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Plantación azucarera. Punto de partida de la africanidad

Por Katia Chávez


La plantación azucarera está estrechamente ligada al surgimiento de esta localidad por lo que sus pobladores son el resultado del sudor abonado en cañaverales y ricas tradiciones: africanas, haitianas,españolas, francesas y chinas.
Desde 1523 se comienza a hablar del cultivo de la caña en Cuba cuando la Real Hacienda hacía préstamos por $4000.00 a personas honradas que quisieran abrir ingenios con la obligación de devolverlos a los dos años. En 1535 el Consejo de Indias apoyó la solicitud de Hernando de Castro pidiendo hacer un ingenio, el primero de la Isla, siempre que se le concediese licencia para introducir cincuenta negros libres de derechos, lo cual refleja la indisoluble relación existente entre la plantación azucarera y la esclavitud.
Pequeños bateyes descubren la presencia de Marqueses y Condes fieles a la Corona española que explotaron la fertilidad de nuestras tierras e implantaron el sufrimiento de la esclavitud en esta isla.
La producción de azúcar aparece como coordenada cero en el Partido Judicial de Palmillas en 1784 representado por un pequeño trapiche cuya producción fundamental eran raspaduras y mieles.
En 1798 Monte Alto era un pequeño batey pero también molió para producir azúcar y se nombró el trapiche Raspadura, solo existía una Casa de tejas, su dueño: señor Don Juan López.
El primer núcleo poblacional conocido es el de palmillas, fundado en 1818. Este caserío se fomentó en terrenos del hato Las Guásimas, contaba con doscientos dieciocho habitantes, sus casas eran fundamentalmente de madera y tejas, de embarrado. En 1819 se erigió la iglesia La Candelaria como tenencia auxiliar de Guamuta. El 14 de febrero se realizó el primer bautizo de personas blancas, el 11 de junio se efectuó el primer matrimonio y el 6 de noviembre de ese mismo año se celebra el primer bautizo de pardos y morenos.
En 1823 se crea Palmillas como cabeza de Partido separándose de Guamuta y Ceja de Pablo al que pertenecía quedando constituido por el pueblo de su nombre el caserío de Nueva Bermeja. El mérito de la urbanización de este poblado es significativo aun cuando su arquitectura es importada de los colonizadores españoles.
El poblado de Macagua comienza su creación en el año 1835 en el terreno del señor Antonio Ojito Hurtado. Pero va adquiriendo mayor importancia en el período de 1840 y hasta 1852 con la llegada del ferrocarril nombrado Ramal Júcaro que partía de Cárdenas y llegaba hasta Guerrero, el mismo permitió solidificarlo como Partido Judicial La Macagua, pero no es hasta el año 1879 que se oficializa su ayuntamiento.
El 2 de mayo de 1898 se traslada definitivamente la cabecera municipal al poblado de Los Arabos, por la expansión de la industria azucarera y la llegada del ferrocarril en 1852 se construye la estación en un lugar próximo, donde predominan los árboles de Arabos.
Las primeras tentativas para aplicar las máquinas de vapor y mover los trapiches de los ingenios datan de los últimos años del siglo XVIII y se debieron al Conde de Casamontalvo, este formó parte de una comisión junto a Arango en 1792 para el estudio de la industria azucarera en el exterior, visitaron Gran Bretaña y allí Casamontalvo encargó la construcción de una máquina de vapor con el propósito de instalarla en uno de sus ingenios de Cuba.
El Conde murió antes de realizar su proyecto, no regresó. Se continuó por algunos años el empleo de la tracción animal para mover los trapiches. A partir de la tercera década del siglo se generalizaron las máquinas de vapor en los ingenios, a su vez se introdujo la variedad de caña Otahití en 1798, procedente de Antilla dinamarquesa de Santa Cruz.
En noviembre de 1791 llegaron las noticias de la catástrofe haitiana y el joven abogado habanero Don Francisco Arango y Parreño se encontraba en Madrid, gestionando asuntos de interés para el ayuntamiento de La Habana, en su carácter de Apoderado General del mismo. Se dio cuenta de la importancia que tenía para Cuba la ruina de Haití y concibió el proyecto de aprovechar la oportunidad para promover el rápido desarrollo de nuestra producción.
En 1827 se produce en Matanzas el veinticinco por ciento del azúcar cubana y con este crecimiento vertiginoso se comienza a pensar en el ferrocarril cardenense. En 1857 el azúcar de Cárdenas, Matanzas y Colón representa el cincuenta y cinco o cincuenta y seis por ciento de la producción total de la isla. Según Iglesias García es la zona de Cuba más desarrollada desde el punto de vista técnico y representan los ingenios más productivos
En aquel momento se dividía en dos partidos judiciales Palmilla y Macagua donde existían ingenios como: Reserva y Sociedad, perteneciente a los Condes Mompié y Jaruco respectivamente, el primero en la zona que molió con máquinas de vapor; FranciscoArango propiedad de Francisco Arango y Parreño.
Muro propiedad de Don Juan Lucas, posteriormente Dulce Nombre de Jesús y más tarde Zorrilla; Caridad de Don José Bacallao, Occitania de Guillermo Himelys. San Luciano o San Francisco del Sr Conde de Orelly, Santa Rosalía de Don José Delgado Uribazo, Recompensa de Don Felipe Zuaznábar y Artce, La Chilena perteneciente a Don Julian Arango y Don Francisco Arango; Santa Teresa de Agüica, propiedad del Conde de Fernandina; Álava propiedad de Don Julian Zulueta perteneciente al partido de Macagua.
El gran Ingenio Ponina, perteneciente al Partido Judicial Palmillas, era abanderado en el alto número de esclavos chinos y su dueño se llamaba Fernando Diago, uno de los más grandes productores de 1860. Aguedita propiedad de los señores Rosell y Malpica, también con un elevado volumen de producción.
En el año 1859 el Partido de Macagua poseía veinte seis ingenios, todos dotados de máquinas de vapor y ochocientas sesenta y una caballerías de caña;  mientras que en el Partido de Palmillas existían doce ingenios, con once máquinas de vapor en un área de doscientas treinta y ocho caballerías de caña. Lo que hoy representaría en nuestro municipio un total de treinta y ocho ingenios con un área de mil noventa y nueve caballerías de caña.
En la zafra de 1859-1860 se alcanza una producción de cajas aproximada en estos partidos de ciento veintiocho mil ochocientos veintitrés, el mayor volumen de azúcar de toda la zona y alta tecnología.
Aparejado a esto cabe mencionar la cantidad de esclavos que importaban de diferentes lugares del mundo: africanos y más tarde chinos. En 1841 en el partido de Palmillas existían 193 habitantes, cifra que asciende a 243 en 1846.
Los esclavos son importados y mezclados a partir de diferentes etnias, predominan en Macagua esclavos provenientes de Guinea Bissau y en Palmillas del Congo. En el Partido de Macagua la población esclava representaba el 65,9%, mientras que en Palmillas el 34,1%.
El ingenio Álava poseía seiscientos hacinados, el ingenio Ponina tenía quinientos, donde más del 30 % eran asiáticos, el Santa Teresa de Agüica, ubicado en el Partido de Palmillas, poseía una dotación de trescientos ochenta esclavos.
Existieron otros ingenios de menor producción como: Desquite, Conclusión, Marquesita, Salvador, Destino, Covadonga, La Paz de San Juan, Carmelo, San Felipe y Soledad.
En Matanzas la zafra de 1915- 1916 molieron cuarenta y un ingenios que produjeron 635261 ton de azúcar, de ellos catorce pertenecen a nuestra zona. Se mantienen moliendo: Conchita, Álava, Tinguaro, Santa Gertrudis, Progreso, Soledad, Reglita, Santo Domingo, Santa Rita, Por Fuerza, Arango, Aguedita, Dulce Nombre de Jesús y Porvenir.
El siglo XX continúa con el principal renglón de nuestra economía, el cultivo de  la caña  de azúcar, que es molida en el ingenio “Zorrilla” (antiguo Dulce Nombre de Jesús) único en el territorio en el año1927. En la fecha de producción de éste su capacidad de molida era de 54 587 sacos de azúcar. Producto que se embarcó hacia los Estados Unidos por el puerto de Cárdenas. Este ingenio estaba preparado o equipado para hacer azúcar blanca, tipo “Lousiana” por el proceso de sulficación
La dotación de Aguedita no vivió situación distinta a los esclavos de otros contemporáneos. Los dueños construyeron un enorme y majestuoso barracón (con número de inventario en el Museo Clotilde García la arquitectura casi similar a la de un templo religioso.
Estos eran cuadrados con una sola entrada, las paredes eran de mampuesto, tenían poca ventilación y muy pocos vanos (puertas y ventanas), en el centro del edificio se erigía una gran iglesia: La Caridad del Cobre, importada de la religión española. El barracón era un verdadero cuartel, por lo común no muy en relación con el número de habitantes.
En la dotación de Aguedita los lucumí (yoruba) representaban el 80% de los esclavos. Esta cultura es considerada como la más abundante en Cuba, procedentes de la región denominada Ulcumí al norte de Benin, casi en los deltas del Níger; se considera un pueblo poderoso y fuerte.
Estos esclavos trajeron consigo sus costumbres, tradiciones y ritos religiosos, se les permitía hacer celebraciones a sus orishas con toque de bembé. También al comenzar cada molienda hacían rituales: ruedas al compás del tambor, acompañados por el mayoral, el santero y hasta se comenta de un majá que todos en la dotación se pasaban por su cuerpo, en señal de buena salud y gran producción.
Eweibeyi orose origina a partir de los esclavos del ingenio Aguedita que mantienen su tradición de generación en generación, con las características especiales que sus integrantes son familia. Los jimaguas son una característica distintiva, han existido 39 pares de jimaguas y uno trillizos.
La religiosidad que se practica en esta casa surge de los barracones con la existencia de dos Capataces de Santo: Aró  Alagüé que poseía Oyá y Echúbi que poseía a Eleguá. Este legado trasciende a Alejandro Torriente (congo) que realizó iniciaciones de Ogún y ErnestaRosell (ibeyi).
El grupo  Eweibeyi oro, mantiene un rico caudal de tradiciones de origen africano, que allí se conservan y practican. Los instrumentos que utilizan son tres tambores, cencerro, chequeré y güiro chino.Este pertenece a la Casa Templo, tiene su fundamento de Santo. Los integrantes se vinculan familiarmente, poseen vestuarios propios (ya no los usan). Conservan los principales rituales y cantan en la lengua de los iniciadores del asiento religioso.
La Casa Templo del Poblado de Macagua se fundó en 1902 por Ma Clementina Zuaznábar Martínez (nombre de princesa) esclava proveniente de Guinea Bissau, era lucumí  y su fundamento lo trajo de su tierra. Ma Clementina llegó a este suelo en compañía de un hermano que compraron y lo trasladaron hacia la región oriental. Ella  vivió hasta los 114 años.
Al morir Clementina la sucedió su hija Ma Paulina Zuaznábar Martínez quien vivía en Colón y se trasladó para Macagua para asumir su responsabilidad, luego la sucedió Alejandra Martínez Zuaznábar y Grabiela Martínez Zuaznábar (Gaella), más tarde Lucía Abadesa Martínez, posteriormente Zenen Martínez.
Las ceremonias comenzaban lanzando arroz crudo por el pueblo, se realizan erbó con animales y frutas, se hacen misas espirituales y toque de cajón a los muertos. A partir de las doce de la noche se ejecutan las ofrendas a los orishas y comidas para los `pobladores. A las tres de la tarde se reparten las comidas en dos filas: una de niños, otra para los adultos. En la noche, los tambores repican a las nueve, siempre con cantos lucumí (iboré, iboré a coroná mira wa). Antiguamente la comida se repartía en hojas de plátano o de malanga, a veces cartuchos.
Cuando existía Ma Paulina la cargaban en hombros y ella hacía rezos por el pueblo a Obatalá, los tambores repicaban tan fuerte que se escuchaban en todo el pueblo, esto se realizaba cuando existían problemas o sequías.
Se cocinaban tres tipos de arroz: moro, amarillo y blanco en tres palanganas, los niños debían tomar un puñado y comerlo. El que no apetecían lo botaban en una manta blanca que se extendía en el suelo.
Se puede percibir cómo desde sus orígenes se diferencian ambas casas templo en cuanto a sus costumbres, religiosidad y hasta en las características étnicas. Todo esto propiciado por su proveniencia, además de su desarrollo posterior.
La casa templo de Macagua  se ubica al norte de la cabecera municipal y Aguedita al sur. Aun cuando todos los pobladores comparten sus ritos, cada una tiene sus particularidades.
La casa templo de Aguedita ha demostrado su autenticidad, pues no coincide con las características que se manifiestan por otros autores para los ibeyi. Lo que demuestra la importancia de potenciar la conservación de este patrimonio inmaterial.
Se constató el nivel de deterioro que poseen estas Casas Templos y la necesidad de contribuir en su restauración para continuar con esta rica herencia.
Estas comunidades representan un símbolo de identidad, pues han demostrado que el paso de los años no deteriora las costumbres, solo las modifica. Conservando aquello que merezca inmortalizarse.

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