Por Raiza Olivera

Tengo el verso cansado,
se recostó a meditar
porque no ha vuelto a soñar
desde el silencio estallado

Mira sin cesar la cumbre
Busca la razón perdida
Desdice el número, partida
Tantas hojas como herrumbre

Sobre los ojos de un viejo
Que cuenta las cicatrices,
Las sangrantes, hondas, grises,
Y no contesta el ovillejo

Qué será después, mañana
Cuándo será que volvamos
A recobrarnos, y hagamos
Una gran fiesta cubana!


II

Se ha quedado taciturno
Como quien piensa y se inmola
como que lo arrastra la ola
En largo vaivén nocturno.

Los adioses se interponen
Para la felicidad, y tejen
Otra patria, se protegen
En el empeño, suponen

Mayores, duras tristezas
De nuestra familia insular
Que necesita el ulular
De pinos. Brisas espesas

Que despeinen estas palmas.
Trazan, deshacen el hueso,
O corroen como a queso
las raíces de las almas.


III

Esos dramas lo despiertan
No le permiten sosiego
Le dejan en punto ciego
Cuando las voces alertan.

Ya no quiere, ya no quiere
salir desde mi palabra
Dormir desea, espera el abra
La luz que los ojos hiere.

Yo me despido de él, saludo
As-Salaam-Alaikum donde
Todo el rezo se esconde
Crece la fe, testigo mudo.

Voy caminante hacia el sol,
lo dejo extenuado ahí
Deseo que vuelva en sí
Y prenda con sangre el farol.