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Sección de literatura de autores de la localidad

A ESTA HORA,

cuando la trunca silueta de la persiana
insinúa una página que habla de Borges;
acredito que el mundo es una cuna retirada en el tiempo,
un trozo de sombra disuelta
en la universal noche.
A esta hora,
una paloma gris
limpia con su vuelo los ojos del cazador,
podríamos decir que es una especie de lluvia pequeña.
Y precisamente, antes, el cazador había soltado un avecilla
porque el trino le había quemado las manos, después,
la paloma le pintó de gris su casa, quise decir...
su tiempo.
Es viernes,
y siento el río cayendo sobre las caprichosas piedras,
dicen que nunca el río es el mismo, ¿y las piedras?
Las piedras también son ríos, pero esculpidas con otras aguas.
Los ríos también son piedras, pero con diferentes caprichos.
Las abejas sobrevuelan su tiempo, y vigilan,
porque la lluvia pretende palpar la fragancia de la miel.
¡Qué desesperante tratar de aguijonear la lluvia!
De todos modos es viernes, y los viernes
algo acaba,
algo que jamás olvida comenzar.


Este poema obtuvo Primer Premio en el Concurso Territorial “Zenón Rodríguez” (2006).


Yannit Pozo Castillo

Décimas a la madre

La protectora del mundo
donde escribimos “confianza”,
“amor eterno”, “esperanza”
“el sentido más profundo
de la vida.” El gemebundo
vástago encuentra consuelo
en su regazo. Y el cielo
abre puertas mañaneras
de un domingo en las riberas
para cuidar su desvelo.
¡Qué domingo siempre habrá
cada segundo de Mayo!
¡Qué fragua atrapando el rayo
en los hijos nacerá!
Donde el alma suya está,
nace de un soplo el calor
y se construye una flor
de ternura con su beso.
Por eso, madre, por eso
sin ti es pequeño el amor.


Orlando V. Pérez

Pablo Marrero Cabello, un poeta casi olvidado

Nacido en la zona de Manaquitas, término Municipal de Cumanayagua en el año 1935, Pablo Marrero Cabello es sin duda alguna una de la figuras más relevantes del verso octosílabo en el centro-sur de Cuba.
De humilde extracción campesina, realizó numerosos trabajos en el campo y trabajó como listero cuando se realizaba la construcción de la carretera Cienfuegos– Cumanayagua.
Laboró durante varios años en el Consejo Nacional de Cultura y fungió como Director y Productor de Programas campesinos en el Instituto Cubano de Radio y Televisión. Entre los numerosos Premios y Menciones que recibió en su fructífera trayectoria poética, se encuentra el Premio 26 de Julio de las FAR, en el año 1997.
De su libro décimas, compartido con el poeta matancero Amado Raúl García Gómez reproduzco algunas de las estrofas más simbólicas y elocuentes:

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MI HIJO

Los hijos que no tuvimos
se esconden en las cloacas.

LUIS EDUARDO AUTE


Me maldigo con estrechez de alma,
si es que eso glutinoso y putrefacto
es un alma.
Me maldigo,
y veo en los cristales de la aurora
su probable sonrisa.
Mi hijo murió en una esquina del mediodía,
calmo como gamito tierno,
como retoño en el jardín de alguien
que olvidó regresar a sí mismo.
Aun sin calor lo vi,
era algo difuso y destellante en una lágrima
que también murió al borde del mediodía.
Una lágrima con sabor a pregunta.
Pero ya nada podía ser lo que debía ser,
mi hijo estaba muriendo en cualquier esquina de cualquier día,
bajo cualquier mano de metal.
Nadie escuchó su pregunta,
aunque la madre dijo que un grito infantil
se le había prendido de la garganta.
Aunque yo lo he visto;
siempre miro los cristales de la mañana
y ahí está su probable sonrisa,
su probable manera de decir adiós.
Ocho semanas le duró el universo.
Y verlo ya sin color,
sin angustia que presentar a la muerte.
Verlo aun sin tristeza,
sin lágrimas que mostraran
cosas difusas, destellantes.
Mi hijo murió,
y ese día mi alma fue una cloaca,
y ese día me maldije como un jardín.
Como un jardín
que siquiera nadie
ha nombrado
de ese modo.


Este poema obtuvo Primer Premio en el Concurso Territorial “Zenón Rodríguez” (2006).


Yannit Pozo Castillo

El maestro Ángel Machado

Pródiga ha sido Cumanayagua en educadores de gran valía; nombres como los de Delfina Martí, Juan Ferrán, Ángela Amador, Josefa Prats, Coralia Roque, etc., en el pasado, y tantos y tantos buenos en el presente, podrían constituir un verdadero sitial de la fama y la inmortalidad. Sin embargo, hoy vamos a referirnos a quien consideramos uno de los más prominentes de entre todos ellos: se trata de Ángel Machado (Cienfuegos, 1879-Cumanayagua, 1961), cuyo decursar como ilustre ciudadano y destacado pedagogo marcó en nuestro ámbito una huella peculiar.
Siendo joven aún, y después de ejercer diversos oficios, tales como maquinista de trenes, ebanista, carpintero, sastre, después de abandonar la carrera de Medicina y graduarse como maestro normalista, se traslada a Cumanayagua, donde comienza a ejercer como maestro en la escuela No 25, actual “René Fraga Moreno”, sita en calle Antonio Menéndez Peláez (calle Nueva) # 117. Aquí en Cumanayagua conoce a Antonia Pérez Sarduy, con quien se casa y constituye un sólido hogar caracterizado por el respeto a las tradiciones, las buenas costumbres y el alto patriotismo. En esa escuela trabajó por muchos años, de la cual llegó a ser su director, y tanto se identificó con ella, que todos le decían la escuela de Machado (lamentablemente, al triunfo de la Revolución cambió de nombre).

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Un singular encuentro

Presentía que estaba a punto de un encuentro singular. Comencé, conscientemente, un periodo de espera que me hundió en esa espesa nata: la incertidumbre. Busqué algunas acciones para no apreciar el tiempo hasta la llegada de mi anfitriona; me peinaba, comía frutas y pasaba buenas temporadas junto a los charcos callejeros, embriagándome con sus aromas característicos: orine de caballo, lodo rancio y petróleo crudo. Quise leer algo y encontré a Shakespeare, corrí con todas mis fuerzas y con todas mis suelas hacia los charcos e hice de las páginas, imponentes barquitos que adornaban magistralmente las abruptas vías. Otras veces, cuando ya me había quedado calvo, la espalda coloreada de pedradas proporcionadas por el vecino al verme raptar algunas de sus frutas y al agotar las obras completas del dramaturgo inglés, me iba al parque: por conversar era capaz hasta de escuchar a los viejos.
Podrá usted percatarse qué manera tan singular de esperar una cosa o un coso (desconocía su sexo); eso se debe a que siempre he tenido singularísimas consideraciones para conmigo: soy un tipo singular.

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