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Algunas reflexiones sobre las ideas pedagógicas de José Martí

La obra de José Julián Martí y Pérez, el Héroe Nacional de Cuba (La Habana, 1853-Dos Ríos, 1895), contiene un sólido pensamiento pedagógico, que tiene vigencia a partir del triunfo de la Revolución Cubana en el año 1959. El Apóstol de nuestra independencia patria fue un observador analítico extraordinario de los problemas educativos; para cada uno de los cuales planteaba salomónicas soluciones. Concibe la educación como la vía idónea para preparar al hombre latinoamericano contra el poderoso vecino de Norteamérica, lo que revela la esencia antimperialista de su pensamiento: “El tigre espera, detrás de cada árbol, acurrucado en cada esquina. Morirá, con los zarpas al aire, echando llamas por los ojos.” (1)
En él es una constante el optimismo y la confianza absoluta en la capacidad del hombre para la lucha. Esta constituyó su intención pedagógica más marcada. Proclama que América unida podrá vencer al imperialismo y su misión política es la de preparar para ello a las nuevas generaciones. “[…] el deber urgente de nuestra América es enseñarse como es, una en alma e intento, vencedora veloz de un pasado sofocante, manchada sólo con la sangre de abono que arranca a las manos la pelea con las ruinas, […] El desdén del vecino formidable, que no la conoce, es el peligro mayor de nuestra América; y urge, porque el día de la visita está próximo, que el vecino la conozca, la conozca pronto, para que no la desdeñe. Por ignorancia llegaría, tal vez, a poner en ella la codicia. Por el respeto, luego que la conociese, sacaría de ella las manos”. (2)

Martí concebía la educación como un derecho del ser humano. Era un pensador que tenía fe profunda en la educación, sobre todo en aquella que prepara realmente para la vida. Atribuía gran importancia a los sistemas educativos, planes de estudio, programas, métodos y actividades, es decir, al conjunto armónico que conduce a la formación de un hombre nuevo.
El análisis de las concepciones pedagógicas de José Martí es necesario hacerlo en su integralidad. Adaptar dichas concepciones a las condiciones histórico-concretas, y vincularlas a las características del sistema educacional cubano es tarea de los exegetas actuales en esa esfera de su pensamiento.
Hay que asociar siempre el pensamiento de Martí con su principal propósito de lograr la independencia de Cuba y propiciar las transformaciones necesarias en todas las esferas de la sociedad, en el resto de las repúblicas latinoamericanas. De no tener en las manos esa brújula podría conducir al analista, al estudioso o al simple lector a una desorientación total. Su afán era lograr una América unida. La integración sólo sería posible si se lograba una comunidad de intereses culturales.
Hay que ver que en su época los métodos pedagógicos que prevalecían  en América Latina era el autoritarismo, el memorismo, en fin, la vieja y ya vencida escolástica. Además, la instrucción llegaba sólo a una minoría de la población, dejando un saldo enorme de analfabetismo y de ignorancia en los pueblos. Por otro lado, se creía que la esencia de nuestro atraso era la tan traída y llevada lucha de “civilización contra barbarie”, teoría a la que se opuso el Apóstol, sobre todo en el ensayo “Nuestra América”, abogando  por el respeto a los modos culturales autóctonos, sobre todo a los heredados de los habitantes amerindios precolombinos, tan esquilmados por la colonización europea. Por eso, Martí criticó ese tipo de educación.
Su divisa era cambiar la educación como una condición necesaria del progreso social, ya que “El problema de la independencia no era el cambio de forma, sino el cambio de espíritu” (3). Sólo un proyecto educativo nuevo podría contribuir eficazmente a ello. La educación nueva que propugnó, tenía que desarraigarse de las influencias extrañas, nacer de las condiciones propias de la cultura latinoamericana y sobre todo ajustarse a la época.
En reiteradas ocasiones planteó un criterio de profundo sentido dialéctico: “Se está cometiendo en el sistema de educación en la América Latina un error gravísimo: en pueblos que viven casi por completo de los productos del campo, se educa exclusivamente a los hombres para la vida urbana, y no se les prepara para la vida campesina. La educación nueva hacía surgir al hombre nuevo del cual América Latina estaba necesitada: Hombres vivos, hombres directos, hombres independientes, hombres amantes, eso han de hacer las escuelas, que ahora no hacen eso.” (4) Es evidente que un hombre formado integralmente es el que el Apóstol necesita ver surgir en las escuelas nuevas de América Latina.
El concepto de educación martiana tiene una dimensión político-social y esta debe ser la que se derive de la legítima cultura latinoamericana, la que forme al hombre latinoamericano y sobre todo, la que posibilite que los hijos de América Latina se puedan educar en ella, por lo menos durante su tierna infancia hasta adquirir la formación básica. “No parece natural que se saque a los jóvenes de nuestra tierra de América bajo el ala paterna, a correr calles, desamar la patria, y habituarse a vivir sin ella en la ajena, que no lo ama ni prohíja.” (5)
Martí concebía el acceso a la educación sin distinción de clases sociales, razas, ni sexos. Se plantea la necesidad de educar desde las edades tempranas, lo cual evidencia la esencia humanista de su proyecto educativo.
De igual modo, abogó por la educación de las categorías más vilipendiadas: de la mujer, del indio, el minusválido… De tal modo que expresó la necesidad de enseñar a los impedidos físicos. En lo referente a la educación de la mujer opinó: “Ni es verdad, a lo que dicen maestros y observadores, que sea cosa probada la flaqueza de la mente femenil para llevar en sí hondas cosas de artes, leyes, y ciencias.” (6)
En el plano de estas concepciones está la esencia de sus ideas humanistas relacionadas con la sensibilidad, el amor y el respeto a todos los hombres.
Expresó que la educación debe ser obligatoria, libre y estatal. Le confirió un sentido estatal a la enseñanza cuando expresó: “Un proyecto de instrucción pública es una sementera de ideas.” (7) Al precisar el fin de la educación reveló su dimensión política. Ello lo eleva a la altura de los grandes pensadores y luchadores por la transformación raigal de la sociedad en pos de la justicia mediante cambios estructurales profundos.


REFERENCIAS  BIBLIGRÁFICAS

1. Martí José. Obras Completas. (T. 6). La Habana: Editorial Nacional de Cuba; 1965. p.19,
2. Martí José. Obras Completas. (T. 8). La Habana: Editorial Nacional de Cuba; 1965. p. 281,
3. Martí José. Obras Completas. (T. 6). La Habana: Editorial Nacional de Cuba; 1965. p 22,
4-Martí José. Obras Completas.  (T. 11)  La Habana, Cuba: Editorial Nacional de Cuba; 1965p.86.
5-Martí José. Obras Completas. (T 8). La Habana: Editorial Nacional de Cuba; 1965. p. 369,
6- Almendros Herminio. Ideario pedagógico de José Martí. La Habana: Imprenta Nacional; 1961. p. 174
7-Martí J. Obras Completas.T 6. La Habana: Editorial Nacional de Cuba;1965. p  353.

 

Ana Iris Aguiar

 

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