La Novia de Matanzas se ha dormido

Por Orlando V. Pérez

algo para fingir que estoy dormida

Carilda

Un destino labraba en la armonía
con su cincel de verbos delirante
que pulía en una lira rutilante
para llenar de luz el nuevo día.

Eran versos al sur de su garganta
con que incendiar el ansia a ras del fuego.
Aunque el alba tremola como un ciego,
su diamantina voz por siempre canta.

Hay un soneto azul en cada puente,
una rosa de amor en cada fuente,
un sagrado frescor en aguaceros.

La Novia de Matanzas se ha dormido:
escucha, caminante, su latido:
entre sus piernas la acaricia Eros.