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Sección de cultura general

El sargento de los cuentos cumanayagüenses

El patrimonio cultural constituye la herencia tangible heredada a lo largo del devenir histórico de una sociedad dada, y sobre él descansa el sentido preciso de la identidad. El patrimonio cultural de un pueblo comprende las obras de sus artesanos, arquitectos, músicos, pintores, escritores, científicos, educadores…; así como las creaciones anónimas surgidas en el alma popular y el conjunto de valores que dan sentido a las obras materiales y no materiales que expresan la creatividad de ese pueblo; la lengua o idioma, como expresión más importante de la cultura, es la materia prima de actos de creación literaria colectiva y anónima que se transmiten de forma oral de generación en generación, tales como poesías, cuentos, refranes, anécdotas. Estas expresiones van ligadas a los ritos y las creencias religiosas.
Existen en Cuba, como en otras tantas naciones, personajes cuyas historias pasan de generación en generación, las que pueden perdurar en la memoria popular o desaparecer con el paso del tiempo. De manera generalizada, es la popularidad de dichos personajes, su jocosidad, su manera de contar los hechos que sucedieron hace tiempo, los que los convierten en personajes de referencia popular.

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El patrimonio cumanayagüense

La UNESCO, define el concepto de Patrimonio como el legado que recibimos del pasado, lo que vivimos en el presente y transmitimos a las generaciones futuras. Este no es referencia exclusiva del pasado y de lo monumental, sino  que está asociado con la vida cotidiana, el presente y el futuro de los pueblos: etnias, naciones y comunidades donde se crea y se sigue creando. Está constituido por hechos vivientes que son protagonizados permanentemente por personas que actualizan continuamente una determinada memoria o tradición. El patrimonio no puede ser tratado como cosa, sino como proceso inseparable de los actos, comportamientos y actividades personales y grupales con los cuales se actualiza.
Para lograr la apropiación social del patrimonio se requiere de un desarrollo de acciones que se inserten dentro de la dinámica cultural y económica que beneficia a la comunidad, para que esta a su vez desarrolle un sentido de pertenencia y uso sostenible de sus recursos patrimoniales.
La comunidad es la encargada de mantener viva el patrimonio, el cual debe ser activo de la memoria y no pasivo de la nostalgia. A su vez, la comunidad debe apropiarse de este valor positivo, incorporándolo a su vida cotidiana y proyectándolo hacia el futuro.

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Faros fareros

El farero, como tantas otras especies, está en vías de extinción, por culpa de la implantación de los sistemas automáticos en los faros, aunque en nuestro imaginario siempre estará unida al faro la figura del farero o torrero, a veces un hombre solitario y otras instalado con toda su familia en el faro, donde solía haber hasta 2 viviendas gemelas para las familias de los fareros. Los fareros españoles tenían que aprobar oposiciones para acceder a los puestos, y entre los requisitos se exigía el título académico de Bachiller Superior al menos. Una vez aprobados, pasaban seis meses en el Centro Técnico de Alcobendas aprendiendo el manejo del faro.
En muchos casos el farero era vocacional, y no era extraño encontrar licenciados universitarios que querían vivir cerca del mar, escapando del “mundanal ruido”. Algunos terminaron sus carreras compatibilizándolas con el trabajo de farero; en muchos casos el puesto se “heredaba” de un familiar, y en España hubo varias sagas. También era común la habilidad artesanal para maquetas  de barcos y faros.

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Flores desde el aire


Las actuales y futuras generaciones, por derecho propio, han de recibir como herencia cultural imprescindible, el inmenso caudal de conocimientos que en las diferentes esferas de la ciencia, la técnica, la historia, el arte y el deporte atesora la humanidad en general, la Nación en particular y el propio “terruño” en el sentido más íntimo.
El acervo cultural nacional y universal es, por tanto, patrimonio de cada hombre y mujer, y se recibe en las escuelas y universidades o a través de los medios masivos de difusión. Empero, ese acervo cultural íntimo, el de nuestro terruño, lo recibimos a través del medio de difusión más antiguo, sencillo y atrayente que existe: la conversación. Así, de boca en boca “ruedan que ruedan” historias y leyendas, anécdotas trágicas, jocosas e inverosímiles, en  las   cuales   cada  uno aporta su granito de creación propia. Es decir, la historia de cada pueblo, de cada barrio, de cada batey campesino, la conocen solo sus propios moradores. Solo trascienden, si su alcance va más allá de un interés local. No siempre puede determinarse sobre un hecho o acontecimiento, hasta dónde llega la verdad histórica y dónde comienza la ingeniosa inventiva de los “narradores”..., de esos narradores que, de tarde en tarde, tradicionalmente tomaron asiento de palco en los sillones del Liceo.
Allí, precisamente, escuché por primera vez una hermosa historia de amor y aventuras que resultó, para asombro mío, totalmente real. Se trataba de un hombre excepcional, de un adelantado de su tiempo, de alguien capaz de arriesgar su vida en apasionantes aventuras y de amar intensamente, hasta el punto de recorrer a diario, en un avión, largas distancias solo para hacer llegar a su amada, en forma sui géneris, flores y cartas de amor.

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Un científico popular vive al pie de las montañas

Considerado el único científico popular con que cuenta Cuba, Enrique Otero Fernández es además un hombre singular; de origen humilde, hijo de españoles radicados en la Isla, nació el 4 de junio de 1928, en la finca La Cueva, situada en Valle del Indio, en las montañas del Guamuhaya o Escambray cienfueguero. A los 10 años comenzó a trabajar y su juventud fue siempre de tesón y sacrificio. Empezó ordeñando vacas, encerrando terneros, cargando agua, cortando leña, alimentando cerdos, moliendo harina… En ese ir y venir de trabajos rudos apegados a la tierra fue forjando su espíritu.
Posee entre sus más importantes hazañas, la de haber logrado que el Proyecto del Pico San Juan se hiciera realidad, en un momento en que casi se daba por hecho su cancelación, debido a los criterios adversos que varios expertos cubanos y extranjeros habían emitido.
Para este hombre el laboreo con las plantas medicinales constituye un legado de la tradición familiar que ha atendido de modo particular y que lo condujo a estudiar y a documentarse sobre la materia, para luego, por supuesto, continuarla. Los frutos de su empeño son hoy realidad tangible que se yergue  a los pies del lomerío del Escambray.
Sus remedios caseros han logrado un alcance científico que ha marcado el equilibrio entre la medicina sobre la base de plantas medicinales y los medicamentos producidos industrialmente, pues han proporcionado, además de la cura esperada, ganarse la confianza de las personas tratadas.

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Una invasión peligrosa

No se trata de un ataque mercenario, ni un desembarco marítimo o aéreo; solo les quiero comentar de una invasión sutil, aparentemente imperceptible, pero tan devastadora como una bomba de neutrones, ya que poco a poco va ocupando el éter, el aire, penetra por nuestros oídos y se apodera de nuestro organismo para hacernos sufrir física y mentalmente; me refiero a la invasión sonora.
¿Usted nunca ha sido víctima de ella?... Pongamos por ejemplo su vecino, que sin ser sordo aún, quiere que usted lo sea y allá va el sonido estéreo o mofónico de la radio o grabadora a un nivel desorbitante y ya comienza a sentirse incómodo, pues en su propia casa tiene que hablar gritando, y que además va afectando su salud, su metabolismo, y así, de este modo ya se encuentra bajo el fuego directo de la invasión.
¿Cuál es el sonido mas bajo que puede percibir el hombre? Le pongo de ejemplo que un susurro que casi no se oye, crea en los tímpanos de nuestros oídos una presión igual a la diezmillonésima parte de un gramo, es decir, que no hay balanza creada por el hombre que tenga tanta sensibilidad. Cuando el sonido ejerce en nuestros tímpanos una presión mayor a dos décimas de gramos fuerza, no lo escuchamos pero se siente dolor.
La escala sonora se mide en una magnitud llamada decibeles y a modo de ejemplo les propongo analizar la siguiente tabla.

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