Por Héctor Luis Castellanos

La noche en su esplendor

nos ofrece sus laberintos

por los que tropezamos una y otra vez.

Todo son preguntas tal vez

como nosotros eternos perseguidores de sombras

los que intentamos ordenar las palabras

los que clasificamos lo que pueden ver los ojos

porque lo que no vemos

está en la oscuridad del mar con sus duendes y sirenas

con su olor a jazmín que nos inunda las terrazas

y el vientre hasta germinar esta maldita curiosidad

por saber cómo son los que nos acompañan.

Así, entre tanto desconcierto elijo un buen abrazo

uno solo pero que remueva la tierra que pisamos

que sane el corazón de tanto frío

aunque solo sea un instante

y como un cisne salvaje desaparezca

entre los árboles frondosos de la noche.

 

 

(Del cuaderno, Huecos en el viento, Huesca, 2008). (N. del A.).