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Sección de literatura de autores del resto de Cuba

SÚPLICA DEL SIERVO

años van y vienen súplica del siervo ante la luz
¡oh cuerpo atravesado por mi flecha!
en el delirio y el vértigo del presente
momentáneo
voraz
presuntuoso
el goce de poseerte.

Andrés Conde Vázquez

Intento convencer a mi sombra para que renuncie...

I

a J. F. Pulido
Aquel que ha despertado es un soñador para los que todavía duermen
R. M. RILKE


Intento convencer a mi sombra para que renuncie:
se lleva un poco de mí.
Ya los oasis están hartos de arena,
de tantos que llegan para continuar el camino.
Ahora soy viento despeinando tus manos,
agua turbia en el espejo,
ente decidido a no jugar más.
Sólo un timbre,
una voz anunciando al masoquismo seguro
entre palmeras.
Pero el aquí se hace mañana mientras comprendes:
elegí acompañarte… y saltar.


Autor: IRON MAIDEN

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OTRA EXTENSIÓN DE LA REALIDAD

Qué haríamos sin las imágenes,
sin este descender de emociones y calientes apetitos
que se instalan serenos, de la misma manera
que el agua atraviesa el cadáver de un animal
expuesto largamente a la lluvia
y repasa sus vísceras, entablando una comunicación
entre sangre y transparencia.
En lo más bajo de la hondonada
debiéramos esperar de pie y desnudos
a los caballos en su carrera, cuando acuden unidos
a la invasión del agua sobre los campos yermos.
Incorporarnos al animal en plena escapada o avance,
alma que no se inclina por el sometimiento
sino a la inquietud del latido,
a la respiración que arma los templos y los nombres,
libertad inconsciente que absorbe los fragmentos
de la tierra, contra la piel endurecida en el cambio.
Agua y bestia son espacios de avance,
movimiento en el agua y equilibrio en la bestia
que en su lucha preserva el tránsito.

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a J. C.

…eres el hijo…
las ramas verdes
de un gran árbol
hoja eres
con tonalidades propias
hay en Cuba un lugar
por donde todo pasa
yo sé quién es tu padre
yo sé quién es el mío
hoja eres y soy
del mismo
gran Árbol.

Andrés Conde Vázquez

SANTA INÉS

Quiero volver los ojos hacia el camino oeste,
regresar donde el río estrecho y turbio
hizo curvas e islotes en mis brazos;
yo veía en su orilla al universo
pasando lentamente entre los juncos,
y un sonido acerado por el aire
en las delgadas flautas del maíz.
Toda tristeza actual es el olvido
del acorde primero.
Y en la infancia madura,
supuse este destierro ante el anuncio
de una forzada migración de garzas.
Inmóvil el cordero parecía soñar el árbol.
Lezama, Paradiso
Sobre este cordero duermo.
Entre plumas crecientes la piel se extiende limpia,
como la memorable frazada de una madre,
rugosidad del ser en cada poro
abierto hacia la sangre.
Y está mi sangre mezclada y menos tibia,
se une a la plegaria de otro ritmo,
más lento, más humano.
Y cada pluma del cordero
es un hilo trenzado en otra época,
un recordar húmedo y un volver a la cueva,
y al grito, y al silencio acuoso de lo primigenio.
Y cada poro del cordero es el paso a otra ciudad,
a otras paredes de carne y piel y huesos,
a otra hechura del tiempo
donde el sueño desplaza al intelecto
en un rugir de imágenes sin pauta.
Crece la sombra como una bandera frente al sol.
Crece lo cálido como un baño hacia dentro.
Crece la madre trasquilando las plumas del cordero.
Otra vez, y otra vez, a la intemperie.

 

Annia Alejo Laborit

SOBRE UNA MUERTE PREVISTA


(A Lorenzo Alejo)

Esa luz no pasa.
Del otro lado hace cabriolas entre el árbol y el cristal.
Pensé que podría traer algún fragmento de luz hacia la cama
y puse la mano en tu cabeza.
Tus cabellos son suaves, si los mezo pudieran caer
y derramar su contenido gris en esta mano.
Pero hay un aire extraño a la belleza,
hay un espacio que no permite el nacimiento
de alguna forma estable, y yo quisiera atar
las esencias que transmigran:
Corrí porque la noche quería alcanzarme.
Caí de bruces y todo estuvo quieto.
Deja que esas mujeres se acerquen a tu casa,
al techo que no es este.
Vinieron desnudas, los pies sobre la maleza,
las manos contra las ramas, los pechos
dentro del hueco de hojas que se volvió
profundo ante el estímulo. Pasaron sobre mí
su olor a río, a raíces podridas bajo el álamo,
y el árbol mostró los corazones desde un tronco
amenazante. Inmóvil el rebaño masticó las figuras.
Llegó un rumor caliente desde las vaquerías.
Alrededor el blanco y sobre mí la noche.
Deja que esas mujeres te levanten, porque yo tengo
la vergüenza del insomnio, la gratitud pegada
entre los labios, y en esta habitación la luz no pasa.



Annia Alejo Laborit

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