Una alquimia que no termina nunca

Por Orlando V. Pérez

Asistimos al nacimiento del segundo libro de Orlando Pérez González, y resulta doloroso declarar que es este un libro póstumo. Parafraseando unos memorables versos de Miguel Hernández, he de decir que “la muerte enamorada” se aprovechó de “la vida desatenta”, y lo hizo volar a otras regiones, cuando ya en Orlando se perfilaba el arribo a la plenitud de su madurez creativa. (“La vida nos programa, nosotros no la programamos a ella”, al respecto me aseveró recientemente de manera filosófica el poeta Jesús Candelario).
La lectura atenta de Alquimia conclusiva viene a corroborar la asunción de la madurez creativa a la que me referí en el párrafo anterior. Puede decirse que es un libro de continuidad y ruptura respecto a Mare Mágnum (Editorial Mecenas, 2003). De continuidad, porque determinados resortes creativos de éste se aprecian en aquél, tales como la peculiar puntuación, el juego ingenioso de palabras, el intencionado y significativo intertexto, la asociación inesperada de vocablos –con atinados préstamos tomados de lengua inglesa–, la fina y, a veces, descarnada ironía, todo envuelto en un casi permanente estado de gracia juvenil no exenta de humor; también, converge en ambos libros la utilización tanto del verso amétrico como de formas más cerradas (soneto, décima). De ruptura, porque en Alquimia… Orlando asume un mayor nivel de profundidad y de responsabilidad en el orden formal, y se hace a veces más abisal e imaginativo el abordaje temático; hay una mayor concentración en el hecho poético, y se va entonces a la palabra raigal, al giro más significativo que sorprendente, a la sobriedad y precisión en la adjetivación.
El contexto espacial y social que refleja Alquimia… está asociado a la ciudad de Pinar del Río, que el autor adoptó como suya por casi 15 años, y su divisa fue la devoción sincera y profunda de un hombre enamorado. De manera que ante todo vivió, amó y padeció, y después plasmó las vivencias sobre el papel. La mujer amada podrá tal vez identificarse si por suerte el libro cae en sus manos. Las calles de esta ciudad guardan aún la huella de los pasos del poeta trashumante, tanto como el eco de su canto.
Aunque el tema central de este poemario apunta hacia la ruta de Eros, de manera significativa no pocos de sus poemas develan aristas de la agonía existencial, la desacralización de ciertos símbolos, el presentimiento de la inminente visita de la Intrusa:  “…en esta muerte sin remedio / sin piedad conmigo mismo”. (“The Day After”)
No obstante, la alegría elemental, el clamoroso llamado de la esperanza afloran una y otra vez, y se aprecia un constante reclamo de ser correspondido (o por lo menos comprendido), una imperiosa necesidad de protección  en el regazo de la amada. Para ello, el sujeto lírico le declara a la interlocutora una inalienable profesión de fe, el imperativo de que lo espere en cualquier lugar de la existencia, sea en la tangibilidad inmediata o en un punto incognoscible en el espacio y el tiempo. Así lo canta en “Des-esperando”, uno de los poemas más bellos y conmovedores de toda la producción orlandiana:

te espero en Troya o en Atenas
en Roma o en Florencia
en el Cuaternario o Internet
en el cosmos
debajo de la orilla
cazando tiranos
abucheando a presidentes
llorando caracoles
abrazado al árbol seco
vomitando un buen poema
esperando a Terry Fox
……………
soy el mismo que cambia
soy el cambio que misma
te espero
estoy en ningún lugar…

Es este un poema que aquilata la quintaesencia de Alquimia conclusiva, y por qué no, de la poética de este autor, cuyo segundo y último libro ofrecemos hoy, en la esperanza de que va a tener tan grata acogida como Mare Mágnum, su ópera prima.
Y desde aquí le decimos al poeta: “Dondequiera que estés, Orlando, sea en otra dimensión del universo o simplemente en nuestros corazones, tú vas vernos a sonreír agradecidos”.

Poemas de Alquimia Conclusiva


¡Que viva mi partido de buscarte!


Acabo de  fundar un partido
cuyos honorables presidentes
son estos ojos
que conoces
y que ahora intentan
demostrar su holocáustica doctrina
en una maniobra de etéreos malabares
donde apenas logran hacer blanco
sobre tu oreja en retirada.

Pero ellos son líderes indiscutibles
de temible reputación
conquistada en batallas clandestinas
y todos mis demás órganos
(sin excluir los del interior)
mayores de 37 insomnios
le siguen gritando eufóricas consignas
que piden tu regreso.

La oposición de ciertos
grupúsculos neuronales
con la repugnante razón al frente
queda vencida por las enardecidas huestes
guiadas por mis ojos
que a los tuyos atacan nuevamente.

A-Marte

A-Marte hubiese sido
bautizar un asteroide con mi sombra
colgarlo nuevamente de la ducha
disolverte a puro beso
¿de un soplido?, ¿de montaña en arquitrabe?

Amarte fue crear la mariposa
cuando llorabas farándula abajo
o tirabas del río por sus olas,    
por sus peces,   
sus reflejos 

Lamentar
no entregarte
mi palabra decisiva
mi canción reveladora
la rabiosa verdad que no supiste

Amarte
es la ventana que atesoro en el desván de mis insomnios
Imaginarme, aún después los caminos y tantos puertos

Señalándote los ojos + la vida y la esperanza
desde un fresco en tu capilla.

Amarte es la deshora repetida y repartida
entre todas mis sequías
mis versos
mis delirios.


Juego de anónimos

Escribo sin nombre
Versos sin nombre
En este sitio sin nombre
Para alguien sin nombre
Que me cree sin nombre
Porque el mundo ya no es mundo
Sino un lugar innombrable
Donde se alza la mentira con partida de bautismo
Pero aún así respiro su inexistencia
Y la nombro
...Y... la nombro
...Y... la... nombro
Cantando la ópera in-titulada que pude haber compuesto
Un día-siglo inmemorial
Porque en noches como esta
Y tantos silencios, incógnitas, misterios
Lentamente pueden bautizar
su innombre
con mi nombre.


Regreso

He visto la lluvia, hoy, en esta tierra
hecha mía, más aún contigo
y he pensado
si aquel pequeño portal
que mi madre cuida con celo de anciana
se ha mojado con el ruido de este tiempo
si me esperan mis amigos en la noche
cobijados en un jugo de naranja
de manos de mi viejo
disparándose poéticos chismes
metáforas de otro patio
o simplemente yo rockeando
hasta ver la luz del día
de otro día sin abrazarme
El pequeño portal espera
que te vuelva a descubrir
uno de estos días
como ya estuviste desde siempre
sentada junto a la guitarra
Espera vernos subir a puro canto
el viejo pico de Escambray
como lo hiciste vida
para oírme gritar tu nombre
que no conocía aún
pero estaba grabado en cada piedra del camino
El sincero portal
la pequeña familia, nos espera de regreso


Alquimia conclusiva

Agregué el tiempo
(trago de alcohol
interpolado entre tu nombre
y un bolero de Beethoven)

Mezclé el recuerdo
(dádiva
con que estafo la victrola)

Los demás elementos
gastélos en tejer un cronómetro filosofal
para medir el viento en ciertos libros cardinales
o escribir textos de perfecta geometría
que alegraran los ruiseñores de la nostalgia.
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En este instante del pasado que voy respirando
sigo cocinando el teléfono a fuego lento
sobre mi sueño de opio.


Sueño causado por el vuelo de una abeja
en torno a una granada
un segundo antes de despertar


Fuera de mí, fantasma impertinente
tan solo ayer naciste y ya eres dueño
del mástil de mi noche (el magno sueño)
y me enfermas de un verso incontinente

Basta ya de saltar de techo en techo
cuando mi piel se asoma a la ventana
no está bien que derroques mi mañana
si al despertar tu cuerpo no es un hecho

-anoche cuando entraste fui una abeja
que succionó demente hasta la ceja
genital de tu etérea geografía

y a un segundo del alba se esfumó
ese delírium trémens que soy yo.
Vete ya, que va a estallar mi fantasía.


Ten mi nombre como un sueño

Ten mi nombre como un sueño
que he de partir a otra tierra
ten mi sueño que se cierra
como un caracol pequeño
lleva mi nombre en el ceño
mi espada, mi luz, mi amor
guarda siempre lo mejor
que encontraste en mi bohío
ten mi sueño, no el hastío
ya parto: qué gran dolor