El mendigo

Por Yannit Pozo

Como jardín macilento
donde cae la amaga llovizna
o como fruta que se pudre en las aceras
llegas de la ciudad
tiene que dormir el mendigo
sus párpados             dos ampollas de miedo
dos puerta que siempre se abren para el pan
y la tibieza de los portales
su vientre               diminuto gólgota que
espera por los  condenados del ojo
su morral       tan inusitado como su cara y su futuro

el mendigo de mi ciudad
ofrece aire
un mendrugo de silencio

los portales infinitos le cubren de un sol
que arroja hambre
tiempo
aguijoneante verdad
suerte de molinos
en esta civilización donde ya se extinguieron
los lugares de la marcha…

no tiene ojos
sino rendijas que dejan ver una pecera sucia
a veces vacía
otras
con peces que gritan
extrañamente con peces mudos
(son ideas)

en su plato    sobre un pedazo de pan
respira solo una mancha de moho
su vaso está envuelto en sed

no hay más para los ojos triviales
para los ojos gordos de felicidad
porque un ojo no parpadea con la candelilla
de la desolación
puede confundírsele con un hueco
al borde de otro hueco
y este al borde de otro y de otro y de otro…


Tomado de El tren y los violines (N. del E.).