Se vuelven soles los huesos

Por Yusbiel J. León

Cenizas donde tu nombre;
donde tus ojos, ocaso;
tus huellas, donde no hay paso;
donde lo que fui, no hay hombre.
Donde quietud, no me asombre
reja de los ojos presos.
Donde los labios, no hay besos;
ni hay donde tus sueños luz.
Ya no hay noches, en la cruz
se vuelven soles los huesos.

Donde tu memoria, ausencia;
angustia donde tus sueños.
¿Cuándo y dónde somos dueños
del silencio que sentencia?
La ventana en la paciencia
de esperarte, adelantada;
donde estábamos, no hay nada;
donde no hay nada, estuvimos;
donde estuvimos, ¿qué fuimos?
-luz por el vuelo cortada.

Donde lo que fui no hay hombre,
aunque en la nostalgia presos
se vuelven soles los huesos
de un nombre sobre otro nombre.
Cuando el regreso descombre
el silencio que sentencia,
libre de la penitencia
perduraré; tu mirada
(luz por el vuelo) cortada
será en manos de tu ausencia.


¡Luz, más luz…!

Teníamos el sol,
teníamos el sol como un gran lago
de luz, y en nuestro juego fuimos lanzando piedras
sobre su faz inerme…

Raúl Hernández Novás


Necesito oler esa luz como la piedra,
sentirme cotidiano en el rocío.
Necesito ser la piedra
que desconoce el séptimo día,
detenerme en un cuadro sin pintar
a descubrirme los colores;
remar a las islas del pecho
a vivir después de mí,
avergonzarme del pan que me he comido en otros dientes,
colgar del ala de un cadáver,
tirarle almendras al cielo
para que el ruido gotee en la oreja de Van Gogh;
necesito encontrarle sentido a las caídas,
pararme en un dedo sobre la Torre Eiffel.

Irremediablemente,
ser una tarde en el domingo de tus ojos,
sentarme en cualquier piedra
a saber que llueves en mi espalda,
a tirar luz,
aunque rompa todas las vidrieras.


Estos poemas obtuvieron premio en el Encuentro-Debate Municipal, Cumanayagua 2016.