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Página de Inicio Entrerrianos Obra literaria de Rodolfo Alemán Pérez En esta tarde

En esta tarde

Por Rodolfo Alemán


Esta tarde amor mío,
esta tarde de un verano extraño y ajeno,
a miles de kilómetros, al norte biológico
y geográfico de tu corazón,
en esta triste tarde de mi vida,
quisiera confesarte, que siento envidia,
que no me da pena saber que cometo el peor
de los pecados capitales,
que soy culpable, y lo sé.
Si amor, gran amor de esta ya vieja
vida mía,
la envidia me consume, me abrasa, me desgarra.
Envidio la pareja de alondras
que hacen su nido frente a mí, en ese nogal
que le sirve de cobija,
envidio sus mimos, sus besos,
como unen sus emplumados cuerpos,
y se dedican sus mejores cantos.
Envidio a esa pareja estrafalaria,
distinta, impersonal, gélida para mi gusto
pero que se hablan, se escuchan,
se rozan las manos , discuten sabe dios qué tontería,
envidio a los adolescente que en el parque, se besan torpemente
y ríen sin sentido, del sin sentido de la primera vez.
Envidio a la pareja de ancianos
que veo cada tarde en su soledad infinita,
aferrándose  el uno al otro
porque la vida los ha reducido a dos.
Envidio estas caminatas en solitario,
esa música que ahora llega a mis oídos
trayendo todas las tristezas de este mundo.
Envidio el calor de tu sexo que me quema,
aun en la desesperada distancia
de mis años.
Envidio la juventud que pasa todo el tiempo
por mi lado,
como envidio no poder rescribir de nuevo
mi existencia,
enmendar todos mis errores,
borrar todos los dolores que pude
dejar a lo largo del camino,
envidio incluso, a los que se fueron para siempre,
sin llegar a comprender,
lo complicada que puede ser la vida.
Si amor, en esta tarde
de un verano extraño y ajeno,
envidio la almohada donde reposa tu cabeza,
las mantas que tu cuerpo cubren,
robándose el calor que me pertenece.
Envidio la esponja que suplantan las caricias de mis manos,
mientras la espuma cubre la epidermis
que es mía por derecho propio,
la brisa que alborota tu cabellera
sin que yo se lo autorice,
el vecino que te mira con malas
intenciones,
del reloj que marca tus horas y tus días,
que organiza tu vida, sin tomar en cuenta
mi opinión.
Siento envidia de Dios, amor mío,
que te moldeó de la forma exacta,
a la medida de mi gusto,
tomando en cuenta todos mis caprichos,
y que ahora, me llena de tristeza,
en esta tarde de un verano extraño y ajeno
a miles de kilómetros,
del norte biológico y geográfico,
de tu corazón.


Junio 25 del 2013. Nebraska. Estados Unidos

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