Alba Longa

Por Orlando V. Pérez

Love which shines around me...


The Beatles

Nada cambiará tu aurora:
el mundo
es una serpiente
que te brota limpiamente
cuando al sol
el día dora.
En el andén,
si no llora, es agua donde sonríe.
El recuerdo te deslíe en el aroma del canto;
tu magia es azul quebranto: no hay tarde
que la desvíe.

Alba Longa:
el Universo misterioso y abismal;
Alba Longa:
es un cristal frágil como el mismo verso.
El anverso y el reverso
donde la música
entalla
el parvo traje, una playa al vuelo que nos incita:
y la partitura agita su verde espora en la malla.

Hay tardes llenas de tardes
que te colman
por la ausencia: hay un grito en la violencia
de la llama donde ardes.
Que los amores cobardes
una canción los estruja como papeles.
Que ruja
el aliento donde faltas,
desde las rocas más altas cuando el sueño se arrebuja.

Hay noches en las paredes
por las aristas del frío,
y en la fábula del río
que atenaza.
(Por sus redes, cuánto asedio: ¿ya no puedes?)
Empolla la oscuridad
en las calles.
La ciudad
—derretida en el asfalto—
te ha tomado por asalto, fino pez de soledad.

Hay hielo en la madrugada
por el alma.
Lentamente
todo lo traga el relente
(menos luz y más espada),
mientras vuela la frazada donde se arropa el calor.
Si te abandona el amor,
¿qué será del breve día,
qué señal
tendrá la vía para franquear el dolor? 

Hay un cero en la pizarra
sobre el reloj
congelado, y un corazón que ha varado
ante el mapa de una garra.
Cercena la cimitarra
desde el fondo del abismo
toda luz.
El llanto mismo es arena entre los ojos:
acorazados, cerrojos donde bebes tu mutismo.

Te me vas,
cantando al mundo sin verte agitar la mano;
y demasiado temprano
cavas un hoyo profundo
en mí.
¿Que en horas abundo
de dolor?
¿Que te he perdido,
no lo sé?
Que el ciervo herido
amparo busca en el monte.
Y que al irte, el horizonte en espuma has convertido.

En un tenaz árbol vivo
como aguardando el encuentro
y voy bajando hasta el centro
de un fantasma redivivo
que desactivo y activo
con una suerte que asombra
al pasado que la nombra
en adverbios de presente...

cual
un cristal
en la mente
fragmentado
entre la sombra.

Miro pasar tu figura
por mi espejo.
Y se me va,
y no sé si volverá con su esperanza más pura.
Miro pasar tu cintura a enredarse en el paisaje sin remedio.
Un nuevo viaje le dará la primavera,
como la esbelta palmera
anunciada para el traje.

Miro pasar
tu mejilla en busca de un verso errante,
y le presta el caminante
el zapato
y la sombrilla,
su perro
y la maravilla.

Miro pasar tu misterio, y me he quedado tan serio
(como buscando respuesta).
Y solo veo una puesta
de sol,
sobre un cementerio.

Estás en un mar lejano 
y yo
te escucho la voz donde me dices adiós
y no te encuentro la mano.
En palabras me desgrano, pero el amor desfallece.
El teléfono se mece
(viejo androide sin entraña),
y tu voz es tan extraña que a la sombra se parece.

Pero apareces.
Escucho que llegas como naranja
deshecha en jugo.
Una franja de frescura. ¿Cuánto es mucho
para empañar el serrucho en esa fresca madera?
Y me voy por la ribera a respirarte la piel
con un barco de papel anclado en la sementera.

 

Premio Especial Aniversario 120 del nacimiento de Rubén Martínez Villena (Segundo lugar del certamen) y Premio del Grupo Nacional de Escritores Rurales.

Tomado del blog Cuba Ala Décima, de Pedro Péglez (N. del E.).