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Página de Inicio Entrerrianos Obra literaria de Orlando V. Pérez Cabrera Una falta sin fondo

Una falta sin fondo

Por Orlando V. Pérez

Madre:
¿Por qué los buenos tienen que marcharse?
¿Por qué tan pronto se nos gasta la moneda?
¿Por qué tu amigo, el del sombrero,
se fue sin avisarnos?
Como un esquimal fundido a la pared
estoy ardiendo el llanto de la casa.
Cuanto quedó de él es esta ausencia;
sus dedos, crujidos en el aire.

Contesta, madre mía,
si también nosotros
nos estamos alejando.


Por el fondo de un mar oxidado y misterioso

Perdona si una parte de mí
se pone a navegar por aguas turbulentas.
Perdona si arrastro los grilletes
por el fondo de un mar oxidado y misterioso.
Anoche y esta son gemelas
y no sabes cuánto miedo se refugia en cada adarme de mi cuerpo.

Anoche es ya anteanoche
y no sé si han verdecido los árboles del patio,
si han regresado las aves migratorias.

Sin ti
soy un extraño de mí mismo:
nada sé sobre los días que sepulto.


Para batir la selva enmarañada

Oh, madre, que me pintas la memoria, 
llenas van tus arrugas a mi estrella;
tu manto está en la piel, donde destella
el tiempo inmarcesible de la historia.

Tu floreciente beso es más que gloria.
Tú planchas de mi vida la querella
y llevas luz en la porción más bella,
al centro de la pira o de la noria.

El beso en que me atrapas simplemente
es canto silencioso. De repente,
son pájaros que vuelan a lo eterno.

Tu sabia alforja se me vuelve espada
para batir la selva enmarañada
y conjurar las sombras del averno.


Los rayos de lumbre pura

La pena no te bastó
ni tampoco la alegría:
en tu rostro azul había
el ojo que no lloró
cuando el vendaval llegó
por el alba a ras de suelo.
Me teñías aquel cielo
con polícroma paleta:
en la punta de la aleta
vas dibujado mi anhelo.

Los rayos de lumbre pura
acarician mi conciencia.
Viejas cargas de paciencia
apaciguan mi locura
hechas de tu fiel ternura.
Desde las puertas tempranas
hoy me asomo a tus mañanas
para verte navegando
en mis aguas, y mesando
el alivio de tus canas.

¿Sabes tú? Juntos estamos
en el espeso camino,
cada cual con su destino
sin saber adónde vamos.
No hay distancias; nos amamos:
en la sombra singular
nos iremos a encontrar.
Y encenderemos más luz
con los leños de la cruz
en el luengo caminar.


Seré lo mismo que tú

Serás fábula en que estés
cual éter en la otra orilla
mientras la roca callada
te despeinará la brisa.
Seré la roca en que estás
alargando las pupilas
más allá de las tinieblas
que te duermen en la sima.
El silencio de tu ausencia
es un eco en la partida
para que siga volando
la mariposa del día.

Seré lo mismo que tú
cuando alarguen las cenizas.

Este conjunto de poemas fue finalista en el Concurso Internacional “El mundo lleva alas” 2016 (N. del E.).


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