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Página de Inicio Entrerrianos Obra literaria de Nicolás Águila Prieto La música cubana bailable

La música cubana bailable

Por Nicolás Águila

La música cubana bailable —el son y la rumba, en primer lugar— había triunfado en el escenario internacional tan temprano como en los años veinte. Pero es a mediados del siglo pasado cuando alcanzó su sonoridad más distintiva.
Al furor del mambo a la manera de Dámaso Pérez Prado, se añadía el sabor irresistible de “Rico vacilón” y “Los marcianos” (ambos, de 1955), así como otros chachachás que se ganaron la preferencia del público durante años en muchos países. Y para ponerle la guinda, por esos años, Nat King Cole popularizaba en todo el mundo su versión sabrosona de “El bodeguero”. Era la consagración del chachachá. Su apoteosis a escala mundial.
Han transcurrido más de 60 años desde la irrupción de aquella fiebre bailadora, pero de algún modo el chachachá todavía "es un baile sin igual". En México, santuario irreductible del danzón, el chachachá se mantiene igualmente en el candelero. Y se sigue bailando en clubes y academias de baile y dondequiera que tomes chocolate y pagues lo que debes.
Tan es de impresionante la permanencia de la música cubana en el mundo, que los grandes éxitos de la Aragón y otros conjuntos, que en su día disfrutamos en los antiguos elepés de vinilo, hoy se graban por todas partes en cedés remasterizados digitalmente y son subidos a Youtube por los fans y entusiastas de la música cubana vintage.
Los viejos géneros bailables, decantados durante un largo proceso evolutivo, de repente se nos actualizaron gracias al auge de la salsa, un fenómeno transgenérico pero con base percutiva en clave cubana. El chachachá, lo mismo que el mambo, surgió por evolución natural a partir de una variante del danzón. De modo que se diferencia, por su autenticidad, de aquella proliferación de ritmos que en los años sesenta y setenta pretendieron tomar la gloria por asalto para pasar pronto al olvido: el mozambique, el pacá, el pilón y hasta una síntesis de los tres, el mozampacapilombique, por no hablar de otros 'inventos' menos recordados, como el ritmo upa-upa que tenía 'mendó'. De todos ellos, se recuerda más bien a sus creadores Pello el Afrokán, Juanito Márquez y Pacho Alonso, entre otros, cuya trayectoria artística sin duda les confiere un lugar destacado en la historia de la música popular cubana.
Con el chachachá sucede distinto. Uno podrá acordarse o no de los maestros Enrique Jorrín, Rosendo Ruiz (hijo), Richard Egües, José A. Fajardo, Rafael Lay y tantos más, incluyendo a músicos y compositores mexicanos. Pero ante todo uno recuerda aquellos hits que marcaron una época. ¿A qué terrícola se le va a olvidar que los marcianos llegaron bailando el ricachá? Cógele bien el compás. Que los que probamos los tamalitos de Olga la tamalera seguimos vacilando el rico vacilón del chachachá.

 

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