Get Adobe Flash player
Página de Inicio Pretextos Obra Literaria de Katia Chávez Díaz La sazón del ajiaco arabense, el aderezo de la cubanía

La sazón del ajiaco arabense, el aderezo de la cubanía

Por Katia Chávez

La oralidad es el resultado del imaginario o historia de personalidades que el pueblo reconoce como propios, el lenguaje es el resultado de expresiones que enriquecen el sentimiento de pertenencia a un espacio o lugar y se enfatizan cuando ruedan de voz en voz por la memoria de un pueblo.  Pablo Neruda lo confirma en su frase: “Las lenguas, como la vocación, como la amistad, como el amor, esas grandes experiencias humanas, necesita ser cuidada y respetada para durar, crecer y mejorar”.
Las tradiciones orales ofrecen un sentido de arraigo al tiempo en que ocurrieron, como un recuerdo placentero y a la vez profundo. Se comparten, son el conjunto de experiencias populares, como salida a un determinado problema.
El arte de la creación es el arte de la necesidad, entiéndase como arte la manera ingeniosa de satisfacer una necesidad. Como se diría en buen cubano: “Cuando aprieta el zapato”.
Se crea cuando se expresa contemplación, sentimientos, imaginación, en el caso de la oralidad se emplean maneras jocosas en forma musical o rimadas para que sean recordadas. El octosílabo es una actitud de emplear el lenguaje, o sea un estilo de hablar. Para la expresión se utilizan recursos literarios mínimos pero con profundidad emocional.  

Dichos arabenses

Sobre lo viejo:

“Eres más viejo que el callejón de Guachinango”. (Guachinango es un vocablo de origen mexicano con el cual se nombró un asentamiento rural arabense ubicado en la zona norte).
“Eres más viejo que el jucaral de Arango”. (Hace referencia a una arboleda de júcaros, en poblado rural ubicado en la parte sur de Los Arabos, que debe su nombre a Francisco Arango).
Sobre el retraso:

“Siempre estás atrás como el minguino”. (El minguino fue un transporte ferroviario pequeño, entre Los Arabos y la ciudad de Cárdenas, pero su horario presentaba retraso con frecuencia).
“Se ahoga el puerco y Pepe no llega”.

Sobre frecuentar la funeraria:

“Estás igual que Julio Arango” (Este señor, como pasaba las noches sin dormir, se iba a la funeraria en compañía de los dolientes).
Cuando algo sale mal:
“¡Manda trapos!” (Esta expresión la empleaba Gerardo Caballero, policía y chofer que llevaba a Matanzas a las mujeres, al Hospital de Maternidad para dar a luz. Este gritaba a los familiares: “¡Manda trapos a Maternidad”, y también: “¡A llorar a Maternidad!”)

Cuando alguien llega tarde a la repartición:

“¡Ibas, Severo!” (Severo y Mimo eran dos amigos de juergas, compartían al beber. Una de esas veces, uno se encontraba distante del otro, los separaba una calle. Severo observó que Mimo llevaba una botella de aguardiente de caña en sus manos, pero que ya contenía poco, y le grita: “¡Voy, Mimo!” En ese instante Mimo se empina la botella y se bebe todo cuanto quedaba. Cuando termina le responde: “¡Ibas, Severo! Esta anécdota se volvió tan popular que hasta se convirtió en un dicho).
Sobre algún secreteo:

“En este rebullón se está cocinando algo”. (Cuando en las oficinas, las personas cuchicheaban)

Para referirse a un tacaño:

“Está aguanta’o”. (Esta expresión se refiere en particular a un personaje tacaño que no quisimos nombrar)

Sobre algo insólito:

“Yo no dudo nada desde que el isleño se tragó el taburete”. (Cuentan sobre un isleño que decía haberse tragado un taburete y luego lo había defecado hecho tiritas).

Sobre los apellidos:

“Entre Chávez y Lugo te veré”. (Surge por la abundancia de estos apellidos, además de significar algo que no sirve).

Sobre las personas presumidas:

“Estas como el cornetín de Los Arabos”. (Antonio Núñez Rodríguez la refiere como expresión empleada fuera de los límites de Los Arabos, pero este señor existió y su nombre era Landín Corrales, vivía frente a la primera estación de ferrocarriles de esta localidad y pasaba el tiempo tocando su cornetín, aunque refieren los pobladores que su instrumento en la orquesta era el piano)(Se refiere a un señor que fue a una barbería a La Habana y hablaban sobre músicos famosos y se le ocurre preguntar: ¿Qué se decía sobre el “Cornetín de Los Arabos”? A lo que el barbero, sin saber que quien hacía la pregunta era el mismo por el que preguntaba, responde: “De ese comemierda no se dice nada”).

“¡A colá!” (Expresión que usan los pobladores de Zorrilla, asentamiento rural arabense donde existía un coloso ingenio azucarero. Cuando Fulgencio Batista se encontraba en el poder su gobierno era sangriento y sus guardias reprimían al pueblo. Al ver venir los guardias las personas exclamaban: “¡A colá!”, y corrían a esconderse debajo de la cama).
“Lo mismo chifla la olla con un garbanzo que con dos latas”.
“¡Y deja que la perra coma azúcar!”
“¿Quién le coge el narigón al tren caminando?”
“¡Bien, cará!” (Esta expresión fue empleada por Arturo Morales al darle la noticia del fallecimiento de un amigo. La cual, le reportó una bofetada del doliente. Desde entonces es muy utilizada).
“Deja al muchacho que está como Sánchez Fijeras” (Coronel del Ejército Libertador al que se le atribuye la frase: “¡Palante  y palante!”)

Cuando alguien se ve enojado:

¡Vienes chiflando como majá cuqueado!

Otros:

“Juan Gómez lo trae y Juan Gómez se lo come”.
“San Blas ya comiste, ya te vas”.
“No se va, hasta que no le echa el caldo a los perros”.
“No se va, hasta que no se come la raspita”.
“Ahora sí la puerca torció el rabo”.
- Eso te pasó por chula y sata.
“Cuando tú no estés que me amarren a la pata de la mesa”.
“Estás descosí’a”. (Dícese de una persona que come mucho).

Estos versos refieren los pobladores, surgió de la primera vez que se vio un avión en el cielo:

Cole Francisca volando
tranca puelta, tranca tó
tú mete abajo fogó
que la mundo se ‘ta acabando
y un buey viene volando.

Décimas populares:

Yo vi una rana dulcera
vendiendo dulce de maní.
Y también vi una lombriz
que era maestra de escuela,
una pulga costurera,
un piojo afeitando un grillo
y una banda de piojillos
que parecían ladrones.
Cósete los pantalones
que no tienes calzoncillos.

Convidé al perro Trabuco
al monte a cazar jutía.
Me dijo que no podía
correr entre los bejucos.
Yo le dije: “Yo te busco
un monte claro y espeso”.
Me dijo que no es por eso:
“Te voy a decir lo que pasa,
tú te comes la masa
y me tiras el hueso”.

Caballero yo me voy
que tengo la casa sola.
Mis hijos y mi señora
no saben pa donde estoy.
Ella me dijo que hoy
iba a casa de su mamá,
la pobrecita estará
como centinela alerta.
Siempre parada en la puerta
diciendo: ¿Cuándo vendrá?

Se me ha roto la carreta,
los bueyes se están muriendo.
La casa se está cayendo
y yo estoy sin camiseta.
Se murió la chiva prieta,
el gallo, el perro y el gato.
Ya me queda un solo plato,
la mesa y un taburete.
Las polainas y el machete
el curvo y el garabato.

Estos versos fueron compuestos para Manuel Díaz, el barbero de Aguedita, en 1900:

Al gallego Manuel Díaz
se le subió la borrachera.
Le rompió la cafetera
en la cabeza a Lucía
y Perfectico corría
por dentro de los chiqueros,
Dos Gracias, con miedo decía:
¡Que se acabe el mundo entero!

Chiste

Severo, una persona muy reconocida de este pueblo, se desempeñaba como limpiabotas. Cierta vez un señor con sus zapatos sucios, llegó a sentarse en su sillón y este le rectificó: “¡Oye, guajiro, bájate, yo limpio zapatos, no mierda!”

Cuento de tesoros


Cuentan que en el poblado de Agüica hay un tesoro enterrado. Si van dos personas a buscarlo, solo quedará con vida uno de ellos, el otro morirá.

Cuento de aparecidos

Los tractoristas, hace algunos años a altas horas de la noche, tomaban el camino de San José a Guerrero y montaba una mujer vestida de blanco, nunca se le pudo ver el rostro. Esto ocurría en dos matas de Manga Blanca.
Antiguamente en ese lugar había un batey que se llamaba Ichy, como llaman hoy a las matas de mango (las mangas de Ichy). Esta imagen de mujer aparecía y desaparecía en el puente llamado: El puente de Blanca Barceló. La señora en otros tiempos se dedicó a la psicología espiritual de las personas enfermas, principalmente de los niños. Les recetaba remedios, todos elaborados a partir de hierbas que existían en el tramo del camino donde después empezó a aparecer esa imagen.

Cuentos de Cuco Baclán o Bombillo

En este pueblo vivía un señor muy elegante, se dedicaba a la barbería, lo llamaban Cuco Baclán. Fue escribano del Banco Areces en Colón, además bodeguero. Su vocabulario era muy rico y presumía de un gran bigote que no reflejaba su edad, pues se lo pintaba de negro (con betún o carbón). Este, bajo el sol de agosto, siempre lucía una camisa blanca bien abotonada, corbata, saco negro y un sombrero. Era todo un personaje, pero necesitaba alcohol  para andar, no importaba que fuera de 90 grados o de 180.
En una ocasión cayó en una zanja hasta la cintura, le cubría el lodo y él forcejeaba para salir pero con su mareo le era imposible. Entonces fueron en busca de su padre Felino, que hablaba con serenidad y benevolencia: “Cuco, hijito, por favor sal de ahí, levántate”. Mientras Cuco insistía en chapaletear. Ya cansado le responde: “Viejo, creo que van a tener que buscar un tractor para sacarme porque yo no puedo”.
Otra ocasión René Horta Cortiza, uno de sus vecinos, lo ve zigzagueando y al pasar por su lado le dice una frase que se la adjudica a Blas Roca: “El hombre que bebe pierde el concepto, la moral y el civismo”, a lo que Cuco le riposta: "Y al que se meta en mi vida, me cago en su madre”, luego le pone su firma: Cuco Baclán”.  

Cuento de Tíbiri


Tíbiri era otro personaje singular, al nacer padeció alguna enfermedad que no permitió que sus piernas le funcionaran. Empleaba sus manos a fondo para su locomoción, por lo que se ponía guantes y unas alpargatas en los pies. Cuentan que tenía problemas con otro que le apodaban “Mosquito”, este vivía en el poblado de Macagua.
A lo lejos, Tíbiri observa a un señor alto, robusto con las características del antes mencionado. Lo sorprende, lo agarra por los pies y lo tira al suelo. Los espectadores se alarmaron por el estruendo. Este se pone de pie aturdido y lo abofetea. A lo que este responde asombrado: ¡Disculpe Baltazar, me equivoqué de negro!

Katia Chávez Díaz (Matanzas, 1971). Poetisa, ensayista y narradora. Ingeniera Agrónoma Integral. Profesora Asistente de la Filial Universitaria Municipal (FUM) de Los Arabos, Matanzas, donde reside. Comunicadora de los Órganos del Poder Popular en Los Arabos. Asesora el Proyecto Sociocultural Comunitario “La Edad de Oro”, integrado por adultos mayores. Ha obtenido diferentes premios y reconocimientos municipales, provinciales y nacionales en todos los géneros literarios que cultiva. Trabajos suyos aparecen en diferentes publicaciones digitales y en formato de papel.

 

 

Formulario de Acceso


Síguenos en...




¿Quién está en línea?

Tenemos 32 invitados conectado(s)

Contador de visitas

mod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_counter
mod_vvisit_counterHoy237
mod_vvisit_counterAyer520
mod_vvisit_counterEsta semana1236
mod_vvisit_counterEste mes12838
mod_vvisit_counterHasta la fecha755797

  • AlasCUBA
  • Revista la Alcazaba
  • Azurina
  • Cinosargo
  • Cuba Literaria
  • Cubarte
  • EcuRed
  • El Caimán Barbudo
  • Haciendo Almas
  • Il Convivio
  • La Jiribilla
  • Lettres de Cuba
  • Museo Nacional de Bellas Artes
  • Palabras Diversas
  • Poetas del Mundo
  • Red Mundial de Escritores en Español
  • Revista de Cine cubano
  • Unión de Escritores y Artistas de Cuba
  • Teatro de los Elementos
  • Revista Digital Guaitiní, Miami