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Página de Inicio Autopista sur Obra literaria de Jorge Luis Lanza Caride “Camionero”: una verdad amarga

“Camionero”: una verdad amarga

El espectador que se enfrenta a Camionero (2011), corto de ficción deljoven realizador Sebastian Miló, favorecido con el Premio a la Mejor Ficción en la más reciente edición de la Muestra de Nuevos Realizadores, por lo general termina identificándose emocionalmente con la historia que narra este desgarrador filme.

Resulta prácticamente imposible permanecer indiferente ante una historia tan cercana a muchas generaciones de cubanos que también se formaron en las llamadas escuelas en el campo, pues parte de sus vidas transcurrieron en este tipo de escenarios que las circunstancias de la Cuba actual han tenido que repensar, determinándose el cierre parcial de estos centros.
En los diversos contextos en que se ha exhibido “Camionero”, el debate que suscita tiende a marchar por la cuestión de la historia y no en términos de lenguaje audiovisual. La polémica en torno al filme se ha desarrollado principalmente en el plano temático y no en lo formal o estético, es decir, la relevancia y novedad del tema concentra el interés del espectador, desplazando otras zonas temáticas a niveles secundarios.
La razón es evidente, y suele ser usual este tipo de reacción cuando nos enfrentamos a obras audiovisuales que tienden a despertar entre nosotros vivencias y experiencias como las expuestas por Camionero.
La cuestión inherente a la hiperbolización del tema ha suscitado no pocos polémicas durante su estreno hasta la fecha. Las situaciones de vejación y violencia que muestra la cinta han sido aisladas, es decir, no son representativas de la realidad en su totalidad y no deben por tanto ser utilizadas para descalificar un proyecto que se sustentó en nobles intenciones, aunque la experiencia haya tomado caminos diferentes y en el proceso de implementación, como toda obra humana, resulta perfectible.
La complejidad del análisis que se pueda derivar de Camionero puede moverse por perspectivas y disciplinas diferentes, desde la pedagógica hasta la sociología. Una de las percepciones más conocidas sobre la imposibilidad de continuar el  proyecto de las escuelas en el campo se debe a que resultaba muy difícil en una edad tan difícil como esa, separar los estudiantes del ámbito familiar.
Algunos consideran que la implementación de estas escuelas está basada en principios socialistas que son una copia tácita de experiencias del antiguo campo socialista ajenas a nuestra idiosincrasia y tradición histórica, lo que resulta cuestionable en muchos aspectos, pues también tuvo su cuota de autenticidad, amén de las similitudes o no que haya tenido con dichas experiencias.
Uno de los méritos de Camionero radica en el tratamiento crítico sobre un tema que se había edulcorado en el cine cubano hasta ese momento, pues además de Una novia para “David” (1985), de Orlando Rojas, y “Como la vida misma” (1983), de Víctor Casáus, esta es la primera vez que se realiza un examen crítico y no triunfalista o complaciente sobre la experiencia de las escuelas internas, pese a haber transcurrido tanto tiempo desde su creación hasta hoy. Sin embargo, para aquel contexto resultaba aceptable el tono redentor de dichos filmes al reflejar el espíritu de un momento histórico de nuestra Nación donde pensábamos alcanzar la utopía que significaba el Hombre Nuevo.
Al respecto, el propio Sebastian Miló, en una entrevista concedida a la periodista Elizabeth Mirabal para el boletín Bisiesto expresó: “Más allá de la situación límite a que se llega en “Camionero”, mucha gente ha pasado por esa experiencia de violencia y maltrato en este país. Debimos pasar por un sistema escolar en el que aprendíamos a sobrevivir. Y creo que la disminución de ese sentido de la responsabilidad y de la pertenencia que es propio del socialismo, se acentúa más por extraer a un adolescente del seno familiar justamente a la edad en que tienen que aprender a vivir en familia, a responsabilizarse. La idea de las escuelas internas pudo haber tenido un propósito noble, pero no se implementó bien.”1
En el orden formal hay que reconocer que su realizador, pese a poseer poca experiencia en el ámbito audiovisual, -contando solamente con “Trovador”, anterior su obra -, con “Camionero” logra un resultado extraordinario desde una estética que tiende a lo minimalista, donde la prevalencia de la funcionalidad dramática de los recursos del lenguaje audiovisual refuerzan el mensaje y los significados que se derivan del corto, pues cada plano del filme habla por sí sola, con un poder de sugerir sugerencia que sorprende a cualquiera, y una excelente sincronía con la historia y el resto de los recursos del lenguaje fílmico.
Dos recursos cinematográficos fueron determinantes para el resultado final: el guión tan bien concebido y estructurado, y las actuaciones orgánicas y convincentes, sobre todo, la de Antonio Alonso, joven actor que interpretó al personaje de Raidel, y la de Héctor Medina, que encarnó al tercer protagonista de esta conmovedora historia. Pese a ser tan joven, este último actor,  luego de su exitosa experiencia en “Boleto al paraíso” (2010), de Gerardo Chijona, y “Vinci” (2011), de Eduardo del Llano, ha demostrado ser un actor que puede aportar mucho para (al) el cine cubano, dada su capacidad histriónica y su versatilidad en correspondencia con los personajes que ha interpretado hasta este momento, además de mostrar esa sorprendente capacidad para interpretar personajes sometidos a la violencia y las situaciones límites como las develadas en “Camionero”.
Lo mejor de “Camionero” es que todo aquel que la vea pueda arribar a sus propias conclusiones, pero sugiero que la recepcione con una mirada abierta y desprejuiciada. Indudablemente la intención de su realizador no fue deslegitimar un proyecto que, pese a sus limitaciones, tuvo sus incuestionables aciertos.
Gracias a él varias generaciones de profesionales en la Cuba actual se formaron bajo este tipo de enseñanza. Debemos mirar ese pasado con sus grietas, pero de ninguna manera podemos soslayar sus aciertos.
El mérito más grande de Camionero estriba en invitarnos a reflexionar con amargura sobre la perversión que fue objeto una de las más nobles utopías de la Revolución.

Jorge Luis Lanza

 

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