¿El último café, el amor o el olvido?

Por Orlando V. Pérez

No puede ser el último café / ni el desolado parque donde por primera vez / nuestros labios se hermanaron. / No puede ser el instante 18 de una primavera / ni la palabra poste clavada las entrañas. / Necesito ya, ser ese animal brutalmente feroz, / golpear al enemigo en los puntos más sensibles. / Necesito “una tormenta de rayos y hachas estridentes” / en tanto llega el primer envío de ternura. / Necesito ser antes de existir, / escalar los más empinados horizontes, / robarle a la Esperanza su Caja de Pandora. / Necesito compulsar mis flautas más remotas, / ascender del Hades con mi Eurídice preñada de deseos. / Necesito un árbol donde el gato parlante se eternice. / Necesito Granada sin Plácido Domingo, / no un domingo plácido donde el crack haga que me olvide de mí mismo. / No será Knockin´ on Heaven´s Door / si no he puesto aún el arma sobre el suelo.

No será la última esquina que iremos a doblar, / ni tu espalda perdiéndose entre la nerviosa multitud de una vieja calle al estilo bonaerense. / No puede ser el regreso de tótem y el tabú / cuando cruzamos por los días / cual ángeles castrados. / Mejor será patear la suerte como un balón obtuso en una cancha donde Lucifer es el portero.

¿Entonces te irás hacia el regreso / o el non regreso para siempre / allí donde el amor ha levantado un palacete de arenas movedizas? / ¿Dónde se cotiza el calor? / ¿O donde los orfebres cincelan tu cuerpo / mientras inhalas el incienso que brota de tu piel entre un vaso de cerveza y una penetración intermitente?