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Página de Inicio Entrerrianos Obra literaria de Orlando V. Pérez Cabrera Pesadillas de mi ensueño

Pesadillas de mi ensueño

Por Orlando V. Pérez

Veo arpones en el cielo,
un mapa bajo la piel
(un canino nunca fiel
me va azuzando el desvelo).
Veo otro yo con mi anhelo
sin remedio vuelto trizas.
Cuántos círculos de tizas
caucasianos en la cruz
(un afligido capuz
va en busca de negras misas).

Veo a Silvio con sombrero
en la mitad de las cuerdas,
y amargas serpientes lerdas
reptando en el mundo entero.
“Yo soy un hombre sincero…”
(la muchedumbre no escucha).
Hay un monstruo que serrucha
sobre un aserrín de hormigas.
Allí crecen las ortigas
entre el humo de la lucha.

Veo una ventana abierta
a la luz. Pero la sombra
tiene un dedo que la nombra.
Veo una página incierta,
un guepardo siempre alerta
que vigila al inocente.
Hay un lúcido demente
perorando por la calle.
Es un borroso detalle
donde no alcanza la mente.

Veo un hombre verdadero
de estertores que agoniza.
Aunque el reloj lo esclaviza
y es el ojo un agujero,
con su voz fundo el acero
en donde pueda tallar
alas: verlo retornar
hasta el cauce de mi oído.
Rotunda magia, hacia el nido
ha de un día regresar.

Veo una madre que abraza
de recuerdos un puñado,
y el retrato aprisionado
lentamente la amordaza.
Hay un cadáver que traza
angustias en los porqués,
y un guante gris de revés
sobre el mantel de la duda
y una mano que me suda
halándome por los pies.

Hace del polvo el camino:
veo un corcel que galopa
desbordándome la copa
donde se bebe el destino.
¿Qué hacer del amargo vino
en la garganta? El corcel
burla el fuego de un cuartel,
raudo vuelo hacia el ocaso:
un vástago de Pegaso
del tiempo sobre el cincel.

Veo el candil de un bohío
con párpados de ranura,
y una triste criatura
entra de noche en el río
de Heráclito. El lomerío
de azules veo grisarse,
el cielo precipitarse
sobre aquel pardo temblor
dibujo del trovador
mientras no pudo marcharse.

Veo al buen samaritano
remontarse en la paloma:
trino, polvo, cielo, aroma,
mudo pez, exacta mano
de su mundo en el arcano.
Hay un paria, un polizonte
en la barca de Caronte,
y otro Byron sobre un perro:
yo las puertas nunca cierro
en la vastedad del monte.

Veo un ángel bisexual
con traje de marioneta
entonando la corneta
en el reino digital.
Princesas tras un cristal
veo siempre prisioneras:
rubendarianas quimeras
mugen rapsodias de buey:
una interminable grey
cepillando las aceras.

Veo un canario amarillo
y el ojo donde ilumina.
Veo un hombre que camina
cual un escolar sencillo
de universo dando brillo.
Desde aquí lo puedo ver
tallando el alba en el ser.
Cuánto arroyo en la simiente,
cuánta semilla en el lente
me ha dado para crecer.

Veo todo, nada veo
(mi demencia es proverbial):
libé las flores del mal
en los brazos de Morfeo.
Creo en todo: en nada creo.
¿Ego sum lux? Mi pitanza,
desajuste en la balanza,
no proviene de querubes
(maná que atraviesa nubes).
¡Pero guardo
la esperanza!

Con este poema el autor obtuvo Premio Especial en el Concurso  “Toda luz y toda mía” 2018 (N. del E.).

 

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