Por Víctor Jesús Díaz

 

Hace unos días un amigo expuso un artículo que apareció con ese título en una publicación española y aunque nadie pidió mi opinión no pude sustraerme al impulso de expresarla.
     En el artículo se expone una tesis que plantea la poca o ninguna utilidad que representa la cultura para la sociedad a partir de la asignación de valores de mercadeo a la multiplicidad de la presencia de la cultura en todos los aspectos del desarrollo humano como única fuente y piedra angular capaz de componer el fragmentado relato de la extraordinaria aventura de las civilizaciones humanas.
     Ciencias Humanísticas como la Cronología, Antropología, Paleontología, Arqueología y otras derivadas como la Egiptología han auxiliado y documentado a la Historia desde las primeras civilizaciones.
     Las Ciencias Físico-Matemáticas cuentan con una sólida base que se remonta a Egipto y Grecia.

     Otro tanto ocurre con las Ciencias Naturales cuyo conocimiento nos ha permitido habitar el planeta y convivir con todos los fenómenos que se producen en él, contando además con el legado de la clasificación científica de su flora y fauna, para su aprovechamiento.
     Todo lo que el hombre ha logrado aprender de sí mismo y del mundo circundante nos llega a través del estudio de las civilizaciones que nos precedieron, entendiendo el término civilización como un estadio de desarrollo de las fuerzas productivas en interés de alcanzar cada vez niveles más altos de bienestar general con la mayor sustentabilidad posible.
     En ninguna civilización que nos haya antecedido, ni aún en pueblos cuya historia milenaria y costumbres rigen todavía su diario quehacer se ha despreciado la cultura en ninguna de sus manifestaciones, todo lo contrario, esas expresiones constituyen la documentación más relevante de su identidad como sociedad que con orgullo testimonia el desarrollo alcanzado y el derecho que le asiste con su diversidad a ocupar la tierra que habita.
     La Historia, con su amplio espectro integrado por las Artes Visuales, la Literatura y la Música, así como las Ciencias Naturales, Exactas, Humanísticas y Aplicadas están indisolublemente ligadas a la cultura y preguntar para qué sirve una sonata, un ballet o un poema, resulta tan descabellado como preguntar para qué sirven los sentimientos. 
     Me ocurre lo mismo que a mi querida colega Elvira Santiago que ambos conocemos personas útiles y cultas a la vez que también conocemos a inútiles incultos.
     Nuestra lengua es muy rica en acepciones y el término cultura actualmente tiene un sinnúmero de aplicaciones de acuerdo a las diferentes actividades a que se aplica como, cultura política, cultura gerencial, cultura de mercado, etc. agrupados bajo la clasificación de cultura organizacional, atendiendo más a valoraciones tangibles del sujeto que al patrimonio de valores nutricionales intangibles del espíritu que distingue a los humanos del resto de los animales.
     En el mundo de hoy casi todo es comercializable, pero hay límites éticos que deben inspirar, a quien corresponda, a ejercer un control más riguroso de un mercado donde se alquilando vientres o más aún el siniestro mercado de órganos humanos que se produce en algunos países.
     No nos vendría mal detenernos a razonar un poco alrededor de estas simples consideraciones para establecer que existen valores materiales y valores espirituales y que no es nada tonto sentir como se nos pone la piel de gallina cuando disfrutamos de las grandes obras que nos ofrece el arte en cualquiera de sus manifestaciones porque esas sensaciones y emociones vividas serán el único equipaje que llevaremos en nuestro último viaje.