Canción de Orfeo

Por Pepe Sánchez

Si pudiera decir estás conmigo,
nada temas, mis manos son tus alas;
junto a mí al águila y al mar igualas,
hecho es de pieles firmes nuestro abrigo.
Si pudiera cumplir lo que no digo
cuando naufrago en todas tus escalas
y no hay árbol del mal porque lo talas
para que el día huela siempre a trigo.

Pero ya ves, no soy un argonauta
ni el hijo de Laertes ni Teseo,
ni es mío el diestro remo del fenicio.

Sé que amanece porque eres mi Pauta,
y así será aunque la canción de Orfeo
alguna vez no rompa el maleficio.


Que teje el viento


Instantes hay que eternizar quisiera:
Una conversación que el viento traza
en el ocaso con mi padre en casa,
y no acaba en el niño aquel que fuera.

El humo en madrugadas de la hoguera
del café, de juntarnos a la taza
en los cuentos del campo, y en la rasa
paz de la lluvia que es canción casera.

Aquella vez que nadie estuvo junto
al miedo, y hasta el último reparto
de soledad mi aliento lo anegaba.

Pero aún más, la juventud que andaba
por esas calles de un final difunto;
soplos que teje el viento con esparto.



Óleo de ciudad con arrebol


Cargo mi pena que es nada
sobre los hombros del día.
Miro la tarde baldía
en vidrios de humo sentada.
Mis pasos son la emboscada
de una alquimia de agua y sol.
Del agua, solo el crisol
queda en los ojos y el gusto.
Tan triste el sol, que me asusto
camino al turbio arrebol.