El camino de Santiago



(A Santiago Feliú, in memoriam)

Por Orlando V. Pérez

El camino de Santiago
los cisnes colman de flores,
y del iris, los colores
deshacen el golpe aciago.

El tiempo, que tanto estrago
hace sobre una escultura,
respetará su frescura
hecha en el labio canción,
y en el pecho, la emoción
arderá en la llama pura.

Entre nosotros está
Santiago con su guitarra:
no es santo. La cimitarra
ramas corta y las dará
al bohemio que vendrá.
Santiago, estirpe Feliú,
tiene el alma de un gurú
que de la trova es profeta:
es como el azúcar prieta
del café que cuelas tú.

Nocturna luz. El destino
apunta a la eternidad,
y en vieja y nueva ciudad
el sol alumbra el camino.
La musa le marca el sino,
y aunque lágrimas derrama,
no perderá ni una escama
su estampa de bello pez:
de su trova la esbeltez
guarda el pueblo en fresca rama.

Es Bárbara la vigía
que el mármol le cuidará,
mientras el tiempo será
la gota de día a día.
En su frente, la elegía
tiene pan de ruiseñor,
y en el plomo del cantor
se ha de ver la mano blanca
trazada en la piedra franca
donde no muere el amor.