Los trucos del tiempo

Por Pepe Sánchez

Un éxtasis, la gracia y el molino,
saber el truco que el cristal falsea,
el tiempo donde la aridez solfea,
en las mil y una noches tu camino.

Un albur y el monólogo del vino,
las jornadas que la épica moldea,
algo que afirmas aunque nunca sea,
los sueños circulares y un destino.

La tarde de mirar lo vanidoso
en arquetipos de un rigor mañoso,
la saga que uno frente al mar envidia.

El consabido naipe y su desidia,
lo que el azar reserva para la hora
en que el dolor es luz que canta y llora.



Colibrí o escorpión



Cada día es un campo de batalla
y nos fatigan los accesos rotos,
el gesto cruel que no aparece en fotos
ni nada anuncia cuando todo falla.

Como si amaras su rencor, la valla
del mal en lo alto, bajo el hambre cotos
de caza y muros, mientras haces votos
por la mejor señal que el tiempo acalla.

Unos giran y es el ayer, la trampa;
algunos pasan y ya nunca escampa;
otros huelen a río que clarea.

Cada día es lo que haces y el sonido
de lo estéril, el mar de lo querido,
colibrí o escorpión, lo que uno crea.


El duro despertar



Vete, mientras aún sea posible,
salta el barranco de mi boca abierta.
No testamentes la vencida puerta;
no escuches el reloj, su andar risible.

Sálvate de estas ruinas que sería
si te quedas. Hay pérdidas que son
el duro despertar, la salvación,
cuando nada te salve la alegría.

No me dejes la sal de tu costado,
violando la otra paz, el frío puerto
del que amanece afuera de sí mismo.

No te lleves la espiga de lo amado,
algún descuido nace en el desierto
y no está mal un poco de optimismo.


Pulmón de luz

escarbando su vida, el poeta saca
las imágenes que hieren y conectan…

W. H. Auden



Una pared descalza que camina
por tus ojos, sin tiempo, como luna
en la piel de las horas. Y ninguna
señal que cargue el júbilo que inclina.

Este quedarte dentro, y en la esquina
menos aliada del morir, sin una
vez de asirte a ti mismo. Por fortuna,
la imagen con la luz se difumina.

Pero queda la lira de la nada
royendo la mitad oscura y grave
en donde lucha por nacer un ave.

Después, hay que salir a la redada,
aunque uno a uno caigan tus espejos,
que en ti se esconde lo que crees más lejos.



Como jamás



He sentido el inútil laberinto,
la duda del cristal y el propio averno,
la otra puerta feliz en su gobierno
que igual parece un símbolo distinto.

Me guían formas de un ritual extinto,
he visto a la belleza y al invierno
fijar precio a mis días, un eterno
disfraz de sombra y luz como recinto.

He vivido lo grave y su registro
de cumbre, polvo y sueño, que administro
desde una devoción que no es la paz.

Busco mi código en mortal remedio,
el verbo que resista el bravo asedio
de escribir mi dolor como jamás.



Del poemario El filin del otoño (Editorial UNIÓN, 2018). (N. del E.).