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Página de Inicio Entrerrianos Obra literaria de Yulki Sánchez Molina Exordio

Exordio

Por Yulkie Sánchez (María Milnne)

La idea del libro Bajo el ala de un sinsonte me fue otorgada mientras conducía de regreso a casa después del trabajo. Como soy enemiga de la música bazofia, de las radios comerciales y de la chatarra lírica sonora de nuestros días, prefiero darle otra utilidad al reproductor de sonidos del auto. Con mi universidad rodante voy de un lugar a otro, resolviendo la transportación y nutriéndome con audio-libros.
El clima del estado de la Florida me mantiene siempre como en un ensueño; es tan similar al de Cuba, que a veces tengo la impresión de que si me salgo de la I-95 en la Lake Worth, voy a ingresar a la carretera de Cumanayagua; y si voy escuchando el disco compacto (CD) que le grabaron a Luis Gómez en Casa de las Américas, puede que hasta me detenga a ver el atardecer en el semáforo de la 10th Avenue, creyendo que es el Puente del Guajiro. Eso, hasta que venga un conductor más cansado que yo, y me saque del ensueño con un solo de claxon en Fa menor sostenido: sostenido hasta que mi auto se ponga en movimiento  otra vez.
El cumanayagüense siempre ha sido fiel a sus ríos. En el rincón del mundo en que se encuentre, será de los cubanos que no responderán “de La Habana” cuando le pregunten de cuál parte de Cuba es. Orgullosamente responderá: “Yo soy de Cumanayagua”; y si cree que exagero, compruébelo usted mismo. Los cumanayagüenses conocen y valoran a su tierra.
Hay días en que recorro el Escambray caminando en dos o tres horas. A ciencia cierta, estoy parada frente a la mesa de trabajo, empacando perfumes o enviando una orden de Walgreens; mis manos se desenvuelven con agilidad en las tareas que ya resultan mecánicas por tantas veces repetidas, y es ahí cuando la mente se apodera del espíritu y que ¡anda! me voy corriendo hasta el Entronque, me animo y paso por El Jobero, subo hasta Charco Azul, Crucecitas, bajo al Nicho… Llego a la escuela secundaria “Onelio Carballo Artola” y  me aliento a tomar una clase de inglés con Anabel Moya, o me pongo un jabuco y voy a recoger café. Si se me antoja la Calle Real, el recorrido comienza en el hospital, porque en mis recuerdos el coche parte desde ese punto hasta Las Brisas, y viceversa. A esa hora, me laten las palabras de Agustín Tamargo:

No soy un hombre, si se mira bien, soy una pasión que camina, y cuando enfrento la realidad última de mi vida, que es la de que no tengo patria, me vuelvo una verdadera furia. Por eso los extranjeros no me entienden. ¿Cómo van a entender que quien lo tiene todo siga pidiendo más? Y es que esos extranjeros no saben que ese todo, adquirido en tierra prestada y bajo sol ajeno, no puede curar una enfermedad fatal que se llama nostalgia de la tierra natal. Dicen que lo bello, cuando se pierde, se vuelve más bello.

Sea capaz de imaginar el estremecimiento que padece el ser humano cuando extraña inusitadamente el pedacito de tierra que lo vio nacer, crecer y partir. Esa tarde, los treinta minutos que conduje desde el trabajo a mi casa, Luis Gómez disparó sin compasión. Décimas y anécdotas a corazón abierto. Cuando hice el “U turn” en la Military estaba tan herida, tan deprimida, tan confundida, que bajé del carro, entré a la casa y me conecté a facebook (el confesionario público donde nos ponemos al tanto de la vida ajena, donde publicamos también nuestros criterios como en un periódico con libertad de expresión y alcance mundial).
De un tirón, escribí:

Oración a Luis Gómez

No sabes, pero nací
en aquel pueblo que amaste,
y los versos que dejaste
los hice parte de mí.
Tus cuentos los aprendí;
me inspiraste con tu lira.
Es mi orgullo ser guajira
amante del gallo fino,
pero mi verso no es trino:
mi verso exilio transpira.

¿Qué será de una mujer
que habiendo nacido pobre,
guarda su Patria en un sobre:
desterrada de volver?
¿Qué tengo de anochecer
en esta tierra extranjera?
Donde no tengo bandera
disfrazo mi libertad:
¡qué larga la oscuridad
mientras la madre me espera!

Como el mar que viene y va
enarbolando la ola,
así, yo me siento sola
sin saber qué pasará.
¿Mi vida es aquí, o allá?
¿Acaso puedes decirme?
Porque no quiero morirme
con total incertidumbre...
¡Prende una luz que me alumbre,
que me ayude a no rendirme!

Esta distancia me obliga
a fragmentar la ilusión:
late suave el corazón,
ya comienza la fatiga.
Mi esperanza es la cantiga:
me pesa tanto el vivir,
amar, tener que mentir,
cargar mi propia tristeza,
y retumba en la cabeza
lo que no puedo decir.

Alzó la voz el cantante
que pareciera dormido,
dijo: “¡Si queda un latido,
hay que seguir adelante!
El miedo es como un gigante
al que debemos vencer;
nada suele acontecer
por una razón incierta...
¡Vivir es abrir la puerta
que guarda el amanecer!”

Al instante respondieron los tantos amigos. Los que viven fuera de Cuba y los que no. Y por un momento la gente olvidó su ubicación geográfica y se solidarizó con mi pena. Porque la distancia que hay entre el que nació en Cumanayagua y ahora vive en La Habana, es la misma que hay entre el que nació en Cumanayagua y ahora vive en La Florida; la diferencia está en la mente, mejor ubicada, en la conciencia. Entonces, Omniel Fuentes Ramírez, desde Venezuela accedió a participar en esta aventura y Rafael González Muñoz, desde La Habana, me reconfortó:

¡Muchacha de sierra y llano,
como dijera el poeta!
Muchacha rubia, coqueta,
este es mi verso de hermano.
Luis Gómez te dio su mano,
su tonada Carvajal,
te dio su cañaveral;
la palma, el ave, la yagua,
también su Cumanayagua
y una flor de su rosal.

Muchacha, no te derrumbes
cual romántica poeta.
¿Acaso el exilio es meta
donde el verso fiel sucumbe?
Que tu corazón retumbe
por tu Patria donde estés.
Porque Patria es madre, y es
todo el amor que te oprime.
Y tú, gustosa, no gimes:
ríes por tu sencillez.

Y todos, en un amor colectivo, pero de  individual  manifestación, recordaron sus pueblos, sus orígenes, y a mí me entraron unas ganas tremendas de rendir homenaje al Rey de la Tonada Carvajal. (Un reconocimiento especial merecen los escritores Yusbiel José León Valdivies, Olga Lidia Martínez Robaina y Orlando Víctor Pérez Cabrera por su afanosa, entusiasta y desinteresada dedicación a una minuciosa labor de selección, corrección y ordenamiento de los disímiles textos del libro; de igual modo merece honores Alfredo Sánchez, por la creación, como excelente artista plástico, de las magníficas ilustraciones de esta Antología, entre otros agradecimientos.)
Lo que sucedió después, es la obra que ahora tienes en tus manos. Impreso en Miami, inspirado en el verso de Luis bajo el ala de un sinsonte, es este un libro plural, concebido tanto en prosa como en verso —y aunque en esta última forma de expresión haya predominio de la décima espinela, no desdeña otros metros, tales como el soneto y la cuarteta. El primero de los textos en prosa recrea pasajes de El Rey de la Carvajal; el segundo, constituye un examen crítico de inestimable factura sobre la espinela cultivada por Luis.
Los autores incluidos, aunque en su mayoría cumanayagüenses, pertenecen además a distintas áreas de la geografía cubana; de manera que es esta una Antología de carácter nacional, en consonancia con la popularidad de que goza el Poeta que la inspira.
Permítanme, pues, concluir este exordio contextualizando la frase de los gladiadores romanos al cruzar frente al Emperador, antes de lanzarse a la arena de combate en el Coliseo: “Luis Gómez, los que van a cantar te saludan…” 

Prólogo a la Antología Bajo el ala de un sinsonte (N. del E.).

 

 

 

 

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