El juego

Por Isnoel Yanes

Están claras las reglas:
una patada
a quienes lloriquean por su existencia,
y tus sagradas pupilas
podrán abrazar el tiempo
de cada personaje;
privilegio de quienes tienen
él filo de tu mirada sobre la tierra.
En el centro de la utopía,
el humor premió tu existencia;
le echaste fuego a lente
para cabecear lo cotidiano.
Al fin, llegó el entretiempo,
hora del reposo.
La china Lang, árbitro principal,
nos obliga a reposar la estrategia
con su venerable justicia culinaria.
En el segundo tramo,
haces fintas contra lo aburrido,
le lanzas un sombrerito al sopor de cada día,
y calientas el partido con un trago de wisky,
un fuera de juego al borde de la portería.