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Página de Inicio Pretextos Obra Literaria de Lucas Armando Espinosa Gutiérrez Manteca y tabaco, un misterio aclarado

Manteca y tabaco, un misterio aclarado

Por Armando Espinosa

Cerca de donde se ubica el actual edificio de la PNR, existió un terreno que se utilizó para jugar pelota por numerosos jóvenes cumanayagüenses.  En la bullanga provocada en cada encuentro se destacaban frases, palabras y otras expresiones que pretendieron animar a los jugadores de turno hacían eco en aquel popular espacio deportivo: “¡Carajo, Manteca, batea y no mires para los celajes...” , es una de las tantas exclamaciones que se escucharon. Pero, ¿quién era Manteca?, que aún con a sus 88 años se le conocía con este apodo por sus amigos y familiares y que como herencia espontánea también sus hijos son identificados. Pues en su lento caminar, sonrisa de paciencia sin límites, breve conversar y amable trato se reconoció a Luis Delgado Echemendía, legendario tabaquero nacido un 11 de noviembre de 1927 y falleció el 30 de agosto del 2015, vecino de calle 11na., se hizo acompañar de su señora Teresa Sabina Castillo (que falleció el 13 de mayo en 1913),  y colindando con su vivienda, sus hijos Luis Miguel, Fidel, Rafael, pero en el entorno de más de dos cuadras, familiares de su señora compartían la armonía de su retiro después de un largo periodo dedicados a la labor del tabaco.
Desde los 15 años Luis Delgado estuvo trabajando en  pequeñas tabaquerías dentro del territorio de Cumanayagua y en Cruces, en sus inicios como aprendiz y posteriormente se convirtió en tabacalero, labor que desempeño hasta 1965, que pasó a administrar la fábrica de tabaco  Angel Gil Martínez.
Nos contó Efigenia Hernández Días (Cani), dirigente sindical y actual jefa del departamento de calidad: que el proceso tecnológico de la fábrica comienza con el “despalillo y clasificación”, despachándose la materia prima a los tabaqueros (torcedores) quienes se encargan de preparar la tripa en moldes, se pone la capa y se pasa por la máquina de succión o tiro, posteriormente se realiza la “inspección técnica”, donde a cada vitola se le controla determinados parámetros físico-técnicos, estas fases tecnológicas se desarrollan en lo que se denomina la galera, salón destinado a la elaboración del tabaco por los torcedores.    
De la galería los tabacos pasan a la “cámara de climatización” (escaparate) desde donde se envía al “Departamento de Terminado” quien clasifica y determina la marca de salida, se ocupa del anillado y el embalado del producto terminado.
La fábrica de tabaco actual se denominaba en sus inicios “El Coloso”, posteriormente se le nombró Ángel Gil Martínez en honor al mártir tabaquero de esta propia fábrica quien cayera combatiendo en el Escambray. Al triunfo de la revolución la tabaquería creció de  47 trabajadores a 200 y actualmente cuenta con 216 entre tabaqueros, anilladores, despalilladores, y personal administrativo.
Luis Delgado, alias “Manteca”, fue uno de los administradores que tuvo la fábrica de tabaco de Cumanayagua, durante el periodo de 1965 al 1987 aunque laboraba en ella desde 1960. Posteriormente otros administradores enfrentaron las tareas de dirección en la misma tales como:

-Luis Castellanos desde 1987-1989
-Graciliano Medina (Macho) desde 1989-2003
-David Chacón (Hijo de Liberato) en 2005
-Marlén Hernández,  2009

Los dos primeros surgieron de la mesa como torcedores.

La historia de la fabricación del tabaco en Cumanayagua se fundamenta con la existencia, antes del triunfo de la Revolución de numerosos chinchales, integrados por no más de 8 a 15 trabajadores, tales como el de Ramón Romero, Luis León, Urbano Álvarez, Sabino Cavada, Tomas Cavada, Eliceo Álvarez Fuentes (Fabrica actual), etc. La hoja de tabaco tradicionalmente provenía de Pinar del Rio, aunque ocasionalmente se utilizaba la de los alrededores, en la actualidad la materia prima utilizada tiene un origen más diverso, se recibe de Pinar del Rio, De Güira de Melena en la Habana, del hoyo de Manicaragua y de producciones locales en Cumanayagua, que cuenta con un centro de acopio de tabaco tapado (ABT) y una escogida que prepara el tabaco en tercios y en pacas para suministrar a la Fabrica.
El sindicato tabacalero en el territorio estuvo fortalecido desde sus inicios y siempre se comenta la labor destacada de Tomas Pozo antes del 60, aunque le sucedieron otros destacados dirigentes sindicales tales como Liberato Chacón, Reynaldo Balver, Felipe Olivera y Pablo Reyes, etc. Antes del triunfo de la Revolución este sindicato con sus afiliados construyeron su casa sindical, actualmente la Clínica Estomatológica de calle Cienfuegos, la cual fue donada para sede de la Cruz Roja y posteriormente utilizada como posta médica. El sindicato y la administración tabaquera celebran todos los años el “Día del trabajador tabacalero” representados el 29 de mayo fecha en que naciera Lázaro Peña González que fue trabajador tabacalero y dirigente sindical de este sector.
La tabaquería, construcción octogenaria y que en sus inicios fue una pequeña fábrica, ha sufrido varias modificaciones y aplicaciones en correspondencia con su crecimiento productivo.
Desde que nos aproximamos a la fábrica el aroma del tabaco la identifica y es asombroso sentir la intranquilidad de sus trabajadores  desde la propia galera hasta el local de terminado donde nos envuelve el arte y la técnica en el embalado del producto final, mezclándose la elegancia de las tabaqueras, de las etiquetas y el aroma persistente del tabaco.
En la fabricación del tabaco y en el ajetreo de las tabaquerías se forjó Luis, el conocido “manteca”, quien repartió su generosidad y jovialidad entre toda su familia y vecinos, descansaba  la mayor parte del tiempo en un sillón que instalaba en el portal de su casa, saludando desde su trono a quienes transitaban  por la acera, y de vez en vez cabeceaba cuando el sueño lo invadía.Enraizado en el placer hogareño delegaba las labores culinarias a Rafe, su hijo menor, quien se deleita con los olores y sabores de los alimentos que elabora guiado por la experiencia que heredó de su madre, colindando  mediante pared medianera asoma su hijo mayor Luis Miguel, dedicado   a las Matemáticas y fanático a la cría de conejos y en lo que para Luis era techo para su hijo Fidel es el piso de su casa en la segunda planta quien la gestión comercial compone su sueño y realidad. Todos colaboraron de una forma u otra en los muchos años dedicados a la fabricación del tabaco en que se sumergió Luis Delgado, a su largo período en la administración de la tabaquería y al cumplimiento cabal de su deber de padre.
La historia de la fábrica de tabaco, esta sostenida en la vigencia del esfuerzo de los que han laborado en ella, se recuerda a Adalberto Jáuregui, quien fuera lector hasta su retiro, de Enrique Cavada  llamado “maestro de muchos torcedores”, de los fundadores: Alfonzo Guzmán , Mario García, Ismael Peralta, Felipe Oliver, Ramón Ojeda, Carmen Quintana, Osbein Basnuevo, Wilfredo Marrero y de Armando Álvarez , también resulta historia Marta Toscano, Mario Sánchez, Luis Cavada,  Moisés Cabrera y Nicolás Castellano entre otros, además en su haber tiene el orgullo de 12 internacionalistas.
El tabaco es una planta de la familia Solanácea originaria de las Antillas, se conoce en Cuba desde su colonización, por ello las labores al rededor del cultivo, la curación y el torcido han creado una amplia cultura en el país. El sector fabril del tabaco ha contado con una masa obrera tan extendida y masiva que ha condicionado un sindicato fortalecido y de mucho empuje durante las luchas de clases y durante todo el proceso revolucionario. El mérito a cada trabajador tabacalero, se estructura en su aporte técnico al tabaco confeccionado y al aporte patriótico en cada momento de la lucha revolucionaria, ese símbolo de tabaquero no desaparece con la muerte física y en este resumen ofrecemos el homenaje merecido que recuerda a los que fallecieron, anima a los que aun laboran en la tabaquería y reconoce la labor concluida de los jubilados. Aún nos preguntamos por qué a Luis Delgado Echemendía le decían “Manteca”, el mismo nos contestó en vida: ...en el juego de pelota que participaba en mis años mozos, alguien me grito: “Manteca” y el apodo se repitió muchas veces en otros juegos, en fin quede marcado hasta los días de hoy con ese nombre, no hubo una razón específica, imagínate que yo era un superflaco y no hay otro vínculo con el significado de manteca...
Lo siempre curioso es que sus hijos también son llamados “Manteca” como si hubiese que cumplir con el dicho popular “de tal palo tal astilla”.
Finalmente los números resumen de un tabaquero, que con su historia de consagración, evocamos los elogios para todos los tabaqueros cumanayagüenses es: 88 años de existencia a partir de un 11 de noviembre de 1927. 45 años que dedicó a la tabaquería. 22 años dedicados a la administración. 63 años titulados como padre. 22 años dedicados a la labor de jubilado.
Y los muchos años más que le quedan por ser recordado, en fin, un cubano con el mérito de ser tabaquero.


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