Por Fernando Sánchez Zinny

 

Verdaderamente aislado y de siempre ajeno a los grupos que recorren el camino de la poesía, Rolando Revagliatti es, empero, una clásica referencia entre nosotros de la inquietud poética; recluido en su mundo ha tramado y continúa haciéndolo, una extensa obra centrada en las posibilidades expresivas que ofrecen las teorías y las prácticas psicoanalíticas, trasmutadas en experiencia agónica, en fuentes de poesía.
     Amigo de la reflexión, de la ironía y del desconsuelo, su labor viene siendo, desde hace mucho, un hito solitario contrapuesto a la sensibilidad y a las preocupaciones corrientes entre los poetas. Un ingenio áspero y la irrupción de imágenes revulsivas la signan y es natural que muchos rehúsen adherir a esa ardua música sincopada, pero nadie podrá negar la poderosa coherencia intelectual que la anima ni desconocer la honestidad de Revagliatti, quien, impertérrito, sigue anclado en esos temas, persistentemente atento al drama de la vida consciente, sobre todo cuando ella ha nacido de viajes por la inconsciencia.

     Son cualidades que es forzoso reconocerle y agradecerle y que vuelven a estar patentes en Habría de abrir, el más reciente aporte a su abultado catálogo de obras. Esta reseña estaría incompleta si no consignase, además, que, en su estilo y a su modo, Revagliatti es un genuino, un logrado poeta, a través de cuyos desvaríos y burlas la profundidad suele ser abismal: Yo creía / en mi inocencia // pero // lo que en mí / no era yo // no creía… Eso también merece reconocimiento y agradecimiento.  

* “Habría de abrir”, Editorial Leviatán, Buenos Aires, 108 pp., 2023.


MUESTRA POÉTICA DEL LIBRO


Islas tomadas


Uno no está solo
en el archipiélago de la
ridiculez.

Nunca
          uno
es el primero de sus
náufragos
(o nativos).

 

He dicho


La Eternidad posee corredores:
es un hecho.

Pero de ahí a que esté constituida
por corredores
hay un largo trecho
(corredores).

 

“Tenemos que abrirnos”

 

                      “Tenemos que abrirnos, no hay otro remedio,
                       es un caso serio tu modo de amar.
                       Tenemos que abrirnos, amistosamente,
                       no es vida decente broncar y broncar.”

                                                                   Agustín Irusta

 El otro remedio
                        (que hay)
se halla
             a tiempo completo
siendo ingerido
por nuestros
                    delegados
(facciosos, desde sus respectivas centrales
inteligentes, inmensurables
cerrando, sellando).

 

Oír, etc.

 
Oír sin oídos
oler sin olfato
gustar sin papilas
tocar sin tacto

Ver sin ojos
ver ojos
no ver

No ver
ojos.

 

Darle color

 
Ya no hay
cómo darle
color a esas mejillas:

comenzó
a despedirse.

 

Cuando aplaudo

 

Cuando aplaudo
-aun a rabiar-
en un sueño

mis manos
no se tocan

o se tocan
sin efectos
sonoros.

 

Sapos que me comí


Sapos me comí
argentinos

Me comí sapos argentinos

Efectos me constriñen
fauces y costillas

El odio concomitante
es una excrecencia
un impuesto.

 

 

Estaciones

 
Estuve desistiendo
mucho en el verano pasado
y en la pasada primavera
resistí

En el invierno que pasó
expulsé unas turbulencias
innominadas y concebidas
en el último otoño

¿Cómo petrificar
al otoño actual?

 

Fiel, la foto

 
Me acomodo
sin entusiasmo
un aire
caviloso

Fiel
la foto
sin entusiasmo
acomoda
cavilosa

ese aire.