Por Pepe Sánchez

 

El 20 de marzo del 2001 fundamos la revista cultural literaria Calle B, y en este 2026 se estarán cumpliendo 25 años desde ese día memorable. Ha sido un “largo y tortuoso camino”, pero también un mar compartido de luz invicta.
Muchos han sido los que han puesto sus manos sobre los duros remos de esta nave, dando lo mejor de ellos para que cada número de papel de Calle B en sus inicios saliera a conquistar los lectores, como también para que en su formato digital siguiera sumando cada vez más escritores y artistas a sus páginas, intelectuales que decidieron apostar por un proyecto nacido en este valle entrerriano, desconociendo fronteras y límites a la creación humana


Ahora estoy de nuevo invitado como escritor en México, y muchos asuntos limitan mi tiempo y circunstancias para escribir un texto merecido sin prisa por este cuarto de siglo, dirigiendo un proyecto de promoción y divulgación de cultura, arte y literatura, en medio, muchas veces, de adversidades y limitaciones inmensas. Por lo pronto, sirvan estas breves palabras para festejarnos por estos veinticinco años de viaje callebiano, frente a todos los vientos del mundo.

                                                                                                                                                                                                                                                                                                        Marzo 2 de 2026, México.

Calle B

 

Yo nací en la Calle B,
en casa de mis padres,
recibido por una comadrona.


Pudo ser en otra calle,
otra ciudad y país,
pero en esta acera gris
tomé la luz por el talle.
Me fui a los cafés y al valle,
le escribí al mundo mi verso.
Hoy que conmigo converso
regresa aquel niño a casa,
y a su lado solo pasa
un tiempo roto y adverso.

 

Solo veo campos de fresa por siempre

(Strawberry Fields Forever, John Lennon.)

 

Camino a iluminar la Calle B
donde tecleo la furia de los vikings,
miro al barrendero recoger restos de batalla,
botellas rotas, ciegas conquistas
de juventud, patadas a la noche,
papeles quemados por la lujuria del sábado.


El día redondo tiene su guitarra
de alcohol y saliva tocando
una melodía que duele en la ausencia.
Yo solo escribo los dedos
del renacimiento, mi querube airoso.
La esquina donde la vida dobla
las puertas ordenadas por las luces de cantar
cada quien a su hora.


Ya en los vagos resquicios de la tarde
la gente quiere compartir
su laberinto de quejas al orden,
sus pequeñas tristezas a media voz,
las desiguales pérdidas, el vaso
hasta el colmo, olor a hembra
contra la mala costumbre de morirnos.


Noticias del invierno se roban el griterío
que apenas cambia de actor y escenario.
Y ninguno escucha el cielo que se apaga,
no están para historias de mosqueteros.
La silla de al lado ladea para el frente
y la mugre de discrepar se recicla
en los pulmones cada dos tragos.


Corsarios de la mar bohemia
trazan más sueños que mapas.
Yo solo veo
una quebrada detenida en el tiempo,
campos de fresa por siempre.