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Sección de literatura de autores de la localidad

Cronicas de Cumanayagua

La crónica perdida

(En el Cumanayagua de 1848)

En 1848 una vereda estrecha, en medio del bosque cerrado, era lo que unía el caserío de Cumanayagua con la recién fundada Fernandina de Jagua, a la que llamaban desde 1829 por el primer apellido de quien fuera Capitán General español en la Isla, Don José Cienfuegos Jovellanos.
La muerte adquiría la categoría de “acontecimiento” o “suceso”, sólo para las personas cercanas del fallecido, cuando la vida de los primeros colonos, en los terrenos de los alrededores del Arimao y el Hanabanilla, tornábase pobre y monótona.
Las primeras viviendas eran en extremo modestas, cobijadas con hojas de palma, al estilo de antiguos bohíos de los siboneyes.
Si alguien de Cienfuegos requería ir hasta Sancti Spíritus, mejor lo hacía por San Fernando de Camarones, pues aunque la ruta resultaba más larga, la llevaba a cabo por el camino que, en nada, podía compararse con la senda mencionada.
La Diputación Patriótica, asociación organizada desde algún tiempo en la villa de Cienfuegos para velar por los intereses locales, con fecha 20 de enero de 1846, pidió a las autoridades que, usando el trabajo de los presos, arreglaran un poco el camino de Cumanayagua.
Por ello los arrieros empezaron a utilizar tal vía de comunicación y hacer alto en la casa que, con ese fin, abrió Domingo Freire, propietario de la tienda de víveres donde hasta no hace muchos años estuvo la administración de Correos de nuestra amada localidad.
Los cumanayagüenses de aquel tiempo distante se alegraron de que los arrieros, después de cubrir largas distancias, visitasen el pueblito en medio de su objetivo de llegar hasta Sancti Spíritus.

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Ser o so ser: he ahí el dilema

Signado por el insondable dilema hamletiano del título, doy curso a estas meditaciones; pues de veras que la nave universal en la que viajamos como pasajeros del sur se encuentra ante una disyuntiva que implica sobrevivir o perecer: no caben medias tintas.
Para intentar un acercamiento al tema que nos ocupa, habrá que partir del concepto de cultura. La cultura es resultado más o menos mediato (supraestructural) de la actividad productiva consciente del hombre. Es la expresión más acabada de su espiritualidad, cabe decir, de su identidad; pero es a la vez reflejo de su empeño por signar las entelequias que lo sostienen. Algún tipo de expresión cultural ha acompañado siempre al homo sapiens desde su misma aparición sobre la faz de la tierra. De manera que entendida así, la cultura, más que un lujo o regodeo distractivo, se convierte en una necesidad vital para la subsistencia humana.
Hay quienes identifican la cultura sólo con los modos de expresión artística, y eso es un error. Aunque éstos son el producto más acabado de aquélla, el proceso cultural, a la vez que los envuelve, los sitúa en un contexto histórico-social donde los puede convertir en mercancía, en valor de uso y a veces de cambio­; por otro lado, la cultura envuelve a otras categorías colindantes que van más allá  del arte,  y eso complejiza aún más la situación y hace escabroso un encasillamiento o conceptualización a priori del fenómeno cultural.

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THAT’S THE CUESTION, MY DEAR FRIEND!!!

“To be or not to be” no es mi dilema
bien sé que un “not to be” tú me has clavado
Mi angustia de “no ser” es como un dado
jugándose a la suerte tu anatema
“To love or not to love” tampoco es arte
que tenga que forjar desde la nada
Mi amor es como un tren que en tu mirada
se reabastece, ruge y a ti parte
Es que serte y amarte en mí es lo mismo
es mi dulce mentira, mi espejismo
mi juego sin razón a ser materia
¿Nacerás algún día hacia mi luz?
¿Añorarás “mi ser” como en un blues?
¿O sangraré este amor por una arteria?

Orlando Pérez González

A Mar Abierto

(Monólogo en un solo acto basado en pasajes de la vida de Galileo Galilei)
El espacio de representación, en penumbras, está casi vacío. Al centro hay un sillón que se balancea solo. Cerca, una pequeña mesa con un grueso libro encima. Más que un libro, semeja un gran fajo de manuscritos.
Entra un hombre anciano, por momentos titubea en la oscuridad: su vista parece traicionarlo. Se apoya de un palo, va hasta la mesa y hojea los manuscritos. Vuelve a cerrarlos, camina lentamente hasta el sillón, y con gesto firme detiene su movimiento.
Viejo:  Cierto día se puso el hombre en pie y cayó al suelo su  peluda piel. Miró hacia el cielo y el mar y el azul se metió en sus ojos. A partir de ese momento ya no volvió a ser el mismo. Caminamos en luz. Eso es algo que hemos aprendido, que nos distingue como lo que somos. Nuestros miembros están bañados en luz. Pero dentro de nosotros sueña aún un oscuro bosque milenario, allí vive un animal, oculto en la maleza; por las noches anuncia su hambre y en un momento de descuido se lanza como un tigre y destroza  nuestra más hermosa cierva.
(Pausa. Va hasta el sillón y se sienta.)
Queridos discípulos, no vengo por piedad ante ustedes. En cada amanecer he buscado la razón de mi existencia; preocupándome por lo que dejamos a los que vendrán, más que por nuestra efímera vida y obra.

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Selección de poemas de Doblega al Centauro

ESPINAS DE LIMONERO

Éramos como insectos benignos
plasmábamos flores en cada ventana,
en cada recodo del hallazgo.
Vendí mis sueños a la nada
prendida con espinas.
Saben los que me conocen:
se portó bien la distancia.

SABOR AMARGO

Alguien no supo
que yo amé mis versos.
Llenan el tonel de mi poesía
pero amargo es el sabor.
Increíble desaliño
desmesurada incomprensión.
He de andar,
me retienen.

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SUEÑO VESPERTINO CON VIGILIA

A la nieta de tus abuelos…
A San Carlos inolvidable…
Querida amiga:
ayer cabalgué un sueño vespertino
un despavorido sueño
en que escapaba a tu vigilia más ardiente
a la semilla de tus carnes,
allá donde se invocan y evocan tus genes más astutos
Me veía correteando alrededor de tu niñez
pedaleando los destartalados restos de mi propia infancia
Ayer te vi desandar en blumers los trillos de tu inocencia
cuesta arriba por tus sueños
cuesta abajo por tu ingenuidad
Ayer te dibujé sobre el rostro de tus abuelos
te esculpí en el vencido tronco de la mata de mameyes
y escuché la voz del viento
que te llamaba quizás a almorzarte los arroyos
y los cuentos de reptiles y fantasmas
Ayer fui alpinista de tu monte virginal
aquel, el de tus cuevas
que abren sus piedras al futuro que te pasas por las nalgas
Tuve ayer un sueño que despertó mis ansias
de beber en tus quebradas inasibles
de entender la ambigüedad de tus altos aguacates
Ayer hice un viaje hacia una tierra
donde las preguntas han devorado todas las respuestas
y al despertar he vuelto a ser quien tú eras antes.

Orlando Pérez González

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