvisten sueños falsos,
hacen nieve al otoño,
y sin miedo se posan en mi pecho.

El sábado me invita a leer cada parte de oleaje
sin oscuros atardeceres que limitan mi tiempo.
Mis amigos son unos vagabundos,
unos desarmados sin guerra.

Nachiely Sánchez

Un día de mañana

Sí, por el camino fui
y una décima aprendí.
Por el camino encontré
un viejo testarudo
que iba arrastrando un mulo
en un sendero sin fin.
Y vi en la mañana
al croar de una rana
una hermosa campana
que me alumbra el camino.

 

Raymi Sánchez

El gallo de-Morón

Todos estaban agitados en Realgallinero; vendría a cantar El gallo de Morón. Las gallinas cultorosas movían sus gordos traseros en un constante ajetreo. Los pollitos iban detrás de ellas pollillorando; sus madres no tenían tiempo de ocuparse de su comida. Había carteles por todas partes: “Esta noche en el teatro Divogallo el cantante único: El gallo de Morón.”
Por la emisora local se oía anunciar cada diez minutos: “¡No se pierdan esta noche el concierto único de El gallo de Morón.”
Las pollonas solteras estaban como locas. “¡Un gallo artista! Si se fijara en una de nosotras y se quedara en Realgallinero” –comentaba una de ellas. “Ya Carigalludo está un poco viejo y hasta tiene guagua en las patas” –decía otra.“¡Qué va! Todavía luce bien, tiene el plumaje hermoso y una cresta roja brillante. ¿Pero cómo será el de Morón?” –aseguraba una linda gallinita blanca desde lo alto de un gallinero. “He leído en una revista de modas que es un cantante inigualable, digno intérprete de melodías inolvidables” –cacareaba una pollona gira mientras se limpiaba el pico en un alambre.
Así andaban nuestras pollonas comentando y lustrándose las plumas, mientras se ponían pestañas postizas. Aunque parezca increíble, se pintaban el borde del pico y las uñas de las patas. Parecían mascaripollonas y payasipollonas.
A las cinco de la tarde todos corrieron al Divogallo para alcanzar los primeros palcos. Mientras, El gallo de-Morón, en la ciudad de Lejanigaya se puso un frac negro con un brillante en la solapa; con toda calma, a las ocho de la noche hizo una llamada al Divogallo para anunciar que lo fueran a recoger en una limusinogallera. ¿Y de dónde iban a sacar en Realgallinero una limusinogallera, cuando allí nunca habían visto ni tan siquiera una?
Mientras esperaba, el gallo se peinaba la cresta tirándosela hacia atrás con el ala izquierda. Después hizo que le lustraran las espuelas con saliva de cotorra, y así pasaba el tiempo.
Mientras tanto, las gallinas, pollonas y pollitos se rendían de sueño, cabeceaban, y los pollitos más pequeños caían al suelo, pues ellos no saben dormir en las alturas.
Las gallinas culturosas consiguieron un clocotaxi y salieron a buscar al gallo cantante, que en ese momento hacía gárgaras de agua de rosas con romerillo allá en Lejanigalla. A las dos de la madrugada aún se lustraba las plumas de su cola tornasolada.
Cuando se percató de que tenía que viajar en un clocotaxi levantó un plumerío en señal de protesta: “¡Yo soy quien soy, y si no es en limusinogallera, no voy!”
Entonces, ante esta negativa, las gallinas culturosas lo tomaron por el frac y dándole un gran empujón lo hicieron meterse en el clocotaxi sin kikiriprotestar. ¡Qué alivio!
Llegaron al Divogallo a las seis menos cuarto de la mañana. Una vez dentro, El gallo de-Morón pidió entrar a un camerino para relajarse antes de actuar. A las seis y treinta fue cuando se presentó ante el público. A las gallinas y pollonas se les habían caído las pestañas postizas y corrido las pinturas de cundeamor de los picos y las uñas.
Los pollitos pollilloraban por sueño y hambre y las mamás estaban locas por marcharse con sus críos a las casas.
Entonces El gallo de-Morón salió al escenario y después de saludar cantó un solo:
¡kikirikiii,
kikirikiii,
kikirikiii,
el kikirigallo
kikirianuncia
kikiiyaamaneció!

En vez de aplausos todas las gallinas presentes pusieron el huevo del día, y el de-Morón salió con su frac maloliente bañado de yema y clara.

Elizabeth Álvarez Fuentes

Más artículos...

Formulario de Acceso


Síguenos en...




¿Quién está en línea?

Tenemos 58 invitados conectado(s)

Contador de visitas

mod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_counter
mod_vvisit_counterHoy178
mod_vvisit_counterAyer665
mod_vvisit_counterEsta semana2171
mod_vvisit_counterEste mes7963
mod_vvisit_counterHasta la fecha717950

  • AlasCUBA
  • Revista la Alcazaba
  • Azurina
  • Cinosargo
  • Cuba Literaria
  • Cubarte
  • EcuRed
  • El Caimán Barbudo
  • Haciendo Almas
  • Il Convivio
  • La Jiribilla
  • Lettres de Cuba
  • Museo Nacional de Bellas Artes
  • Palabras Diversas
  • Poetas del Mundo
  • Red Mundial de Escritores en Español
  • Revista de Cine cubano
  • Unión de Escritores y Artistas de Cuba
  • Teatro de los Elementos
  • Revista Digital Guaitiní, Miami