Pedagogos del siglo XX

Por Aleida Aguilera

“Soy todo rasgos de tinta sobre unas páginas en blanco, solo quiero acercarme a ti  para develarte los secretos hallados en el tiempo… Entra conmigo a este recodo de los tiempos y arriésgate a viajar mentalmente con la profesora Magali Antonia Toledo García”.

Si usted pregunta a Magali por sus resultados como educadora, seguramente hará un mohín de naturalidad y casi le parecerá que no ha hecho nada; pero si interroga  a sus compañeros de trabajo, a sus alumnos de tantas generaciones,  las respuestas serían muy diferentes: “Una de mis mejores profesoras”, “la quiero como a mi  propia madre”, “la que me ha motivado a estudiar Medicina “, “un ejemplo a seguir…”
Aquella muchachita delgaducha, pero diligente, nació en Cienfuegos el 18 de enero de 1951, hija de Ernesto e Hilda. Se formó en una escuela de monjas y al parecer de ellas heredó esa rectitud en su carácter, esa severidad en sus maneras,  que a primera vista engaña. Quizás su amor humano perceptible en la más intrascendental charla, despertó  su vocación por ser médico; pero cuando fue ganadora en noveno grado del concurso provincial de Física, supo que “su suerte estaba echada” y que desde siempre sería maestra .Por eso con sólo quince años,  vistió su saya verde olivo, su blusa gris y matriculó la carrera profesoral en la Universidad Central de las Villas.
La necesidad de conjugar la teoría con la práctica, principio básico de la educación en todos los tiempos, la lleva al aula por primera vez con sólo dieciséis años como parte de su práctica laboral; sin embargo sus discípulos le superaban con creces su edad y tamaño. En su memoria queda grabada  la imagen de aquellos en las clases  de Botánica: “…Los recuerdo muy bien, qué maestro puede olvidar sus primeros alumnos, su primera clase”. Aquella noche de 1967 Fidel leyó públicamente la carta de despedida del Che. “La tristeza me embargaba y aquellas palabras fortalecieron mi espíritu: (En una revolución se triunfa o se muere, si es verdadera.)”
Cuando cursaba el tercer año de la Carrera y a petición de la Universidad  tiene que interrumpir sus estudios regulares para prestar servicios en Pitajones, provincia de Sancti Spíritus,  en el Secundario Básico Conrado Benítez, con la condición de asistir una sola vez semanalmente a la Universidad, para actualizar la docencia y realizar las evaluaciones pertinentes. Lo que para algunos hubiera sido imposible de cumplir, pues implicaba sacrificios extremos: madrugadas frías, enlaces de ómnibus para el traslado, trayectos de nueve kilómetros a pie… no fue freno alguno para que Magali cumpliera su misión con éxitos .Y cuando en el cuarto  año hizo falta un profesor para la Facultad Obrera Campesina de Sancti Spíritus, la joven profesora asume, sin aún  haber recibido en la Universidad, el contenido a impartir. Así, entre estudios, clases y desvelos pudo concluir el cuarto año de la Licenciatura en Educación  en el centro  Félix Varela de Arimao en Cumanayagua.
Sus estudios se vieron interrumpidos por un período de seis años al contraer matrimonio. La vida le había dado la gracia de ser madre, fue aquel hogar de campo el escenario para irradiar todo el calor humano y su pedagogía innata en la educación de sus  hijos.”El educador  a quien primero debe saber formar bien, es a sus propios hijos.”
En el año 1977 regresa al aula y culmina la carrera de profesora de Secundaria Básica, labora  en esta ocasión en la ESBEC Federico Fernández Cavada y en una ininterrumpida labor de once años saborea las clases de Biología –la ciencia de la vida –porque Magali seguidora del Apóstol siempre enseñaba que “donde encuentra poesía mayor es en  los libros de ciencia.”Concluye satisfactoriamente la Licenciatura en esta especialidad por dirigido en el año 1988, lo que le permitió conjugar pedagogía, conocimiento  y naturaleza  en un mismo ideal.
Ya por aquellos años Cienfuegos tenía su IPVCE  y divulgando desde el aula la pasión por  esta “poesía mayor”  asistió con sus alumnos a las “puertas abiertas” del Preuniversitario de Ciencias Exactas (IPVCE) “Carlos Roloff”. Allí quedó entusiasmada con un centro rodeado de montañas y perfumado por azahares,  donde la Matemática, la Física, la Química y la Biología retaban los saberes del discípulo: cantera segura de un futuro de científicos y profesionales.
Así  en el año 1988 realiza la prueba de oposición y le es concedida una plaza en el centro. “Llegar al IPVCE Carlos Roloff,  fue para mí la plena realización como profesora”. Y desde aquel año no cejó en su empeño porque sus clases estuvieran a la altura que demanda la nueva sociedad. “El maestro  no debe conformarse nunca con lo que sabe” y durante veintiún años de trabajo que lleva en el centro, fue quince de ellos guía de grupos, “porque más que impartir conocimientos,  el maestro educa en el sentido amplio de la palabra”¡Que lo diga Ruslán, aquel gordito casi ciego, hoy abogado, que llegó con su máquina ruidosa diseñada con el sistema Braile; pero encontró en su profesora guía,  apoyo vital y enérgico de quien siempre le decía: “Tú,  sí puedes”; y logró con la ayuda de su profesora terminar su preuniversitario, actualmente ejerce como abogado en Cienfuegos;  o aquel grupo hiperactivo que  ella con su adultez y psicología sabía controlar. Muchas han sido las muestras de satisfacción,  no sólo en el Día del Educador ,en las canciones de fin de curso,  cuyo referente principal es la “profe” de Biología, las cartas de los que ya se han graduado que “ las conservo como mis mejores joyas”;  sino en los seis días que pasó en la sala de terapia intensiva del hospital Gustavo Aldereguía Lima  cuando sus alumnos, ahora médicos,  la rodeaban sin atenerse a las normas rígidas de la institución y dos de ellos, neurólogo e intensivista  respectivamente, son quienes le salvan la vida. Alguien rumoraba extrañado: “Ella debe ser alguien importante. ¡Y lo era, y lo es! Ha sido la profesora responsable de la asignatura de Biología durante muchos años en nuestro centro. Recibió adiestramiento docente metodológico durante el curso 90–91 en la  Facultad de Superación de la Habana. Su labor didáctica  se extiende no solo a los profesores de la Sede Pedagógica, a conformar los planes de clases, a la concepción de las diferentes unidades de los programas;  sino también  a la preparación diaria de sus profesores en la cátedra. Es exigente con ella y con los demás;  pero nunca  tiene mal carácter,  ya que es incompatible con su profesión.
Desde la clase,  Magali se convierte en promotora de salud: brinda consejos de orientación sexual a sus alumnos. Pero cuando tiene que ser confidente,  ella sabe  calar profundo y descubrir el secreto de la adolescencia, brindar su apoyo comprensivo,  pues “Ante todo soy mujer, soy madre; pero más aún: soy maestra”. Porque Magali, madre de dos hijos y abuela de cuatro nietos, con 31 años de experiencia en la labor,  es acreedora  de la distinción por la educación cubana y lo más que la enaltece en su vida es ser pedagoga, las demás cualidades son una prolongación de esta; porque  su meta suprema es hacer evolucionar al hombre. Para ella, como para nuestro Martí:”…la biología no resolverá los problemas, ni desvanecerá la confusión que aún ofrece la formación de la vida, si no busca la respuesta a sus preguntas por las vías que derivan de la teoría de la  evolución; que con nombre más compresivo y seguro, aunque no tan aparentemente claro, pudiera llamarse,  por lo universal de la vida, en esencia idéntica y varias formas armónicas, la teoría de la expansión análoga. Todo se vierte y convierte; pero todo en acuerdo con cada uno de los seres y objetos, y con todos.”