Por José R. Ojeda (Lolo)

Existía en casa un tocadiscos RCA Víctor. A mi mama Alicia le encantaba la música clásica y a mi difunto padre René, los tangos y la música popular cubana.

Mi padre empinaba mucho el codo y siempre regresaba a la casa, sabroso. Las peleas se sucedían a diario. Un día la cosa se puso bastante fea, al punto de que ya no hallaban qué tirarse y empezaron a lanzarse discos, de aquellos plásticos; volaban y se partían contra las paredes que parecían galletas de sal, mis hermanos y yo éramos pequeños y nos escondimos debajo de las camas; hasta allí, a los cuartos, llegaban los fragmentos, y eso que la batalla era en la sala.

Recuerdo perfectamente que quedaba un disco, mi mamá lo agarró, y cuando lo iba a disparar, mi papá le dio un parón en seco del carajo: “Ese no, ese es el grande”.

Después, por años, solamente se escuchaba en casa al lajero, y así fue como conocí al gran Benny Moré.