Lágrimas-bartolina

Por Orlando V. Pérez

Cuántos inviernos se vuelven pedernales,
cuántos puñales entran de noche por mi puerta,
cuántos posters cuelga la ciudad con anuncios inclementes.
Sucede que también me canso de ser hombre
y río con cinismo de las hojas verdes
y de los labios ahítos de creyones.

Déjenme solo por instantes de forever.
Déjenme saborear el misterio de una pesadilla.
Déjenme vivir de las mil muertes.

Ya no quiero París con aguacero
ni NY porque apagué los sueños.
Déjenme en Capri salcochando un maremoto.

Ni herido de amor, ni la esperanza bajo el árbol seco.

Ojalá fuera un ojo tuerto del infierno
o los tatuajes de Justina
allí donde Diógenes me presta de nuevo su tonel.