Get Adobe Flash player
Página de Inicio Pretextos Obra Literaria de Lucas Armando Espinosa Gutiérrez ¡El vino no es aquí, es al lado...!

¡El vino no es aquí, es al lado...!

Por Armando Espinosa

Cuando digo vino, acudo al diccionario Cervantes  y encuentro como definición: “Bebida alcohólica que resulta de la fermentación de la uva”; entonces me surge la duda si para los tiempos actuales satisface a los fabricantes y consumidores esta concepción.  Propongo para iniciar el comentario redefinir que los vinos criollos o caseros, como se conocen popularmente, se identifican por ser “una bebida alcohólica resultante de la fermentación de frutas, vegetales, cereales, plantas medicinales y otros productos naturales con esta capacidad”. Por esta diversidad es que los vinicultores no producen los  mismos vinos, pues existen preferencias, técnicas y tradiciones que identifican a cada uno.
Se asegura que los mayores productores y comercializadores en el mundo son los países europeos, tales como Italia, España, Alemania y Francia; en los continentes americanos, se destaca EE.UU. por su avanzada tecnología, particularmente en el estado de California.  Cuba ha carecido de esta cultura hacia la producción de los vinos, pero no escapa de los intentos  de algunas producciones locales como las de fruta bomba, piña y de pasas importadas que se han desarrollado en fábricas y embotelladoras de Ciego de Ávila, Sancti Spíritus, La Habana y Pinar del Río, aunque en los últimos años se han creado empresas mixtas con firmas de reconocido prestigio procedentes de Italia y España.
En Cumanayagua las tradiciones de la vinicultura se resumen en las producciones artesanales de la población sin llegar a un desarrollo industrial; existieron personas aisladas que se dedicaron a preparar esta bebida de forma exclusiva y para el consumo familiar, por lo general de una materia prima específica como el vino de uva parra cimarrona, la fruta bomba o la guayaba. Se recuerda que en los años 60 del pasado siglo existían escasos productores; tales son los casos del legendario Vicente Colomar Royos y de Santiago el gallego (famoso panadero por su calidad en el oficio) y algún que otro más. Ya en la década del 80 la relación de productores se hace más numerosa y se destacan más de 40 personas dedicadas a la producción del vino; en los años 90 ocurre una llamada explosión de consumidores y productores, creciendo la demanda de esta exquisita bebida. Vinateros de popularidad local son los nombrados Florito, Bolaños, Rigo, Justo, Pedro el profesor, Teodoro Martínez, Felipe, Luis el violinista, Cora, La China, Sánchez de la Carolina, etc., quienes conforman una relación muy larga.  De esta generación más recientes de vinateros se destacan Loida Ferreiro, Francisco Cobelo, José Utrilla, Gustavo Carrazana, Pedro Yanes y Raúl Pellón, entre otros.
Actualmente la cultura alrededor de los vinos se considera consolidada en cuanto a los niveles de fabricación, a las técnicas de elaboración y a la diversidad de materias primas que se emplean. De este fundamento nos apoyamos para la definición más abarcadora que propusimos inicialmente sobre los vinos populares.
Hablando de vinos, tengo un vecino que es un emblemático vinatero cumanayagüense: Miguel Sabina Castillo.  Hombre servicial, de sonrisa disponible, de constitución delgada y estatura mediana, que con su encorvado caminar arrastra sus preocupaciones y encomiendas, y con su frecuente andar se detiene de vez en vez para explicar a alguna persona  cercana sobre las teorías del vino, de la política o de la gastronomía... Pero encontramos en él con bastante exactitud a un genuino y estable productor de vinos de nuestro territorio.  Tío Lile, como lo apodan familiares y amigos, nos cuenta que se dedica a esta actividad desde 1980, cuando comenzó con pequeñas cantidades de vino de uva parra cimarrona y guayaba; posteriormente, con una mayor experiencia y capacidad de producción, amplió su oferta en variedad, logrando vinos de casi todas las frutas populares conocidas en el territorio; también de arroz, raíces, plantas medicinales y hasta de miel de abejas (hidromiel).
Se  puede asegurar que la mayoría de los vinicultores de Cumanayagua fabrican vino de más de 40 materias primas naturales de diferentes orígenes, así no los confirmó el apodado Florito, vinatero que vivió en Ojo de Agua hasta 1981, en que se mudó para Cumanayagua a raíz de la plaza de farmacéutico que en esta ciudad se le ofertara, oficio  que desempeñó Florentino Naves desde los 15 años y ya cuenta con 68. 
Este afanado grupo de artistas del vino desempeña su vocación como un entretenimiento surgido en el decursar de sus vidas, todos ejercen oficios y profesiones que han alcanzado como centro del sustento para sus familias. Se  dedican a fabricar esta bebida de forma artesanal; algunos con más capacidad de producción que otros, pero todos respetan reglas comunes tales como: la óptima selección de la materia prima, la higiene extrema de todo el proceso de elaboración y el logro de un buen añejamiento.  Se enfrentan a todo el proceso de fabricación solos o con un mínimo de ayudantes, al parecer la tarea les crea una extrema exigencia y un celo por cada acción que realizan en cada fase, es decir, son quisquillosos.  Sabina se apoya en sus hijas Nery y Nelly, quienes además de ayudarle en la elaboración y comercialización, engalanan el servicio con su elegancia física; y hasta su señora Milagros colabora con él cuando lo mira y sonríe en su desesperado deambular, y créame  que  lo calma.
Francisco Bolaños, el conocido vinicultor de la calle Trejo, ha sido un afanado gastronómico desde los 15 años, y aunque trabajó como operador en la Hidroeléctrica del Hanabanilla y es un amante de la pesca deportiva, dice que no abandonará el arte de elaborar los vinos y al parecer está contagiando a los que le rodean con su laboriosidad motivadora y sus experiencias; nos contó que su hija ha obtenido un buen vino de harina de maíz, ¿qué les parece?
Hablando técnicamente de los vinos, se denominan tintos cuando son de color más oscuro; los secos no tienen sabor dulce, los generosos cuando son fuertes y añejos, y se les conoce como de mesa a aquellos vinos ligeros para acompañar las comidas.  De lo anterior se fundamenta la clasificación de vinos blancos de mesa secos; dulces y semidulces, así como los tintos secos, semisecos y dulces. Todos los vinos en su proceso de fabricación transitan por tres fases bien definidas; la primera, que es la obtención del mosto o preparación del caldo que abarca la selección y lavado de la materia prima, su mullido y el depósito  en los recipientes; la segunda, que comprende la fermentación alcohólica del mosto que ocurre espontáneamente, en los primeros 12 días de forma tumultuosa, pasando paulatinamente a una fermentación lenta que es interrumpida con la extracción del vino de los recipientes: y la tercera,  que es la conservación a partir de su filtrado y posterior añejamiento. La vinificación concluye con una composición aproximada del 65-75% de agua, un 6-16 % de alcohol etílico y variables cantidades de ácidos, sales y sustancias albuminoides que puede variar si se modifica el proceso de fermentación.
Tanto para las avanzadas tecnologías como para la elaboración artesanal se cumplen todas las fases antes comentadas y el toque personal de cada vinatero es la genuinidad alcanzada. Comenta Florito que: “...el mejor vino que he logrado es  tinto de uva parra cimarrona... ”; y agrega: “...el vino es una bebida muy sana, recomiendo una copita de vino tinto diariamente ...” Sabina, además del vino de uva parra, logra obtener un buen vino de guayaba y completa su comentario diciendo: “...dedico los logros para todos los que durante todos estos años creyeron en nosotros. Bolaños nos dice a modo de triunfo: “...el mejor vino que fabrico es el de piña, pero el que más le gusta a la población es el de uva parra dulce, que también obtengo con buena calidad...” Como sello a las opiniones de logros, comenta el carismático Rigoberto Ramón Cruz de la Rosa (Rigo): “…obtengo buenos vinos de zarzaparrilla (bejuco chino), de jengibre y de remolacha, aunque mis experimentos con la uva mora son bastantes aceptables.  Hablar del vino de uva parra cimarrona es casi practicar con una fruta muy noble, es decir, ella misma te ayuda a que el vino quede bueno...”  Este vinicultor es economista desde 1969 y se dedica a la elaboración de los vinos desde 1981 y tiene como ayudante a su hijo Yosmany, del cual comenta “...sabe tanto de los vinos como yo”.  Rigoberto nos brinda una copita de vino de uva mora, empina su mirada al infinito y, gesticulando artísticamente con sus manos, me dice “...el que entra al mundo de la elaboración de los vinos no puede salirse de él, lo digo porque la constante experimentación, las expectativas y el deseo al éxito por cada porrón de vino te amarra a continuar...” Y no concluye su comentario sino cuando expresa su agradecimiento al profesor Manuel Nieblas (exdirector municipal de cultura), quien siempre estuvo del lado de los vinicultores.
En los años 90 se logró agrupar a los vinicultores en una Asociación Municipal que, auspiciada por el Museo, al experimentado Francisco Santiago Bolaños Suárez como su Presidente y a otro esmerado de la vinicultura: Teodoro Martínez, como Vicepresidente. Nos cuenta el propio Bolaños que en sus inicios el grupo logró vincular sus producciones a la gestión comercial de la Empresa de Gastronomía;  pero en general las actividades de la Asociación no pasaron más allá de los dos años, en que todo quedó desatendido a raíz de la salida de Antonio Marchante Molina del cargo de Presidente del Poder Popular, quien en su accionar personal prestó siempre una atención constante a los vinateros.  De aquel entonces a la actualidad no se ha logrado un apoyo institucional estable que facilitara el fortalecimiento y la gestión del grupo como parte de la cultura comunitaria. Muchos continuaron con la elaboración de sus vinos, logrando niveles cuantitativos y cualitativos muy diferenciados a partir de las posibilidades individuales; no obstante, surgieron nuevos artistas de la vinicultura en Cumanayagua y se logró ocupar un espacio dedicado a los vinos en cada Jornada de la Cultura que se ha realizado anualmente. Desde el año 2008 la agricultura urbana pasó a ser la institución encargada de atender esta actividad, la que en un breve tiempo ha desarrollado su capacidad e interés por satisfacer la demanda de la población en un clima de calidad y belleza para cada lugar donde se ofertan los vinos caseros. 
De la rica historia de los vinos caseros de Cumanayagua apenas se conserva algo escrito, todo se transmite de poblador a poblador y a veces solo se posee algún plegable de 4 páginas.  Las colecciones son también escasas. Solo conocemos las que guarda Sabina, preparada a lo largo de los últimos 25 años con la identificación de 120 vinos fabricados por él.  Es una necesidad salvar esta parte histórica con sus técnicas, fotos, materiales de consulta y muestrario para transmitirlas a futuras generaciones.
Se define como vino de honor, aquel vino ofrecido a un personaje importante como homenaje.  Aprovecho la ocasión para brindar con él en honor a todos los vinicultores de Cumanayagua, bien recordando a los fallecidos como sonriendo a los que se desempeñan en la actualidad, pero también animando a los que en algún momento hicimos el intento por elaborar un vino, así como invitar a la reflexión a todos los que de  alguna manera intervienen en consolidar y fomentar esta vocación, y acentuó un fragmento de agradecimiento expresado en un escrito de Miguel Sabina: “...a nuestros colegas vinicultores y también para los amigos con los cuales hemos compartido ideas y criterios que nos han ayudado a superar errores y dificultades...”
Resulta difícil mencionar a todos los que se dedicaron y se dedican actualmente a la elaboración de vinos; sería monótono citar todas las materias primas que se utilizan y resultaría fuera de objetivo detallar el tecnicismo y la teoría de una actividad humana tan legendaria; sin embargo del individuo como parte de la comunidad quisiéramos decirlo todo y cabe una frase más: ¡Si realmente vives, agrada el paladar de cada ciudadano que integra este pueblo ofreciéndole tu vino!
Mi anécdota final es que, en varias noches tratando de conciliar el sueño, han tocado a mi puerta con una llamada insistente, reiterativa y una palabra común: “¡Sabina, Sabina...!”, y no he tenido otra alternativa que gritar: “¡El vino es al lado...!”



Fuentes biográficas e informativas:


Coloquio con los vinicultores Miguel Sabina Castillo, Florentino Naves, Rigoberto Ramón Cruz de la Rosa y Francisco Santiago Bolaños Suárez.

Vinos caseros. Seminario de 5 páginas (anónimo).

Vinos caseros. Autor: Miguel Sabina Castillo.

 

Formulario de Acceso


Síguenos en...




¿Quién está en línea?

Tenemos 23 invitados conectado(s)

Contador de visitas

mod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_counter
mod_vvisit_counterHoy433
mod_vvisit_counterAyer428
mod_vvisit_counterEsta semana2203
mod_vvisit_counterEste mes7363
mod_vvisit_counterHasta la fecha878416

  • AlasCUBA
  • Revista la Alcazaba
  • Azurina
  • Cinosargo
  • Cuba Literaria
  • Cubarte
  • EcuRed
  • El Caimán Barbudo
  • Haciendo Almas
  • Il Convivio
  • La Jiribilla
  • Lettres de Cuba
  • Museo Nacional de Bellas Artes
  • Palabras Diversas
  • Poetas del Mundo
  • Red Mundial de Escritores en Español
  • Revista de Cine cubano
  • Unión de Escritores y Artistas de Cuba
  • Teatro de los Elementos
  • Revista Digital Guaitiní, Miami