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Página de Inicio Entrerrianos Obra literaria de Yannit Pozo Castillo

Poema demasiado barroco para Borges

Por Yannit Pozo

A esta hora
cuando la trunca silueta de la persiana
murmura sobre una página de Borges
digo que el mundo es una cuna retirada en el tiempo

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La puerta

Por Yannit Pozo

La niña se despertó con el largo lamento de la puerta.
–¿Mamá? –dijo con voz aliviada.
–¡Shshshsh! –se escuchó ásperamente en el pequeño cuarto.

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La república moral de José Martí

¡No temblará de asir la luz mi mano!
José  Martí
Luego de revisar de manera minuciosa no toda la bibliografía que hubiese deseado, y luego de estudiar fervorosamente las principales obras donde el Maestro trazaba sus concepciones sobre la nueva república, intenté organizar algunas ideas al respecto. La primera idea que pude sacar en claro, y que yo sentí casi con fuerza de axioma, fue el postulado de que cada hombre debía rendir culto a la dignidad plena de cada hombre. Si uno rastrea en la biografía de Martí puede percatarse de que las bases del robusto sentimiento martiano de la dignidad habían sido nutridas, principalmente, por su maestro Mendive, y más tarde tomó forma cabal cuando Martí empezó a relacionarse con “los bijiritas” en La Habana de aquellos tiempos. El inmenso Emmanuel Kant definía la dignidad, según entiendo, como aquello que aseguraba que el hombre siempre fuese tomado como fin de todo y como medio de nada. En el Manifiesto de Montecristi, firmado por Martí y Gómez -pero a todas luces salido de la esplendorosa mente de Martí- el Apóstol dice: “…el respeto al decoro del hombre, nervio del combate y cimiento de la República”. Y más adelante: “…ordenar la revolución del decoro, el sacrificio y la cultura que de modo que no quede el decoro de un solo hombre lastimado, ni el sacrificio parezca inútil a un solo cubano…”. Y en el sublime discurso conocido con el título Con todos y para el bien de todos, Martí definirá cuál debía ser el basamento moral sobre el cual se sostendría la República : “O la república tiene por base el carácter entero de cada uno de sus hijos, el hábito de trabajar con sus manos y pensar por sí propio, el ejercicio íntegro de sí y el respeto, como de honor de la familia, al ejercicio íntegro de los demás; la pasión, en fin, por el decoro del hombre…”

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De la tarde y la tristeza

Por Yannit Pozo

si vieran estos pájaros picoteando la tarde
me darían la razón
los pájaros existen como la tarde
como la angustia que los lleva a picotear

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Belleza, mimesis y arte en la poética de Aristóteles

* * *


Después de más de diez años de ausencia, hacia el 334 a.c., Aristóteles de Estagira, el otrora discípulo del fundador de lo que aún se llamaba La academia, reaparece en Atenas. Ya no era aquel joven de ojos pequeños y vivases, según refieren algunas bibliografías, sino que es un hombre que ya ha desplegado y perfeccionado una filosofía personal. Al mismo tiempo, Alejandro, su excelso discípulo, quien se decía descendiente de Aquiles, había partido en sus afanes de conquista hacia el remoto oriente.
Con todo el caudal de sabiduría que había recopilado, Aristóteles sintió la necesidad de convertirlo en algo útil. Necesitaba su propio sitio, su propia escuela, su casa propia. Estaba dispuesto a trabajar con todo el empeño de su alma para hacer notorio su sueño;     Diógenes Laercio cuenta que dormía con una bola de bronce en las manos, para despertar con el ruido de la bola al caérsele. Finalmente, en un lugar que había sido frecuentado por Sócrates muchos años atrás, Aristóteles funda su Liceo.
Es preciso declarar que la Poética no fue urdida como libro, más bien fueron puntos que el maestro anotó a manera de un guión que, seguramente en las clases desarrolló de modo inmejorable.

Se supone que dicha Poética tuviese, como mínimo, dos partes. Una parte, que nos ha llegado, donde trataba la tragedia y su relación con otras artes; y la otra parte, donde trataría la comedia. Lamentabilísimamente esta segunda parte quedó en las fauces de la historia. Solo se conserva un manuscrito del siglo X, llamado Tractatus Coislinianus cuyo origen es dudoso, altos eruditos opinan que este documento constituyen las notas de un discípulo de Aristóteles.

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POEMAS DE EL TREN Y LOS VIOLINES

FILO EN EL UNIVERSO

Esta tristeza hiede a hombre
a filo en el universo
este desamparo de mí mismo
empequeñece mis huellas
como si fuese yo el ave sutil
en la vorágine de un desierto

hasta en mi sombra destila la muerte
pone otra ardentía en la mirada
similar a ese con que Sísifo calcina la roca
la montaña     los dioses

es una flor que se alimenta por el perfume

soy todo yo esta tristeza
me existe    me habita la indignación
porque hace rato apesto a hombre
endeble filo en el universo

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