Por Leymen Pérez
Un sol es un sol es un país desgarrado. Vi
Çlargas sombras empequeñecer, vi un país entero
ubrirse con pedazos. Un pedazo es un sol en la
soledad de un país como un sol es un pedazo
de objeto en las manos de quienes parten. Un sol mira
cómo nos reímos de nuestras derrotas.
Un país solo para un día, una noche, un juego entre crepúsculos,
unas manos que ya no están tocándolo. Un sol
es una mano que permanece inmóvil. Te digo estas cosas
como podría decirte que mis manos no dejaron
que cayera al vacío Zurita, que regresó del Purgatorio,
y dijo que estaba vacío el paraíso de los pedazos.
Vi campos enteros desgarrados. Una mujer
detrás de los barrotes gritando demencialmente
como el viento. Un país es un país un sol desgarrado.
La amordazaron sus propios hijos. Le sacaron las uñas,
le quemaron la libertad que estaba en sus poemas.
Por eso nadie puede leerlos ni oírlos. Están
en las astillas del país, ese otro sol, que ya no está.
La clase muerta
Pertenecíamos a la clase baja, sin pasado ni presente.
Sin destino: una clase muerta.
Como un muerto caminando estaba el buey
que traía solo falsas noticias.
Agónico el aire en los pulmones.
La fatalidad en las voces que llegaban.
La pobreza en el piso de tierra junto a mi abuela,
observando a los suicidas. Un hedor a vacío
deslizándose desde los aleros que se volvían pájaros
nunca antes vistos. Un dolor que ya fue
carcinoma en la lengua, trombosis en el muslo,
bloqueo ventricular, tumor en la mama derecha.
La pobreza en la tierra de los ojos de mi abuela
que no tenía padre, casa, paisaje de girasoles,
pero había encontrado las luces
aunque a veces las luces no tenían corazón.
Abuela procuraba estar donde se despedía el horizonte
cuando el dolor se volvía sílabas de una realidad fragmentada
sin saber quiénes somos en todo lo que se derrumba.
Para la clase muerta no había planos de secuencia,
reactivos, viajes hacia donde el agua no se agota bajo el sol.
Todo se reducía a no mirar cómo se enferman las luces,
una cosa callando otra: sentir que la pisoteaban
durante el otro subdesarrollo. Un gesto miserable.
Vidas que nada significan.
La habitación del pánico
Lo único que siento es pánico.
Flor de hierro, corriente de aire sin aire,
soledad que hace cortaduras y quema
a la frágil cáscara del cuerpo
que no sabe qué hacer
con tanta oscuridad.
Y no lo sabe mi madre
ni mi padre.
Solo lo sabes tú
que estás a mi lado
como una muerta más,
como otra habitación sin venas que se cierra
y asfixia
sin saber qué dice la lengua sin vida.
Pánico es lo único que siento.
Cuba entera es un desierto
y todo está muerto
y cada vez están más altas las paredes del pánico
y una mano sobre mis manos están llevándome
hacia donde ya nada duele
y cada rasguño en los muros es una huella vencida,
royéndose, royéndonos,
como los amaneceres
en los rostros.
Lo único que escucho es a mi pánico:
«Levántate, Leymen, camina» –me dice.
«En cada lugar que llegues estoy esperándote.
En el viento secando las hojas,
en el puñado de huesos que bajan y se acomodan
para que la oscuridad lo reciba.
No duermas. No comas. No escribas.
No respires. Estoy aquí, como otro que viaja
desde otra prisión que tienes dentro.
Ya no necesitas a nadie. Ya nada necesitas.
Lo único verdadero soy yo: tu propio horror.
Aquello que no es posible nombrar en la barbarie»
.
Leymen Pérez (Matanzas, Cuba, 1976.) Profesor-Asistente de la Universidad de Matanzas. Máster en Estudios Sociales y Comunitarios. Editor en la Editorial Letras Cubanas. Ha publicado, entre otros, los libros: Corrientes coloniales (2007 y 2016), El libro de Heráclito (2014), Fatigas del trópico (2015), Fracturas de la belleza (2017), Tela zurcida (plaquette, 2021), Subsuelos (2021 y 2023), Efectos secundarios (2023) y Los países de la noche (2023). Ha recibido innumerables premios dentro y fuera de Cuba. Entre ellos, sobresalen: Calendario (2006), José Jacinto Milanés (2006), Beca de Creación Prometeo (2006 y 2009), La Gaceta de Cuba (2012), América Bobia (2014), Dador (2019), Premio Amor Varadero (2021), Premio Nacional de la Crítica Literaria de Cuba (2022) y Premio ex aequo Internacional Sor Juana Inés de la Cruz (2022). Su poesía aparece recogida en más de treinta antologías y revistas de Cuba, España, México, Colombia, Ecuador, Perú, Brasil, Argentina, Inglaterra, Uruguay, Estados Unidos y Sudáfrica. Es miembro de la UNEAC (Unión de Escritores y Artistas de Cuba) y preside la filial en su ciudad natal.














