Por María Salomé Pérez Conde

 

es esa ave de blancas alas
       que ni yo misma sabía
                 que dormía en su nido
                          de plumas dentro de mí.

                               Y
                                      ha despertado.

Ven

El amor es sal que se disuelve en la tinta.
Bebé, moja tus labios y recorre mi cuerpo,
que cada letra sea música en los oídos,
miel tibia para tu piel, que penetre así,
como el río se funde con el mar en su abrazo.

Llega allí donde nadie ha tocado jamás...
Ven, acércate.
Llevo desnuda el alma,
sólo así seré poesía.