Escucha Mónica


Caen mis lágrimas
y tu pañuelo no sabe qué hacer.
Solo un pequeño error de estos ojos
y cierras tu catedral ante mí.
Hasta que vengas a enmudecer
mis sollozos con tus besos
he de pensar que la muerte
es una artimaña.
Alguna vez dije:
encenderé la eternidad;
tan altisonante campanada que me huye.
Yo te procuraré eterna,
es una cuestión menos personal
que la dureza de una estatua.
Hasta que vuelvas, Mónica,
lloraré aldaba en tu pecho.
Aseguro que la muerte es un océano,
el océano que te huele la cara
con mis propias manos.
Todo confluye a tu regreso,
absolutamente todo y la tristeza.
Ahora recuerdo aquellos sueños que tuvimos,
aquellas caricias que morían
asesinadas por tus manos
y he aquí dónde intuía mi destino.
A esta hora, y de momento,
soy feliz de saberme abandonado.

Tercer Premio en el Concurso Territorial “Zenón Rodríguez” 2008.

Yulki Sánchez Molina