Por Anisley Fernández

 

Para esta conversación
la vida no conviene
y viceversa.
La circunstancia
es mi cabello al viento
y la tapa del cráneo
queriendo volar.
Tiene que haber otro espacio
para tantas palabras,
otros espejos
otros guiones.
Tiene que haber un espacio
para este grito
donde pueda olvidar.
El dolor del poder
y el del alma
se acorralan.
Sus partes son esenciales
en esta conversación.
Pero no será aquí.
No en esta fetidez de voces.

Mi cuerpo se balancea
hacia la circunstancia
del suelo.
Ay tierra, por qué nací,
dime tú, con esos ojos...
Ahora, la circunstancia del mar
que mueve sinapsis
quirúrgicamente.
Sabemos del agua,
siempre presta a partir
y yo reparto
por enésima vez mis manos
al hombre tal
al mismo que confundo con otros.
Cuál me dañó más,
cuál me salvó menos.
Dime tú, si estoy en este sitio
o el anterior
o el próximo.
Dime tú si duermo con un muerto
con el invierno
con un gato.
Dime tú que estás tan vivo
dónde puedo gritar.
Mi pensamiento rompe las paredes.
Mi pensamiento es la circunstancia de la muerte
muriendo,
rompiéndose el cráneo.
Yo y mi asqueroso cráneo
ahogándose pero no,
adivinar y adivinar...
Muerte.
Muerte a la muerte
como una flecha
cosiendo
el aire.