Sonata para un ángel bendecido

Por Orlando V. Pérez

Un ave azul se dibuja
en la verde lejanía.
Amanece la alegría
en el sol que el niño estruja
y felino se arrebuja
de la madre en el regazo.
Es del pan ese pedazo
que su espíritu cincela.
Ella la voz le consuela
y lo dibuja en un trazo

de su inmarcesible amor.
Embellece la belleza
con la luz. Con su riqueza
la madre esculpe una flor
de fuego con esplendor,
de ternura y de capullo.
Él de su ser es orgullo,
el cuerno de la alegría.
Ella le traza la vía
con un inaudible arrullo.

El colibrí de su seno
un día virgen nació.  
Ella sus plumas secó;
vio que el ángel era bueno
como un manantial sereno.
Dulce a la mar alimenta
y en la prístina tormenta
ella lo mima y protege
y el espíritu le teje
y el corazón le apacienta.

Es el ángel bendecido,
es el ángel que bendice.
Es el ángel que le dice
cómo crecerlo en el nido.
Es el ángel que ha nacido
con la gracia del Señor.
Ella cultiva esa flor
por ser su fiel principito,
y en la soledad del grito
le entrega todo su amor.