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Página de Inicio Entrerrianos Obra literaria de Silvia C. Valdés González Cuando de Acero y Flor se hace la Luz

Cuando de Acero y Flor se hace la Luz

Por Silvia C. Valdés

Defendí la formación de una colectividad entusiasta, fuerte
y  si es necesario severa. Y sólo en tal colectividad cifraba
todas mis esperanzas.

Antón S. Makarenko


Antes de beber inevitablemente las aguas del Leteo deseo revelar lo que mi corazón guarda como tesoro: mis vivencias en la Escuela Nacional para Maestros Primarios “Manuel Ascunce Doemenech”, en Topes de Collantes, en la antigua provincia de Las Villas.


El mensaje

Recibir una carta es casi siempre motivo de júbilo. Más aún cuando quien la envía lo hace a impulsos de amor y agradecimiento.
Ocurrió la tarde que Rosa María Pellón, Metodóloga de Historia-Marxismo Leninismo del municipio de Cumanayagua, quien era además compañera, vecina y amiga, regresó de un Seminario Nacional y me trajo el sorprendente mensaje: 

Desde Cojímar a 24 de febrero y 1989                      

Profesora:

Seguramente ya Ud. no me recuerda y es lógico que así sea; pero mi corazón agradecido nunca la olvida.  Fui su alumno hace unos 25 años en los días hermosos de Topes de Collantes, y está muy fresco en mi memoria un día de las madres en que sentimos que usted con su ternura, sustituía a todas las madres ausentes.  Aún conservo una novela que Ud. me regaló y debo decirle que mi amor por las Letras nació de sus lecciones.
Martí dijo una vez que la gratitud de los alumnos era la mayor recompensa para la labor del maestro. Aquí tiene usted una muestra de gratitud eterna y sé que le producirá satisfacción saber que muchos como yo la tienen presente en la ardua y hermosa tarea de educar.
Estudié Filología y posteriormente Historia y Ciencias Sociales. Trabajo en un Preuniversitario como jefe de Cátedra de Historia y Marxismo. En ocasión de un Seminario Nacional he coincidido con los compañeros de Cumanayagua. Al interesarme por Ud. supe que aún está trabajando ahora en una Secundaria Básica y como aquí está la Metodóloga no he perdido la gran oportunidad de enviarle este mensaje. Haga llegar mis saludos a los suyos. La recuerdo siempre con admiración y gratitud.

Recaredo Rodríguez Bosch

Chaparra, Las Tunas

P/D  ¿Todavía recita usted Calle de la Veracruz?

Concluí emocionada. Sentía en el corazón un aleteo de mariposas. El que un alumno me recordara con devoción luego de transcurrido un cuarto de siglo era algo insólito para mí. La juventud, casi siempre irreflexiva, tiende a olvidar fácilmente a sus maestros, pensaba; sin embargo, ahora comprobaba que no es precisamente así. Después, un cúmulo de recuerdos me acompañó, incitándome a escribirlos antes que el paso de los años los lleve, como ríos que arrastran su caudal hacia los mares del olvido.
El arribo
El 6 de Enero de 1965 se produce la llegada a la Escuela Nacional Formadora de Maestros “Manuel Ascunce Doménech” en Topes de Collantes (antigua provincia de las Villas) del nuevo contingente de profesores al cual pertenecí. Acudí al llamado del momento histórico, la urgencia de crear maestros plenos, formados en el sacrificio, prestos a llevar la luz de los conocimientos a las nuevas generaciones mediante una pedagogía socialista y martiana que tiene como principio rector la combinación del estudio y el trabajo.
Este plan de formación de maestros surge finalizada la Campaña de Alfabetización. Inicia con las Brigadas Conrado Benítez, las Patria o Muerte, los Alfabetizadores Populares y la captación de niños graduados de sexto grado en toda la isla que deseaban estudiar magisterio. Los brigadistas y alfabetizadores, que deseaban continuar en señando y hacerse maestros subieron a Topes en l962 y los graduados de 6to grado marcharon al Centro Vocacional Sierra Maestra de Minas de Fríodon de estudiarían un año; en Topes cursarían 2do-3ero y 4to-5to, en el Centro Vocacional Ciro Redondo de Tarará, graduándose de Maestros Primarios en el Instituto Pedagógico Makarenko por lo que se conocen como Maestros Makarenkos. ¿Y quién fue Makarenko? Se preguntarán algunos. ¿Por qué los maestros primeros de la Cuba recién liberada llevan su nombre? El Académico ruso Medinski expresó y cito:

Makarenko fue un joven maestro ruso creador de un sistema pedagógico innovador que lo colocó a la altura de los mejores pedagogos del mundo. Su Poema Pedagógico pinta la imagen de un luchador, de un hombre público y pensador a quien Gorki dijera: “Es usted un maravilloso HOMBRE con mayúscula…de esos que Rusia necesita. (Medinski, s/f: 5)                                                     

Integraban nuestro contingente jóvenes maestros primarios, educadores de experiencia y  personalidades de la Cultura, también educadores. Recuerdo al poeta villaclareño Carlos Galindo y al escritor cienfueguero Israel Díaz Zayas. Haydee Villavivencio quien fuera después Secretaria Provincial de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) en Cienfuegos, también estaba en Topes y ocupaba un cargo en la escuela.
Subíamos la escabrosa carretera de Collantes en medio del frío y la persistente neblina que caracteriza el clima de la región, enclavada en el macizo montañoso del Escambray o Guamuhaya. Los alumnos llamaban a la neblina I4, nombre que traían de Minas para designar la nube blanca y espesa que hace imposible la visibilidad aún a cortas distancias. Casi al llegar a la escuela, nos impresionaba una gran valla que decía: “Sólo los cristales se rajan, los hombres mueren de pie.” Pensamiento de Lenin. El mensaje llegaba a estudiantes y profesores  para evitar la deserción. Nos albergaron en el sótano del edificio central (antiguo hospital para tuberculosos) durante varios días hasta que nos fueron asignadas las viviendas. A los que teníamos hijos nos dieron casas en el reparto que antes fuera de los médicos, el resto, las parejas, en un edificio de apartamentos y en otro edificio, las profesoras y profesores solteros.
Me fue asignada la docencia en la asignatura de Español, de la cual había recibido preparación en el Instituto de Superación Educacional (ISE) Ciudad Libertad, La Habana, después de  rigurosa entrevista de selección en el mismo Topes, a mediados de l964.  Mis aulas la 55 y la 56 de 2do año, se encontraban pasado el altiplano, en el Bloque 6. 
La colaboración
El primer día de clases ocurrió algo simpático: un estudiante me creyó otra alumna. ¡Éramos tan jóvenes! Vestíamos similar uniforme de pantalón verde olivo, camisa gris, y usábamos botas. Íbamos felices por la recién construida carretera que conducía al docente en medio de una multitud de estudiantes y profesores. Me trató con desenfado no exento de mesura. Aún recuerdo algunas de sus preguntas: ¿De dónde eres?... ¿Cómo te llamas?... ¿Cuál es tu aula?...Yo comprendí su equívoco; pero guardé discreción algo divertida. Hasta omití intencionalmente el número de una de mis aulas. Ya en clases, pues resultó ser un alumno de mis grupos, al darse cuenta de su error permanecía con la cabeza baja, hasta que me le acerqué y le dije en susurro, a fin de que solo él escuchara: “No tiene importancia.” Pronto se convirtió en uno de mis más allegados discípulos siempre dispuesto, solícito y comprensivo cuando necesité de la cooperación de ellos  aún en necesidades personales. Recuerdo un día que faltó el agua en el reparto donde vivíamos y él junto a otros compañeros cargó varios cubos desde el Edificio Central. Ese gesto humano  me resultó verdaderamente conmovedor.
Sobre la consideración y respeto entre los miembros de una comunidad escolar, Makarenko aconsejaba a sus educandos y educadores:

(…) Cada uno de nosotros debe considerar a otro gorkiano como su  compañero más querido y debe respetarle, defenderle, ayudarle y corregirle si se equivoca. (Makarenko, s/f: 122)

Simbólico era el tañido de la campana de bronce en el Bloque 8, (al pasar la represa) para dar inicio y fin a la actividad docente del día. El estudio individual y colectivo, lo controlábamos por las noches en el edificio central donde estaban: los dormitorios, el comedor, el teatro, la cafetería, la cocina, el hospitalito y en la parte llamada basamento, la lavandería, el salón de costura y la barbería y peluquería. Detrás del edificio, la plaza de actos y frente a la enorme escalinata, el anfiteatro. Cuando llovía, cosa frecuente en Topes, y los alumnos regresaban de las aulas empapados, esa noche estudiaban envueltos en colchas, ponían a secar sus uniformes en tendederas improvisadas en los dormitorios y el alumno o profesor de guardia avisaba cuando iba a entrar una profesora o profesor.
Debo confesar que en Topes tuve oportunidad de madurar en la recién iniciada profesión, fui además de maestra, amiga, hermana, compañera, madre, de aquellos adolescentes que procedían de toda la Isla y permanecían lejos de sus familiares de quienes recibían únicamente una visita al año.
Un educando de Makarenko ofrece en su testimonio evidencia de cómo su maestro consideraba el sentido de la igualdad, un rasgo de educación:

Makarenko nos decía: "Los soviéticos debemos descollar por nuestra educación refinada (…) sin adulaciones ni humillaciones, somos iguales entre los iguales. El mundo entero debe envidiar nuestra educación". (Roitemberg, s/f: 85)


El trabajo y la camaradería

El remitente de la carta que da inicio a mi testimonio, Recaredo era uno de mis monitores en el aula 55, lo recuerdo bien, magnífico estudiante y ser humano, su carta es prueba de ello. El Día de las Madres que refiere, me regaló un libro de José Jacinto Milanés, poeta preferido por mí. Preparé para los que fueran a felicitarme, helado y otras chucherías. Para mi satisfacción me visitaron más de los que pensé. Escuchamos música y bailamos, pues yome incluí en el holgorio, pasé un rato divertido y feliz. Siempre tuve con mis estudiantes excelentes relaciones. La camaradería era algo especial que nos hermanaba aunque el espíritu de combatividad, entusiasmo, crítica y autocrítica en medio de aquellas relaciones armónicas nunca faltaron.
El trabajo era férreo, como la disciplina. La Brigada Juventud de Acero la integraban los mejores, dispuestos a participar en las noches, sábados y domingos fundiendo placas, construyendo carreteras, el anfiteatro y otras obras de la ciudad escolar que se preparaba para recibir a más de doce mil estudiantes en el curso venidero. Así conocí a la “parihuela,” incesante batalladora en manos inusuales a rudas faenas. En múltiples ocasiones también nos incorporábamos los profesores. Eran frecuentes la siembra de eucaliptos, pinos y movilizaciones a la recogida de café.
Recuerdo uno de esos días que fuimos al café con los dos grupos de alumnos que atendíamos. La profesora Xiomara y yo quedamos rezagadas, nos perdimos en medio de las lomas. Ni siquiera escuchábamos ya las risas y voces de los muchachos. Cuando vimos a lo lejos dos jinetes que se acercaban, nos asustamos, aún quedaban algunos bandidos contrarrevolucionarios en el Escambray. Pronto nos dimos cuenta…  eran milicianos campesinos, regresaban de un recorrido, por aquellos días se efectuaba uno de esos de lo que en el argot militar nombran “peine.” Un alzado se escondía en la zona. Fue capturado tiempo después cerca del río que se llama “El Chorrito.”Al darnos cuenta del peligro, atamos nuestros pañuelos de cabeza a un palo y los agitamos buen rato llamando a gritos a los responsables de grupo, al fin ellos nos escucharon y minutos después nos encontramos. Al relatar lo sucedido fuimos objeto de sus burlas cariñosas y risas. También nosotras nos reímos junto con ellos;  aunque al recordar hoy aquellos momentos no puedo menos que considerar… ¿Y si en realidad hubieran sido alzados?... ¿hubiéramos podido reencontrarnos?
El valor de la laboriosidad, principio de nueva pedagogía cita Medinski en su testimonio sobre Makarenko:

Los educandos trabajaban 4 horas diarias destinando el tiempo restante a sus estudios obligatorios. (Medinski, s/f: 30)


El entusiasmo y  la rigurosidad

Los chequeos de emulación eran de “bombo y platillo.” Lo encabezaban los dirigentes juveniles y el sindicato. Bailábamos al compás de las congas que animaban el reto fraternal. La nuestra, decía: “La vanguardia será el Bloque 4 aunque al 3 le dé el arrebato.” El Bloque 4, era Español y el 3, Matemática. Hablaba el director de la Escuela, compañero Marcos Pérez, y un joven que dirigía la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC). El Secretario del Partido en la zona era Nicolás Chao Piedra, el administrador de la escuela, poeta además, se nombraba Ricardo Vázquez.

Sobre la emulación en la labor pedagógica de Makarenko ocurría algo sorprendente y cito:

Al destacamento vencedor en la emulación mensual les entregaba como premio seis entradas diarias al teatro. (…)  y… el derecho a limpiar los excusados. Ahora me río cuando lo recuerdo… (Makarenko, s/f: 263)

El concurso El mejor orador fue impresionante. Cada grupo presentaba su aspirante quien durante muchos días disponía el tema escogido y luego pronunciaba el discurso en el anfiteatro, ante la multitud espectadora. Resultó ganador un alumno de la profesora Rosa, admirada y querida por su carácter jovial y su gracejo, propio de los orientales.
No pasaré por alto el día que recibimos orientación del compañero Chávez, Coordinador de la Asignatura de Español (quien lo fuera después en la Vocacional “Lenin”, en La Habana) de volver a revisar exámenes de alumnos de un compañero profesor. Había informado una promoción del 100%. Nuestra asignatura era de las más difíciles teniendo en cuenta el bajo nivel de escolaridad de los estudiantes que procedían de Minas de Frío donde ingresaban con apenas 6to grado y procedían de zonas rurales. Con mucha pena, comprobamos que el profesor había cometido fraude y la medida de la escuela ante el fraude de alumnos o profesores era el de la expulsión.
Yo había vivido antes una dura experiencia para mí en un análisis de promoción. Mis estudiantes tuvieron notas insatisfactorias y fueron muchos los desaprobados. Recibí fuertes críticas de los compañeros de mi Cátedra cuando comprobaron que había sido excesivamente rigurosa. Exigía en las respuestas de la prueba, literalmente lo que la clave declaraba. “No esperes que los alumnos respondan como lo harías tú”. Así me dijo mi compañero Orlando Navarrina, profesor muy experimentado,  y siguiendo su consejo reflexioné sobre la importancia de valorar los puntos de vista de los educandos teniendo en cuenta que pueden ser diversas las formas de expresar el pensamiento lógico.
El profesor Navarrina era de Santa Clara;  hombre maduro y  enfermizo, ya en esa época tomaba fármacos para el corazón. Recuerdo verlo bajando la carretera que conducía al docente, entre las escarpadas lomas, sostenido por sus alumnos siempre solícitos con el viejo profesor. Lo distingo entre mis compañeros más respetables y admirados.


La cotidianidad

En cuanto a nuestra superación, el profesorado de la Universidad de Santa Clara subía a Topes cada 15 días a impartirnos clases y conferencias. En la etapa de exámenes éramos nosotros los que íbamos a la Universidad donde nos albergábamos varios días. Ese tiempo, nuestros estudiantes no dejaban de recibir clases, atendidos por los propios monitores a quienes habíamos preparado previamente. Digno es destacar la disciplina mantenida por ellos durante esos quince días y el amor y vocación hacia la docencia mostrado por monitores y responsables de grupo.
Algo que recuerdo con mucha nitidez era que mi niña que no había cumplido aún cuatro años, no podía adaptarse al círculo infantil y lloraba constantemente. Como el círculo estaba frente a mi casa sentía su llanto, esto me angustiaba y hasta llegué a considerar la posibilidad de bajar de Topes pues temía que la niña pudiera enfermarse. Un día lo comenté con otro profesor que era mi vecino y él me aconsejó con las siguientes palabras, muy adecuadas a su condición de pedagogo en Biología: “el hombre es un ser social, se adapta al medio o perece; espera un poco.” Así lo hice, invité a mis padres a pasar con nosotros una temporada, atendieron a la niña cuando yo estaba en clases, la llevaban al círculo, o la recogían más temprano si la sentían llorar .Al cabo de unas semanas un domingo, al despertar, la niña me dice: “Mamita, llévame al círculo.” Me quedé sin palabras. La abracé y la besé. “Hoy es domingo, mi amor, mamita no trabaja” le dije. Aún agradezco enormemente a mi vecino-profesor la enseñanza.
Otro día, era sábado, correspondía Universidad por lo que el círculo trabajaba todo el día y parte de la noche, yo regresaba tarde de una guardia, después del agitado día de Superación, ya la niña dormía, y al cargarla siento que recostada en mi hombro me dice con su adormilada vocecita: “Se me quedan los zapaticos.” Entonces una de las tatas se agachó y recogió debajo del catre los diminutos zapatos. Aún sonrío al recordar la ocurrencia.
Era cotidiano bajar a la tienda de víveres, ir a la casilla, a mí en particular me encantaba desayunar en la cafetería que estaba a la entrada de Topes, donde paraba la guarandinga cuando subía de Trinidad. Allí servían café con leche rusa que venía en laticas y era  muy sabrosa, le decían “leche de burra” nunca supe por qué, además, pan con mantequilla; y aunque en el comedor de la escuela daban desayuno yo prefería aquel.  Conservo en el paladar la deliciosa sensación del matinal alimento.
Por las tardes, con frecuencia nos visitábamos los profesores que habíamos entablado relaciones más estrechas, por ejemplo: yo visitaba a Emelina con la que aún me carteo y nos hemos visto en mis viajes a La Habana, donde ella vive. O a Teresita Mena, también de mi pueblo, era la profesora que yo sustituía cuando ella disfrutaba el receso docente o viceversa. Una tarde, en el cine de la escuela pasaron la película Las Banderas en las Torres sobre la vida de Makarenko y casi todos los profesores fuimos a verla.
El incidente que voy a relatar me impresionó vivamente: Una mañana iba para el teatro con otras compañeras a una reunión, al pasar junto a la cafetería, con gran sorpresa, veo que sale a nuestro encuentro la agradable y jovial figura del director de la escuela a quien no había tenido aún la oportunidad de tener tan cerca y al que todas admirábamos y respetábamos, enfundado como siempre en su ropa verde olivo y nos dice: ¿Cuál de ustedes es la mujer de Ivo Tamayo? Ivo Tamayo es mi esposo. No pueden imaginarse mi turbación. Sin exagerar, aún me siento inquieta solo de recordarlo. Conversó con nosotras brevemente y algunos días después supe que él había solicitado al Poder Local de Trinidad, donde trabajaba mi esposo, le fuera permitido llevarlo a ocuparse del cargo de responsable de mantenimiento de la escuela y le fue concedido. Claro, esto lo había conversado previamente con él. Marcos Pérez había sido su maestro en Mayarí, Oriente.
Las manifestaciones afectivas de pareja no estaban permitidas en la escuela, ni siquiera entre profesores casados. Cuando íbamos al cine, no podíamos permitirque nos pusieran el brazo sobre los hombros como los esposos acostumbran. Había que predicar con el ejemplo y más aún ante los estudiantes.
Una de mis alumnas se quejaba un día de que su enamorado, que era además, el responsable de grupo apenas si le hablaba y se limitaba a mandarle papelitos aún estando en la misma aula. Esto era debido a que las expresiones amorosas entre estudiantes o entre éstos y profesores estaban prohibidas, y aunque entonces considerábamos severa la medida teniendo en cuenta la edad de los que allí convivíamos propia del florecer del amor, hoy comprendo que la escuela tenía una alta responsabilidad con la familia de aquellos alumnos casi niños y así se evitaban consecuencias lamentables.
También Makarenko era celoso guardián de que las relaciones amorosas no ocurrieran en su colonia, así lo manifiesta su camarada Gorka, a quien cito:

No entablar amoríos con las chicas propias, es una de las tradiciones de la colonia. (…) sólo ha sido vulnerada una vez teniendo como fin del drama la muerte de un niño. (Gorki, s/f: 46)


Fechas

El 26 de julio, aniversario séptimo del Asalto al Moncada, fue celebrado en Santa Clara y tuvo la mayor representación de los alumnos de Topes. Cada tarde, después de las clases se efectuaban los ensayos, donde se ofrecía un espectáculo increíble lleno de colorido: La gran pizarra humana con  cientos de estudiantes, las coreografías Salud y Belleza, Venceremos y otras, las tablas gimnásticas y en especial el coro gigante de 2000 estudiantes dirigido por Orlando Rodríguez, el joven instructor de música y de su esposa y compañera, Ramona quien lo ayudaba en la selección de voces. Interpretaban a cuatro voces, el Himno del 26, La Bayamesa, Cuba qué linda es Cuba, La flor de la canela, canciones rusas entre otras. Conversando años después con el amigo y colega en las lides de la enseñanza y la Literatura, Orlando V. Pérez Cabrera, me recordaba que él estaba en Topes estudiando en ese mismo año y que fue integrante del coro, el que fue presentado al año siguiente a los delegados de la Conferencia Tricontinental (Asia-Africa-América Latina) celebrada en La Habana, y que luego con Fidel visitaron a Topes.

El 26 de noviembre se conmemoraba el cuarto aniversario del asesinato del brigadista alfabetizador Manuel Ascunce (cuyo nombre, sabemos, llevaba la escuela) y de su alumno campesino Pedro Lantigua.  Como todos los años, se preparaba el peregrinaje al sitio que rememora el hecho criminal, Limones Cantero, cerca de Trinidad.  Muchos visitantes llegaban. La casa, que compartíamos la profesora Maricela Prado, también de Cienfuegos,(quien disfrutaba la semana de receso correspondiente a las siete de trabajo) y yo, se dispuso a recibirvisitantes, al igual que la de otros profesores. Se alojaron los padres de Manuel Ascunce y la viuda de Pedro Lantigua, a quienes tuve el honor de conocer y compartir con ellos momentos de dolor aún recientes. 
Concluyeron los exámenes finales, los alumnos regresaron a sus lugares de origen. Muchos, sobre todo los militantes de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) donarían parte de sus vacaciones a la construcción de la escuela y a la recogida del café. Yo quedé un tiempo en Collantes, entregada a los preparativos del regreso. Sentía ya los primeros síntomas de mi segundo embarazo por lo que me llevaba un recuerdo vívido de mi estancia en Topes. Por otro lado, estaba triste, el silencio por la ausencia siempre presente de los estudiantes me abrumaba.
Una fría mañana siento que tocan a mi puerta y al abrir,…¡Qué alegría ver la franca sonrisa de Héctor, mi alumno de Holguín, que regresaba!  Me sorprendió verlo sin abrigo, le pregunté y respondió que se lo habían robado en el tren. Entonces busqué el mío y haciendo caso omiso a sus protestas lo coloqué en sus hombros. Al pasar los años me ha ocurrido algo muy curioso, siempre que he tenido en mis aulas un alumno que lleva por nombre Héctor, ha arribado a mi pensamiento, sin proponérmelo, la remembranza de aquel día.

Valores

Retomando la carta de mi exalumno Recaredo, a la que di respuesta inmediata, le afirmé que yo tampoco lo había olvidado, pues el legítimo maestro siempre recuerda a quienes depositan en él su confianza y afán de conocimientos y que siempre me he de sentir en deuda con los queme permitieron moldear la arcilla en el taller de la Pedagogía.
Años después, en un evento nacional, debate de talleres literarios efectuado en Ciego de Ávila al cual asistí como participante conocí a una tallerista de Chaparra, las Tunas. Inmediatamente recordé que era el pueblo de Recaredo y al interesarme por él me dijo que lo conocía, que continuaba trabajando en Educación, estaba casado y tenía una linda familia. Le pedí de favor, le trasmitiera mis saludos y mi afecto.
Los educandos que son sensibles al sentimiento de amor y agradecimiento a sus maestros  merecen en reciprocidad, recibir el mismo afecto, ya sean de discípulos, compañeros, amigos o familiares. Hoy pienso: Cuánto me hubiera gustado mantener comunicación con mis estudiantes de Topes. Conocer si  lograron dar luz  mezclando acero y flor como aspiraba Makarenko en su pedagogía, si recordaban a su joven profesora de Español, qué había ocurrido en sus vidas, pero infelizmente desconocía sus direcciones porque nunca tuvimos una despedida definitiva, siempre pensamos que volveríamos a reencontrarnos.
Pero al siguiente curso no regresé a Topes. Los primeros graduados Makarenko estaban ya prestos a sustituirnos; sin embargo nunca olvidaré que fuimos solución emergente de un llamado especial a la imperiosa urgencia de profesores para Minas-Topes. Aunque mi estancia en la escuela fue breve, me resultó muy enriquecedora y gratificante. Siempre pensaré en mis compañeros y en mis alumnos como en algo querido y conmovedor. Cuando he tenido la oportunidad de conversar con quienes estuvieron en la escuela ya educando, ya educador hemos evocado con verdadera añoranza aquellos tiempos y hemos dicho emocionados: ¡Éramos tan jóvenes!
Al destello de los años transcurridos, haciendo valoraciones sobre métodos pedagógicos, calificados rígidos tal vez, en la formación de los maestros Makarenko he arribado a la siguiente inferencia: Ellos fueron germen, semilla que fructificó en momentos especiales, auténtica flor de nuestro actual sistema educacional, capaces de sentar bases en la creación del hombre nuevo logrando fraguarse en el sacrificio, la tenacidad y el amor al trabajo.
En uno de sus informes a los padres expresó Makarenko:

Si a mí me entregaran hoy una escuela reuniría a los maestros diciéndole: queridos amigos, les propongo hacer las cosas así. Al maestro que se mostrase desconforme, por muy calificado que fuese, le diría: márchese a otra escuela. A una joven de dieciocho años que está de acuerdo conmigo, le aconsejaría: usted carece de experiencia, pero su mirada brilla, veo que usted quiere trabajar, quédese y trabaje, nosotros la enseñaremos. (Makarenko, s/f: 263)  


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

GORKI, M. Por la Unión de los Soviest. En: Makarenko. Su Vida y Labor Pedagógica, Editorial   Progreso, Moscú. S/F.

MAKARENKO, A.  Poema Pedagógico. Tercera parte, Editorial Progreso, Moscú. S/F.

MAKARENKO, A.  De mi experiencia de trabajo. En: Makarenko. Su Vida y Labor Pedagógica, Editorial Progreso, Moscú. S/F.

MEDINSKI, E. Makarenko. Su Vida y Labor Pedagógica. Editorial Progreso, Moscú. S/F.

ROITEMBERG. E. Mi Maestro. En: Makarenko. Su Vida y Labor Pedagógica. Editorial Progreso, Moscú. S/F.

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