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Página de Inicio Entrerrianos Obra literaria de José Antonio Fernádez Miranda El último tren

El último tren

Por José A. Fernández

Ella es  perfecta por motivo alguno.
Al morir las horas le declaré mi voz.
Un silencio tímido hubo
un tímido silencio tal vez hubo
adormecido en las líneas ,
la noche fue testigo.
Anclé mis manos a sus pelos,
recuerdo el misterio, una perceptible imagen sublime.
–¿Aún puedes alcanzar un tren
en la próxima estación?,
comentaron sus labios al viento
hurgando con  sus alas mi rostro.
–¿Ella?
–No está.
Pasarán las horas, estos meses.
Vendrán los trenes aficionando mis deseos,
sus besos declararon mi último tren.


Próxima espera

Conocí el ritual, tu cuerpo
la noche aquella del primer trago de besos.
Acaricié la sombra cuando te empezaba amar.
Un poco de todo, un nudo de dos
guardado en las paredes.
Dibujaste sonrisas, el amanecer, un país.
Para poder vivir del temporal
até mis esperanzas ahorcadas
en esperas inseguras.
He de convocar mi reloj,
los días, estaciones, este año.
Esperaré en el cuarto
bajo un árbol sin hojas tu regreso.
¡Qué poco de usted , arranqué de tus labios!
¡Qué mucho de mí, llevaste contigo!
Este paisaje anunciará la llegada de las olas,
como quien nunca te fuiste lejos de mí.


A tu imagen

Al descorrer con temor la mirada
dibujé mi boca en tu cuerpo.
Si la vida robara ese instante
volaría al sureste de tu espalda,
gritando más allá del mar,
el regreso bebido en un trago.
Santificaré tu nombre
a otras formas de concebir mis sueños.


¿Manzanas o serpientes?

¡Levita el telón!
No más palabras a mis  recuerdos débiles,
que ha de confesar al  lapso exalto
de clown que tejen  la lluvia sobre el alero.
A tu boca, perfección venerable en mi espalda
de  azahares pescando las bardas deformes.
¿La  piel que cuestiona poesías
en las madrugadas de quien se cree trovador?
Al masoquismo del sigilo febril,
temeroso y desafiante que solloza en mi arrobamiento;
una angustia abatida asfixiando mi lengua.


Luego medito:

…no todo es la triste canción,
el yermo de  quien niega al amor.
Un escenario exiliado que  asume al actor raído de aplausos,
¿Será el comienzo de liturgias efímeras?
¿Y las mujeres que visten la noche de lentejuelas y tacones,
a  Magdalena?
¿las Marilyn  de silicona,
creyones tornasol  que despojan labios rudos de
obcecados presumidos y amenazan sacrificar la luna como lobos?
¿A  mí, que niego los favores y cuestiono los momentos  como fugas de neón;
sin aplausos para  la función de esta poética?


Quijote

Vuelves con  escudo y lanza
cual si fueses  un Quijote más.
Despiertas  un grito en  el  molino y
cabalgas al horizonte  emprendiendo
un  viaje a los ojos de esta isla.
¿Eres aquella nube?
El fantasma del molino teme al Vesubio  y fiel escudero.
No claudicas raído en harapos tras Dulcinea
confesando tus cabellos al ´perfume de los poros.
La orgia de tus dedos  en la Isla Barataria
donde acechas  tu última esperanza en los sueños
de aplastante soledad.


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