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Página de Inicio Entrerrianos Obra literaria de Pepe Sánchez Yo y el poema

Yo y el poema

Por Pepe Sánchez

Las cosas toman la forma de sus dueños
este lápiz se parece a mi voz solidaria en su libre albedrío
gastándose en cada metáfora

Creo haber estado escribiendo
el mismo poema desde siempre
la misma verdad sucesiva

Las manos y las palabras del poema
son gemelas en sus discordias
Unas levantan paredes
que mañana serán la casa
Con las otras sigo manchando papeles
por los que algún día seré juzgado

Para entonces
solo el Poema podrá salvarme


No arrojar la primera piedra
(Parábola) 

El que lea o escuche este poema
es ya cómplice de homicidio

Ha matado entre otras y tantas
la estupidez de autoagredirnos
como si fuéramos arcángeles de la verdad
y en cuanto amanece haya que calzarse el odio

Hace mil guerras mundiales pactamos la desnudez
y todavía florecen coleccionistas de inviernos
mercaderes del cuervo de Poe
claro ya sin la tenacidad del mar y sus cantos
los que sobrevivieron cuando la gratitud

Ser cómplice de homicidio
cuando se está matando el odio más antiguo
es vivir partidario a ningún muro
poseer luz a precio de luz

El que lea o escuche este poema
al menos mientras dure su fuego
no podrá arrojar la primera piedra


Nocturno y soneto

El sonoro jardín duerme tranquilo,
hay paz en los senderos del abismo,
nada ha querido irse de sí mismo:
Hoy el verso a la noche pide asilo.

De tan hondo no hay lengua ni audaz filo.
El invierno es del alma: ningún sismo
a despertar se atreve su mutismo;
ya vicio, sol. Alarde del estilo.

Cuando de seducir su voz se trata
nada del terco lecho lo arrebata.
Y no hay mortal intento en que devanes

esa paz angustiosa, mal ganada;
si el jardín al abismo no hundes, nada
podrás, para que al fin el verso ganes.


Una fogata lenta

Esta mañana invita a poner tablas
de salvamento en las murientes islas
que del olvido en vano ser aíslas
y sin querer contigo a solas hablas.

Esta mañana pone un sol de amarnos,
una fogata lenta, algún resquicio,
que preferí tus manos al bullicio,
mis fantasmas, cualquier miedo de darnos.

Esta mañana invita a ir de huésped   
al desván de los viejos sueños y algo
de mí dejar al viento de su césped.

Mañana de ignorar todos los dueños.
Estoy de buenas hoy. Donde más valgo.
Oh fatal seducción, vivir de sueños.


Aprendiz de jugador

Algunos hombres hacen de la suerte
un arte. Yo he tenido que patearle
el trasero. Con estas manos darle
vida a un pozo de sangre y diaria muerte.

Algunos hombres llevan varias voces
en su equipaje por si cambia el cielo
de color. Yo aposté todo el desvelo
a un solo adiós de sueño y sed atroces.

Algunos hombres miran cómo el viejo
Tahúr parte las cartas, temerosos
del odio que marcaron ellos mismos.

Yo me bebo la vida con su añejo
golpear en mi puerta, sus acosos.
Aunque aprendiz, apuesto en sus abismos.


La belle époque

Al cor gentil rempaira sempre amore

Guido Gunizzelli

Ser el mítico Dante enamorado
de una muchacha de mortal recuerdo.
De aquellos argonautas el más cuerdo
que en ningún puerto vio su amor varado.

Ser Ulises, de tálamo labrado
en un olivo de común acuerdo.
De aquel filibustero en que me pierdo
el corazón gentil que me ha faltado.

Ser a la vez el puerto y el navío.
Solo que para tanto amor y brío
siempre nos falta ancla, mar y el tempo

giusto para el mañana y lo vivido.
Y soy solo un romántico perdido
con el cauto disfraz de viejos tiempos.


Paradoja del hombre en su ciudad
(Sobre una idea de Julio Cortázar)

El poder no siempre corrompe a los hombres,
pero los separa.

Rafael Alcides

Claro está Julio la auténtica realidad
es cada hombre y todos los hombres
aunque medien nostalgias selvas y otros ruidos
para bien del ocio fecundo
esa alimaña de perdurar

el hombre no es propiedad privada de nadie

Patria es humanidad dijo el Martí
no cercado de aquél he dicho yo
saludando a los muchachos del barrio
En mi puerta la bandera es el corazón

Uno debiera vivir sobre los trenes
colgado de los letreros lumínicos
ser socio fuerte en bares y casas de respirar
He aquí un hombre que sale a la calle
con altavoces en los ojos
que ofrece sus zapatos de andar rabiando
al que no usa espejuelos ni toca a mi casa
con palmadas preguntando por mañana
mirando qué cubre las paredes

un ser humano que enseña a su hijo
lo favorable de una revolución
pero no acepto
que nadie venga a joder en mi desnudez
a decirme dónde colgar la voz

Alguien debe cuidar las puertas de la ciudad
sus símbolos nocturnos las aguas
con que aceras y casas reanudan el día

Claro está
es bueno que haya quien vigile
el cercado las trampas de afuera
no tus naranjos sus púas ruidosas

 

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