Un día lluvioso y bien aprovechado

Por Rodolfo Alemán

Llueve en la marea de tu sueño,
pero es inútil, las musas siguen silenciosas,
es el crepúsculo,
quizás sea demasiado tarde para evitar
esta comezón que me devora.
Necesito escribir un poema a lo oloroso de tu piel,
las hojas en el tiempo, Dios bajando para habitar
en la flores de tu huerta,
un poema a ese mar que me traga,
sin apenas levantar la ola donde cabrían todas tus dudas,
a un hombre y una mujer confundidos por el reencuentro.

Necesito escribir ese poema, pero no puedo.
Entro, dejando las huellas culpables de mis zapatos
humedecidos por la lluvia. Estás de espaldas y cocinas,
te estrecho hasta fundirte con mi sexo,
beso tu cuello, suspiras, te estremeces,
te miro desvestirte y sé que al final será un duro día de trabajo,
mientras mi erguida pluma
comienza a escribir el dichoso poema
sobre las curvadas hojas de tus nalgas.