Por Lágrimas de una Condesa

 

Eres la tentación de los pecados,
cruel sentimiento que recorre la imaginación.
Tenerte entre mis brazos sería mi salvación.
¡Ven!
Entrelacemos nuestras manos en el beso prohibido
en un juego de carreras —si me atrapas te beso —.
El roce de fuego hecho miel que se derrite con la saliva
mordiendo los labios como la primera vez
duele y a la vez gusta, sangra.
Exquisito dolor que me lleva a las nubes,
tentáculos que exploran en las vestiduras de un escote,
traviesas juegan debajo de un vestido ajustado.

Es contigo con quien quiero apagar este deseo,
el escogido para ser el agua de esta sed
de quitarse las ganas de sentirte fusionándote en mi piel;
en el beso está la clave.
La oscuridad, testigo mudo de nuestros instintos…
eres inspiración para estas letras rojas,
aquellas que encienden fuego en este hielo,
aquel que secó mis lágrimas con un beso
y con una caricia me elevó al cielo
recordándome que Lilith apareció para ese mortal, tú.