Get Adobe Flash player
Página de Inicio Entrerrianos Obra Literaria de Magalys Ojeda La fórmula mágica

La fórmula mágica

Por Magalys Ojeda

Una de tantas veces nace un hijo del rocío de las estrellas y el rayo de luna. Este pequeño guarda en sí la música de todos los vientos y ríe como un cascabel. No. Como la campana del reloj.

Parece que es hora de despertar. ¡Qué lástima! ¡Hija de la una!

—¡Muchacha, que te quedas dormida!

Y empieza el corre corre. ¿Cómo será ese rayo de luna, esa gota de rocío?

Son las 6 a.m. Otra vez el camión viene tarde. A veces la cabina no alcanza para tanta gente y vamos como sardina en nevera. La carretera brinca ante los ojos. ¡Qué bobada! Siempre olvido los baches. El rocío de las estrellas y el rayo de luna… no puede ser más que un buen sueño. Tener la capacidad para comprender a todos, sonreír cuando el carro te rompe la frente en un hueco cualquiera, o tu hija no quiere dormirse y tú muerta de sueño, sonreír cuando estás agotada hasta la última célula, o has hecho una planificación y el jefe te la cambia, quedar bien con todos y contigo. ¿Y contigo?

Vamos a subir la loma. Será un día caluroso, ahora hay mucha neblina, nubes bajas, aire frío… ¡Contra, qué frío!

Llegamos. ¿Quién fue el último hijo de las estrellas? ¿En cuál camino regó su luz? Ahí está el cocinero. ¿Se me quedará alguien?

—Qué hay de almuerzo? Mira la hora, después sale tarde.

Vaya, aún no le puedo dar la mercancía, esto es planificado, por una norma. Que espere hasta que yo termine.

Afuera está levantando el día. Quizás si salgo atrape el rocío de estrellas. Hace falta la combinación ideal. La hija de la luna es serena y maravillosamente paciente.

Me voy a recorrer las áreas. Estos alrededores están un poco sucios, papeles y cáscaras de frutas se disputan un lugar en el suelo, en los cuartos hay camas regadas y los baños sin descargar. Aquí no voy a encontrar ni un chispazo de luna.

¿Y mi rayito? Otra vez la cocina está llena. No dejan trabajar al cocinero. ¿Y si los boto de ahí?

Veamos, por allá: los plátanos movidos en vez de madurar se secan, la papa podrida, pudre todo lo demás y el sol les da y nos quema a todos. Me la juego. El rocío de las estrellas me salvará. ¿Seguro? ¿Será esta la combinación precisa? ¿Quién se hace responsable? Y yo, en busca de un rayo de luna, un rocío de estrellas.

Son las 11 de la mañana.

—Mire, para las obras hay dos trabajando de otra brigada. Mándele la comida y después usted se la cobra.

Ya van 4. ¿De qué se alimentan los hijos de la luna? ¿Mi hija ya estará almorzando? Llegó el gerente. Va derecho a la cocina, detrás del café. Está llegando la hora.

—Oiga, vamos a servir el almuerzo del campo.

Este cocinero pelea el día entero conmigo; a la hora de los mameyes, nosotros nos comemos siempre los maduros.

El sol lastima los ojos. El calor recuerda mi abrigo puesto. ¿Cuándo atraparé a esta dichosa luna? Todos los días despierta un lucero, me saluda cuando paso a su lado medio dormida. A veces me susurra cosas. Si fuera hija del rocío entendería su lenguaje, descubriría todos los secretos, pero paso, casi inocente, sin prever nada.

Mediodía.

El gerente se quedó sin almuerzo. Tampoco el cocinero y yo alcanzamos.

—Óigame. Usted sabe que mi almuerzo tiene que guardarlo siempre.

El alcohol llena el espacio. Mejor sigo sacando cuentas, aunque estos números hambrientos dancen inconformes. Es posible que ahora atrape el rocío. Está en el aire. Pronto estallará.

Mi jefe llega. Los obreros del campo regresan para rondar la cocina. Son las 3 de la tarde. Dicen que por allá se quedaron 2 sin almuerzo, que mande más comida, allí solo hay monte, ni agua… ¿y aquí? Mi jefe baja unos sacos del camión. Gesticula. Grita. A veces me asalta la duda. ¿Tendrá él la llave de todos los secretos? Me dice que al gerente no lo puedo dejar sin almuerzo… “estás haciendo lo que te da la gana. Te lo he dicho de mil formas. Aquí se hace lo que yo diga… “¿y si no?”

La sentencia está dictada. Los culpables no tienen memoria para sus culpas; pero aquí están todos apurados por irse. Mi jefe también se va dejando la mercancía regada, las órdenes y a mí.

¿Cuándo se pierde la memoria, antes o después del golpe? Esta es una de las claves y quizás esta hora sea la justa; mas aquí estoy sin un dichoso carro en qué bajar la loma, mi casa estará patas arriba y mi comida sin hacer.

Son las 6 de la tarde. A lo lejos el sol pinta el llano, las nubes bajan a refrescar mi cabeza y un rayo tardío me detiene al borde del abismo. Hoy casi encuentro lo que me falta. Iba a ser ese día especial en que nacería la hija de un rayo de luna y el rocío de las estrellas.

Mas no descubrí la combinación ideal.

 

 

Formulario de Acceso


Síguenos en...




¿Quién está en línea?

Tenemos 46 invitados conectado(s)

Contador de visitas

mod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_counter
mod_vvisit_counterHoy36
mod_vvisit_counterAyer484
mod_vvisit_counterEsta semana909
mod_vvisit_counterEste mes9000
mod_vvisit_counterHasta la fecha880053

  • AlasCUBA
  • Revista la Alcazaba
  • Azurina
  • Cinosargo
  • Cuba Literaria
  • Cubarte
  • EcuRed
  • El Caimán Barbudo
  • Haciendo Almas
  • Il Convivio
  • La Jiribilla
  • Lettres de Cuba
  • Museo Nacional de Bellas Artes
  • Palabras Diversas
  • Poetas del Mundo
  • Red Mundial de Escritores en Español
  • Revista de Cine cubano
  • Unión de Escritores y Artistas de Cuba
  • Teatro de los Elementos
  • Revista Digital Guaitiní, Miami