No es un ángel el que pasa

Por Yamilka González

El silencio puede muchas veces gritar palabras, mostrar emociones, perpetuar el momento, expresar respeto. El recorrido de la caravana victoriosa por Cienfuegos, la que lleva al invicto Comandante a su morada final, deja a su paso una estela de sentimientos encontrados, al decir de un periodista, testigo ocular de la llegada a cada pueblo, es la ciudad marina donde ha recibido los victorees mas intensos.
La Perla Sureña vistió su traje de dolor para recibir al hombre fiel que no la olvidó cuando triunfante en el cincuenta y nueve desvió su curso por la isla para rendir tributo a los caídos aquel convulso cinco de septiembre; habló a la gente de aquella bella urbe bañada de mar, por testigo un Marti orgulloso de este hombre joven, leal, inteligente, líder, barbudo, Fidel.
Las notas del Himno Nacional, el adiós Comandante, el saludo de mando, la lágrima, la consternación, el momento fugaz de verlo pasar envuelto en la bandera que tanto amó, con el olor del cedro que lo guarda…
Salió de la Habana inundado de sol, llegó a Cienfuegos  bañado de luna, esa que tantas noches admiró en su techo de estrellas allá en la Sierra Maestra, la misma que lo acompañó en sus desvelos por traer a cada cubano un mejor porvenir. ¡Descansa en paz!, tu deuda con la humanidad está saldada; los que te seguimos te saludan, y cuando el mundo sienta nuestro silencio no es un ángel el que pasa: es Fidel.